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Tlaxcala > Política
viernes 28 de septiembre de 2007

OPINIÓN

La ciencia del liderazgo

Margarita Martínez Gómez

Recientemente comentaba con algunos amigos sobre mi asombro ante el gran interés que suscita el tema de cómo ser un líder y mi incredulidad acerca de las fórmulas populares para serlo. Por coincidencia, en el número agosto–septiembre de la revista Scientific American Mind , me encontré con el artículo “La nueva psicología del liderazgo” que me ha hecho pensar con menos superficialidad en el tema.

Dicho artículo es una revisión hecha por dos investigadores, un escocés y un inglés, con un profesor australiano, sobre diferentes conceptos, estudios y tendencias en el área del liderazgo y la identidad social en seres humanos (aclaro, pues, que en otras especies animales también hay complejas jerarquías en su organización social).

Los autores explican que en el pasado, los estudiosos del liderazgo consideraban que el carisma, la inteligencia y otros rasgos de la personalidad eran la clave de un liderazgo eficiente. Consideraban que los buenos líderes usaban sus talentos naturales para dominar a sus seguidores y decirles qué es lo que debían hacer con el propósito de transmitirles entusiasmo y fuerza de voluntad e imponerles obediencia. Sin embargo, apuntan los autores, en años recientes ha emergido una nueva perspectiva del liderazgo, una que explica mejor el desempeño del liderazgo.

En esta perspectiva alternativa, los líderes efectivos –más que asumir una autoridad absoluta– deben trabajar para entender los valores y las opiniones de sus seguidores, facilitando un diálogo productivo con ellos acerca de lo que el grupo contiene, lo que simboliza y, así, cómo debe actuar.

Por liderazgo, los investigadores se refieren a la habilidad para moldear lo que los seguidores realmente quieran hacer, no al acto de imponer sumisión usando recompensas y castigos. Por ello un dictador no sería un líder. Se refiere a la habilidad para motivar a la gente a actuar de una manera que requiere una identidad social internalizada. Dado que el buen liderazgo depende de cooperación y apoyo, esta nueva visión niega la noción de que el liderazgo sea un proceso que va de arriba hacia abajo. De hecho, sugiere que para ganar credibilidad entre los seguidores, los líderes deben tratar de posicionarse dentro del grupo, más bien que arriba de él.

Una consecuencia importante de este nuevo enfoque, es que no es posible identificar rasgos de personalidad fijos o ideales que aseguren el buen liderazgo, esto es, hay que tener cuidado con esos libros que venden una serie de actitudes a copiar, ya que la mayoría de los rasgos deseables dependen de la naturaleza del grupo a ser ‘lidereado' (o sea, como en tantas actitudes en la vida, ¡no hay moldes establecidos! ¡bien por la originalidad, la autenticidad y la diversidad de nuestros grupos y líderes!).

Aconsejan los autores del artículo que lo que los líderes (o aspirantes a serlo) pueden hacer es seleccionar los rasgos que quieren proyectar a sus seguidores y, lejos de adoptar la identidad del grupo, deben trabajar para moldear esa identidad a sus propios objetivos. Los líderes que adopten esta estrategia deben intentar encajar dentro de su grupo y también moldear la identidad del grupo en una forma que hace que su propia agenda y sus políticas sean una expresión de esa identidad.