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Puebla
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viernes 28 de septiembre de 2007 |
CINEPor si quieren rezarle a Saint RalphAlfredo Naime
No hace mucho, en este espacio, hablé de aquellas películas que llegan a la cartelera sin expectativa ni ruido algunos; sin que nadie espere algo mayor de ellas y que inopinadamente ofrecen al cinéfilo un disfrute y/o impacto que las hacen muy gratas y especiales. Pequeñas gemas cuasianónimas de las que debiera haber más. Si bien hay distintos gustos, el caso más reciente en Puebla parece ser el de la cinta canadiense En busca de un milagro ( Saint Ralph ), de Michael McGowan, que venturosamente alcanza una segunda semana de exhibición. Producida en 2004, en su momento se hizo acreedora al Grand Prix del Festival de París, así como al Premio del Público en el London Canadian Film Festival. Es una película familiar en la tónica de eso que los gringos llaman crowdpleasers (literalmente, agradaaudiencias) y también inspirational , es decir motivadora, "levanta-espíritus". En busca de un milagro se ubica en Hamilton, Canadá, en la década de los 50. El personaje central es Ralph Walker (Adam Butcher), un inquieto adolescente sin padre, con una madre hospitalizada -seriamente enferma- y que no es cabalmente apreciado por el Padre Rector del muy estricto colegio religioso en el que estudia. Aunque el chico intenta conducir sus asuntos por caminos razonables, nada parece resultar como él lo espera, ni en lo escolar ni en lo relacional. Las cosas se complican en serio cuando su madre entra en un coma profundo y a Ralph se le explica que sólo un milagro puede sacarla de su condición. Por esos días, el chaval -como castigo a una "insana" peripecia- es obligado a practicar en el equipo de carreras a campotraviesa del colegio, en donde escucha que "sería un milagro" que alguien como él ganase el prestigiado maratón de Boston. Y justo lo que Ralph necesita es un milagro, puesto que desea "ayudar" a su madre. En busca de un milagro no es ni Carros de fuego (1981) ni Seabiscuit (2003), pero también es un cuento de hadas; con final feliz por supuesto, aunque no necesariamente sea el final más apetecido. La sencillez de su historia (desde la interpretación literal pero candorosa de que un milagro per sé -el que fuere- puede sanar a la madre del joven héroe) no torna boba a la película, sino, precisamente a contracorriente, grata; un cuento de hadas, cual mencioné antes. Plena de humor, irreverente en grado justo y aprovechando perfecto las premisas del contexto -los 50 en un colegio religioso; un adolescente inestable despertando a las inquietudes de su edad ante una difícil situación emocional- En busca de un milagro termina por ser una película sobre la fe verdadera; esa profunda que poco tiene que ver con la meramente dominical y que aquí se convierte en el motor y dirección del obstinado personaje en pos del sueño (im)posible de ganar la maratón de Boston. Porque no es una obra maestra ni mucho menos; por incurrir además en el no siempre "celebrado" melodrama, En busca de un milagro no es tanto un film para los puristas del cine, ni tampoco, creo, para sesudos analistas. Es más bien para el cinéfilo que se permite de vez en cuando un nudo en la garganta, una reacción sentimental (incluso visceral), e incluso un punto de partida pantanoso, sin que ello le preocupe de más con tal de encontrarse a una película fresca y con alma. Vamos: si no es rigurosa, al menos que no sea tiesa; si apunta a lo predecible, pues mínimo que sea ocurrente; o si se autoasume como "obra sin pretenciones", pues que lo haga con estilo. Eso sí (el caso de En busca de un milagro ): debe ser entretenida, honesta, conmovedora. No poca cosa aún para filmes de grandes búsquedas y expectativas. Entonces, bajo tales parámetros, la película de McGowan es una opción bastante confiable a considerar, en especial si estás dispuesto a seguir el consejo argentino: "sacá al romántico irredento que hay en vos..." .
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