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viernes 28 de septiembre de 2007 |
EPIDEMIO-LÓGICASíndrome de DiógenesJosé Gabriel Ávila-Rivera
Se conoce como “Síndrome de Diógenes” a una alteración del comportamiento, caracterizada por el total abandono personal, social y un definitivo aislamiento voluntario en el mismo hogar. Este padecimiento tiene una historia relativamente reciente en la clasificación de las enfermedades mentales. La estructura de signos y síntomas se dio en los 60, para definir su clasificación en 1975. Sin embargo, desde un punto de vista muy particular, el nombre no es adecuado, pues hace referencia al filósofo griego Diógenes de Sinope, quien promulgó y adoptó hasta el extremo, ideales de privación e independencia de las necesidades materiales, formando parte de una corriente filosófica que se denominó “el cinismo”. Pero Diógenes proponía una actitud austera y sumamente frugal de la vida, sin que esto lo convirtiera precisamente en un enfermo mental. Un sentido de unión profundo con la naturaleza, llevaba a los cínicos a vivir, pensar y expresarse en una forma similar a su entorno, incluso imitando conductas de los animales; rebelándose y buscando la autosuficiencia con un comportamiento profundamente ético. Pero como escribían poco, solamente tenemos como legado, una buena cantidad de “dichos” y anécdotas en donde no falta la parodia, la sátira o la burla en una forma incluso escandalosa. Se le atribuye a otro Diógenes (este de Laercio), la referencia fundamental para el estudio y análisis de esta corriente del pensamiento. Tal vez la más famosa de estas leyendas se relata durante un encuentro en el que Alejandro Magno, dirigiéndose hacia la India en pos de una conquista, se encontró con Diógenes. Siendo una mañana de invierno, soplaba el viento y el filósofo se calentaba al sol. Cuando Alejandro lo identificó, se presentó precisamente como Alejandro Magno (o “el grande”) y el filósofo le respondió, sin inmutarse, que él era Diógenes, el cínico. En una actitud provocadora, le ofreció cualquier cosa, incluyendo obviamente dinero, poder, fama, a lo que Diógenes respondió: Lo que realmente quiero es que te apartes del sol, porque me lo estás tapando y me impides disfrutar de él. Muy probablemente esta anécdota es apócrifa, ya que en esa época Alejandro no tenía más de 20 años y todavía no adquiría el epíteto de “Magno”, que recibió hasta el día en que conquistó Persia, después de lo cual, ya no regresó a Grecia. Pero hay otras historias que muy probablemente fueron ciertas. Una que me gusta mucho, se generó cuando le preguntaron ¿por qué la gente daba dinero a los mendigos y no a los filósofos? y él respondió que quienes se portaban así pensaban que algún día podían llegar a ser inválidos o ciegos, pero filósofos jamás. También iba por la calle en pleno día, con una lámpara encendida, diciendo “Busco un hombre honesto”, refiriéndose así a que en realidad ninguno nos comportamos enteramente como seres humanos de calidad. El desprecio por las cosas materiales no es raro en individuos particularmente brillantes. Ejemplos claros los tenemos con Albert Einstein; Ludwig van Beethoven o Evariste Galois (1811-1832) quien fue quizás el joven matemático más incomprendido, perseguido y menospreciado de todos los tiempos. ¿Es acaso que a mayor inteligencia, menor impulso por dejarse dominar por las complicaciones definitivamente inútiles a las que la sociedad de consumo actual nos arrastra sin remedio? ¿Es imposible llegar a creer que alguien nos extienda su mano sin otro interés que el de solidarizarse para buscar que aspiremos a vivir conjuntamente en un mundo mejor? Definitivamente, el término cínico es uno de esos vocablos que, a medida que ha pasado el tiempo, perdió su significado original transformándose en algo totalmente contrario a lo que simbolizó en sus orígenes. Y si bien no se trata de adoptar posturas extremas como un mecanismo que nos lleve a vivir mejor, sí es determinante ponerse a pensar que la falta de sentido humanitario, el materialismo feroz, la codicia desmedida y la pérdida de valores, no solamente está acabando con la humanidad sino con la vida misma en todos los sentidos. Es urgente un modelo de pensamiento nuevo, más orientado a ubicar las verdaderas virtudes que deben regir el orden social y natural. |