"Periodismo regional a la medida de su tiempo"

EnviarEnviar ImprimirImprimir

Puebla > Cultura
martes 16 de octubre de 2007

ARISTAS DE LA CIUDAD

Ferrocarril y monumento en abandono

Elvia Sánchez de la Barquera


Este monumento consta de una gran base de tres escalones; sobre una pequeña peana sobresale Larrey con actitud confrontativa, de lucha a sus pies se representaron los elementos propios de las máquinas ferroviarias, y atrás de él, a su izquierda, los brazos y manos suplicantes de los trabajadores explotados

El ferrocarril cambió la vida citadina y favoreció nuevas relaciones y comunicaciones para Puebla. Se trazaron las primeras vías sobre la tradicional red de caminos, siendo la primera la de MéxicoVeracruz, cuya traza original no pasaba por Puebla, sino por Apizaco, por lo que se le añadió un ramal de 47 kilómetros . El ferrocarril también unió a Puebla con Tehuacán, Oaxaca y el Itsmo. Fue Benito Juárez quien inauguró en 1869 la primera estación y Porfirio Díaz quien da mayor impulso a esta tecnología.

Además, este ferrocarril encerró dos significados considerables: el traslado al mar, facilitando y acelerando exportaciones e importaciones, generando un movimiento económico favorable para el país; y la estreches de relaciones con un continente portavoz de la modernidad, cuyos mayores representantes fueran Inglaterra y Francia.

Sobre la 11 SurNorte y de la 11 a la 18 Poniente, se estableció un nuevo equipamiento que reformó la estructura urbana: el Paseo Bravo, la Estación del Ferrocarril Interoceánico y la del Ferrocarril Mexicano. Si bien como símbolo efectivo de modernidad los trenes funcionaron y dieron progreso al país, el abandono de tales conceptos y la mentalidad poco progresista del gobierno posrevolucionario institucional, ha matado a los trenes, a las bonanzas económicas, sociales y culturales que éstos implican, y a sus estaciones, muchas de las cuales se han privatizado o abandonado, aún cuando en su conjunto son bienes patrimoniales muebles e inmuebles, y deberían recuperarse en todos sus significados, niveles y funciones posibles.

Sobre la 11 Norte, en la 80 Poniente, se localiza una terminal de ferrocarriles donde está abandonada la escultura tallada por Canessi y que representa a Teodoro Larrey, la que se había instalado en la plazuela del Señor de los Trabajos, donde originalmente se emplazó la estatua a Benito Juárez y ahora está el monumento a Álvaro Obregón. Esta plazuela corresponde a la iglesia que originalmente fuera de San Pablo de los Naturales y que concentraba a uno de los primeros siete barrios de Puebla, donde se asentaron los indígenas que provenían de Mexicapan y Texcoco, por lo que es un lugar con una carga histórica significativa. Es claro que hoy en día no se estudian los enclaves, ni la significación de los espacios, ni sus contenidos para intervenirles... ni sus consecuencias.

Este monumento consta de una gran base de tres escalones; sobre una pequeña peana sobresale Larrey con actitud confrontativa, de lucha y avanzada; a sus pies se representaron los elementos propios de las máquinas ferroviarias, y atrás de él, a su izquierda, los brazos y manos suplicantes de los trabajadores explotados. Atrás, a manera de respaldo, un muro onduleante que rompe formalmente con el conjunto, en donde se han colocado las siglas de la Unión de Mecánicos Mexicanos y la del Sindicato Nacional de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana. Al frente, los instrumentos de medidas de precisión dan forma al símbolo de la masonería, la que apoyó la formación de esta organización gremial.

Esperemos que algún día este monumento salga de su escondrijo y se le instale en un lugar digno, considerando el entorno, la historia y las repercusiones culturales. Más remoto aún, recuperar las vías del progreso.