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Puebla > Educación
viernes 28 de septiembre de 2007

FORO DE REFLEXIÓN

Humanismo y economía

Carlos Encinas Ferrer*

“El empresario que cree que se

ha ‘hecho’ así mismo y que ha edificado él solo su negocio se ha encontrado con un sistema social a su alcance, con trabajadores especializados, maquinaria, un mercado, paz y orden..., es decir, con una vasta estructura y una atmósfera propicia, creación conjunta de millones de hombres durante numerosas generaciones. Si eliminamos ese factor social no nos queda Robinson

Crusoe, con los artículos salvados del naufragio y sus conocimientos adquiridos, sino el indígena salvaje que vive de raíces , bayas y gusanos.”

L.T.Hobhause

Citado por Paul A. Samuelson en Economía desde el Corazón ¹

La economía es una ciencia social, nos habla de la forma en que los seres humanos interactuamos para obtener los satisfactores necesarios para nuestra sobrevivencia. Aún el indígena salvaje mencionado por Hobhause en la nota introductoria obtiene “raíces, bayas y gusanos” asociado a otros indígenas como él. Los intentos de los economistas marginalistas y neoclásicos de explicar los fundamentos de la vida económica a partir de la figura del náufrago solitario obedecían únicamente a los intereses del pensamiento capitalista más doctrinario que centra toda la mecánica de la economía en el más feroz individualismo. Afortunadamente solo quedaron en calidad de “robinsonadas” como las calificaría acertadamente Carlos Marx .

“Lleva la idea del individuo al límite y tendrás una monstruosidad...,
no el superhombre de Nietzsche
sino al hombre lobo.” ²

Adam Smith fue uno de los primeros en darse cuenta de que al insertarse el individuo en los procesos económicos de la sociedad podía, buscando su propio interés, lograr bienestar social al abastecer las necesidades de otros individuos y que esto lo lograba, cuando las condiciones que prevalecían en el mercado eran las de la competencia perfecta, esto es, a los precios más bajos. De esta idea se aferraron los neoclásicos de 1880–1910 y los neoliberales del último tercio del siglo XX para convertir a la Economía de una ciencia social en una ciencia “dura”, dominada por las matemáticas y en la que no era necesario hablar del interés social: una verdadera “ciencia del egoísmo”, la deshumanización de la economía, algo que parecería imposible.

Curiosamente esas corrientes tomaron de Adam Smith sólo lo que les convenía a sus fines de clase y dejaron de lado otro elemento fundamental en el pensamiento de este autor: su preocupación por el monopolio y la competencia imperfecta. Para Smith era claro que el individualismo dejado a su libre acción desembocaba en la figura atroz del productor único que para él representaba las características más opuestas al bien común y por lo tanto más contrarias al bienestar del ser humano.

El pensador escocés, en forma genial, se da cuenta de que los monopolistas reduciendo la producción elevan los precios e incrementan sus beneficios en detrimento de la sociedad. ¿Por qué? En primer lugar porque “infraabastecen” al mercado, acentuando la escasez e impidiendo que los seres humanos puedan satisfacer sus necesidades en la magnitud en que el aparato productivo social es capaz de hacerlo. En segundo lugar, por que al hacerlo elevan los precios marginando del consumo a amplios sectores de la sociedad y finalmente, por que de esta manera obtienen una parte del ingreso social que no les correspondería en una economía eficiente. Esto último, genera acumulación de la riqueza en forma individual y excluyente, retira ingreso y por lo tanto retira a consumidores del proceso circulatorio de la economía, empobreciéndolo e impidiendo que las fuerzas del crecimiento, latentes en todo sistema social, se manifiesten materialmente.

Para los primeros economistas del periodo que conocemos como “clásico” el problema sobre el que debía sustentarse la nueva ciencia era el del origen del valor de cambio. ¿Qué determinaba que una mercancía adquiriera un valor superior al que costaba producirla? Para Smith, el creador del nuevo valor era el trabajo humano. Esta teoría del valor trabajo fue llevada por Marx a sus últimas consecuencias al establecer que este creador de valor era, no el trabajo individual de un obrero, sino el trabajo socialmente necesario para producir una mercancía, trabajo que era relativo al desarrollo de las fuerzas productivas que una sociedad había sido capaz de generar y que por lo tanto evolucionaba con ella. Este concepto de trabajo socialmente necesario es hoy en día mucho más amplio de lo que lo era hace 150 años.

En la segunda mitad del siglo XIX apareció el marginalismo, y con él una teoría que colocaba la creación del valor en el mercado, alejándola de la actividad productiva y sobre todo de la acción del ser humano como ente social transformador de la naturaleza que lo rodea. La demanda –no los seres humanos que la conforman– estaba dispuesta a comprar las mercancías por arriba de su costo por un fenómeno meramente de escasez y capacidad monetaria de compra, no por que tuviera un valor intrínseco mayor generado por la acción directa del hombre para transformar los medios de producción.

El desarrollo de la economía en los tiempos actuales de la globalización económica nos está llevando a enfrentarnos con una pregunta: ¿por qué si la producción tiene cada vez más un carácter social, la apropiación de sus beneficios se está concentrando en una forma tan acentuada? La explicación de esto se encuentra en la característica fundamental del sistema capitalista: la conversión del trabajo humano en una mercancía.

Así el estudio de la economía se ha tornado en una investigación de la explotación del hombre por el hombre y del análisis de la organización social conformada por clases productivas jerarquizadas por la concentración del ingreso, concentración que pretende ser justificada a través de la definición más en boga de la Economía como la ciencia de la escasez. Las fuerzas productivas de la sociedad actual se han desarrollado de tal manera que el concepto escasez ya no es fundamental. Veamos el caso de México. Si calculamos el Producto Interno Bruto (PIB) de nuestro país no per cápita, sino por familia, tendríamos una cifra mensual superior a los 35 mil pesos que seguramente significaría escasez para un millón de ricos, pero no para 80 millones de mexicanos que tienen un ingreso inferior a la misma.

Al deshumanizar la creación del valor, la teoría económica deshumanizó a la economía ya que al deshumanizar a la mercancía se deshumaniza su apropiación y se convierte en explotación, marginación, exclusión.

Curiosamente, al hacerlo, el sistema productivo capitalista también comenzó a destruir su fundamento principal, el mercado como eficiente organización humana asignadora de bienes y servicios.

El carácter deshumanizado de la economía capitalista queda en evidencia cuando nos damos cuenta de que, como decía el propio Adam Smith: “No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados”.

Humanizar la economía es reconocer al proceso productivo como un proceso social, acción del individuo en sociedad. Establecer mecanismos redistribuidores del ingreso, tal y como vemos en las sociedades nórdicas de Europa, no es solamente un acto de filantropía, es un magnífico negocio para todos, ya que implica un mercado más amplio y una sociedad con mayor y más constante capacidad de compra.

Gens una sumus –somos una familia– decían los latinos y así como en una familia queda claro que el bienestar de cada uno de sus miembros sólo se logra plenamente cuando se alcanza el bienestar familiar, la humanización de la economía proyectará esta idea al bienestar de la gran familia humana.

*El autor del Staff de Planeación de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com

Sus comentarios son bienvenidos.

¹ Paul A. Samuelson. Economía desde el corazón. Ediciones Folio. Barcelona. 1997.
² Citado por Samuelson en la obra citada sin mencionar autor.