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lunes 15 de octubre de 2007 |
TAUROMAQUIAEl adiós de César RincónAlcalino
Julio César Rincón Ramírez (Bogotá, 05.09.65) es sin duda la principal figura del toreo americano de los años noventa a la fecha. Y por el alcance geográfico de sus conquistas, el más universal desde su tocayo el caraqueño César Girón, pues por más que México haya seguido produciendo toreros de alto calado después de Carlos Arruza, ninguno llegó a colocarse en Europa con tal rotundidad y por tan largo tiempo como este singular bogotano, especialmente a partir de sus cuatro salidas en hombros consecutivas por la Puerta Grande de Madrid. Hazaña ésta que no tenía precedentes ni ha vuelto repetir nadie desde que en 1991 la acometió el ya mítico Julio César del toreo, erigiendo un santuario imperial a su leyenda. Una leyenda que dejará de producir capítulos propios cuando el venidero mes de febrero la clausure en la plaza Santa María de su ciudad natal. Pero que de alguna forma seguirá creciendo en el recuerdo y devoción de sus fieles, y en la memoria universal de la Fiesta. Casta torera. Nadie pudo predecir lo que sería este torero al verlo confirmar su alternativa en la México, con un mediocre cartel y una actuación valerosa pero deslavazada (31.07.83, con “Cartujano” de Mariano Ramírez). Alternativa que en el invierno anterior le había otorgado Antoñete en Bogotá, con Manzanares por testigo (08.12.82). Y tampoco hubo lugar al presagio de lo que César llegaría a ser cuando tocó la confirmación en Madrid, fuera de ambiente y en corrida de las llamadas económicas, que despachó también sin pena ni gloria (02.09.84). Pero dentro de aquel cuerpo pequeño y fornido se escondía un carácter como pocos ha dado el toreo en los últimos tiempos. Un carácter que le permitió sobreponerse a un cornalón con rotura de la arteria femoral toreando en Palmira (Colombia) en diciembre del 90. O años después, siendo ya figura cumbre, a una hepatitis C que lo puso al borde de la muerte, forzó su primera retirada e hizo a los médicos mover la cabeza con pesimismo cuando les planteaba lsu deseo de volver a torear, lo que por lo demás lograría a pura fuerza de voluntad, sellando en este último período su largo idilio con el público de Madrid, y conquistando a los de Sevilla y México como no lo había logrado anteriormente. Histórico. ¿Qué convirtió a un modesto espada de segunda fila, para colmo extranjero, en ídolo de la plaza más dura del mundo, y referente neto de la autenticidad torera que los madrileños llevaban décadas propugnando? En principio, su disposición a citar dando el pecho y cruzado al pitón contrario, el tremendo valor que se requiere para aguante de largo las acometidas de toros nunca castigados en exceso, la capacidad para engancharlos por bajo y marcar impecablemente los tiempos de la suerte, y la ligazón de un toreo en redondo que nunca se limitó a tres muletazos y el remate, sino por el contrario, fluía en series generosas de temple, mando y ceñimiento. Así ocurrió en la faena a aquel sexto toro de Baltasar Ibán con el que se reveló como gran muletero, luego de ser discutida su inclusión en el cartel isidril de esa tarde (.05.91) en que uno de sus alternantes era nuestro eternamente indeciso Miguel Espinosa. Las dos orejas hicieron que la empresa le propusiese la sustitución para el día siguiente, en que cuajó a plenitud un toro portugués de Murteira Grave (“Alentejo” de nombre) y conquistó la segunda de sus curto salidas en hombros consecutivas. La tercera ocurrió tras el mano a mano con Ortega Cano en corrida Beneficencia con torazos de Samuel Flores, y la cuarta en la Feria de Otoño, tras desorejar a uno del Puerto y otro, dificilísimo, de Joao Moura. Otros triunfos notables alcanzaría en Madrid, que nunca ha sido plaza fácil para nadie, como el de “Bastonito” de Ibán en la feria del 94, o un año después con “Emplazado” de Astolfi, un burraco astifino y geniudo al que domeñó a puro aguante, mató recibiendo y le cortó las orejas asegurando otra salida por la puerta grande, la quinta. A la que finalmente se uniría una sexta (18.05.05: tras desorejar a ley dos de Alcurrucén) y otra que le escamoteó el juez al negarle una segunda oreja solicitada con frenesí tras el faenón en la corrida de la Prensa del mismoaño. Sevilla. Los sevillanos, siempre celosos con los toreros hechos en Madrid, no se habían dado por convencidos aunque César se haya dejado pegar una cornada grave al entrar a matar al toro de Núñez del Cuvillo del que le llevaron las orejas a la enfermería (29.04.93); pasarían diez años, pero tuvieron que doblegarse, primero ante la admirable faena a un jandilla (23.04.04) y este año con la gesta cumplida ante el último toro que lidiaba en la Maestranza, “Ventisco”, de Torrestrella, a cuya enrazada bravura sobrepuso su casta torera, ganándose dos orejas y la admiración eterna de los sevillanos. México. Toreando poco en nuestro país –aunque, eso sí, cortando orejas por pares en sus dos cortas campañas capitalinas anteriores a la del año pasado: las de “Soñador” de San Martín (20.10.91) y “Ventanito” de Garfias (12.11.95), ambas inaugurando temporada, y sin ser ya repetido por las miopes empresas en funciones–, no sería sino hasta el invierno 2006–2007 cuando César Rincón encontró al fin ocasión de manifestarse en México como la gran figura que es. Le bastaron para ello tres tardes en el Nuevo progreso de Guadalajara, y otras tantas en la capitalina, donde se recordarán por mucho tiempo sus faenas a “Gambusino” de De Santiago y, sobre todo, la que le bordó entre la lluvia del 5 de febrero último a “Luisiño”, para mí la faena cumbre de una temporada en la que Rincón cortó cinco orejas en tres tardes, saliendo dos de ellas en hombros, y consagrándose como el torero de época que las principales plazas europeas –no olvidemos a Nimes– habían confirmado ya como tal. Hasta siempre. Julio César coronó sus dieciocho temporadas europeas con una apoteósica tarde de adiós en Barcelona (tres orejas el 23.09.07, yéndosele por delante nada menos que a José Tomás), y se declara en forma para el definitivo corte de coleta, que tendrá lugar el 23 de febrero próximo en Bogotá. Antes va a torear todas las ferias de su país. Y también en los principales cosos mexicanos. Tlaxcala lo espera y anuncia para este 3 de noviembre, con El Pana y José Mauricio, toros de García Méndez. Y es de desear que la México lo incluya cuanto antes en su Derecho de Apartado, porque una figura de tales dimensiones merece despedirse a lo grande en la Monumental. |