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Puebla
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viernes 28 de septiembre de 2007 |
A DEBATERepunte inflacionarioSusana Rappo
Según habíamos entendido cuando se aprobó la reforma fiscal, el impuesto a la gasolina y el diesel comenzará a aplicarse a partir de enero de 2008; ayer así lo ratificó Felipe Calderón, deslindándose de los incrementos registrados en otros productos, con el argumento de que hay un “lamentable” entorno de ajustes de precios internacionales, haciendo un llamado a otros sectores a tomar medidas similares y no aprovechar la coyuntura para acrecentar los problemas a “fin de servir a sus propios intereses”. Sin embargo, más allá de los aumentos que puedan haberse registrado anticipadamente a partir de las expectativas del alza próxima de los combustibles, no hay que olvidar que existen ajustes continuos en el precio de dichos productos que no se detendrán. Además del último, pero fuerte empujoncito, con que se despidió Vicente Fox antes de dejar la presidencia. Pero no sólo son los energéticos sino el conjunto de productos que conforman la canasta básica; según el seguimiento de precios realizado por la Procuraduría Federal del Consumidor y de la Secretaría de Economía, desde diciembre de 2006 hasta el 15 de septiembre de 2007, el precio promedio de la canasta básica se elevó en 34.17 por ciento, mientras que el salario mínimo general se incrementó en 4.1 por ciento, y los contractuales, algunas décimas más. Lo anterior, y aunque oficialmente el índice inflacionario, según reportes del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, INEGI, se incrementó de diciembre de 2006 a la fecha en 4.2 por ciento, la percepción de buena parte de la población no concuerda con el dato oficial. Hay un ajuste generalizado de precios que se expresa en primer término en los alimentos que consumimos y si bien muchos de los insumos se siguen produciendo internamente, los precios de los principales cereales y granos se rigen por los precios internacionales, y éstos han mostrado cierta inestabilidad en el mercado mundial, en las bolsas agropecuarias, producto de las expectativas que rigen los mercados de futuros y que se han visto afectados por el tema de los biocombustibles. En general la apertura y la desregulación han significado a lo largo de casi 20 años la transformación del aparato productivo, ha estimulado el desarrollo de un sector exportador, pero también ha vuelto más vulnerable a la economía mexicana a los movimientos externos, manteniendo una fuerte dependencia de las importaciones, sin lograr alterar los cuellos de botella que la economía mexicana tiene en materia de inflación y estancamiento, que afectan de manera recurrente a su población. |