"Periodismo regional a la medida de su tiempo"

EnviarEnviar ImprimirImprimir

Puebla > Estado
viernes 21 de septiembre de 2007

CUITLATLÁN

¿Por qué no sube el PAN?

Fermín Alejandro García

Las últimas estimaciones que se han hecho en el PRI señalan que este partido tiene posibilidades reales de ganar –o por lo menos disputar– entre 14 y 16 diputaciones locales, lo cual evitaría que pierda la mayoría del Congreso del estado. ¿A qué se debe este súbito cambio, cuando apenas hace unas semanas parecía que el tricolor se encaminaba a una segura debacle? Todo parece indicar que existe una importante caída de las preferencias hacia el PAN, en parte por sus malos candidatos, pero sobre todo por los desastrosos resultados de la política económica del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa.

Lo que pasa en Puebla está en sintonía con lo que ya se vio en Yucatán, Veracruz, Oaxaca, Aguascalientes y Baja California Norte –pese a que aquí ganó el albiazul–, consistente en que el PAN, con su estructura, se muestra agotado, sin mucha capacidad de conquistar nuevos electores, de motivar adhesiones, ello pese a que Felipe Calderón tiene un índice de aceptación de entre el 50 y el 55 por ciento.

Los aumentos en la canasta básica, en los hidrocarburos y el fracaso de los programas de creación de empleos, junto con la anquilosada estructura panista, parecen ser los factores que están quitándole preferencia al PAN y permite que el PRI, sin crecer en su número de seguidores, se esté reposicionando.

Este comportamiento de los índices de preferencias parece que va motivar en el PAN poblano que se eche mano del plan “B”, consistente en empezar a explotar el tema del Lydiagate. Algunos dirigentes priistas estiman que esto podría empezar en las dos próximas semanas, sobre todo a nivel de la capital.

Esa necesidad se deriva de que el PAN hace algunas semanas tenía 15 puntos de ventaja sobre el PRI, y ahora es apenas de 10, como partido; pero a la hora que se mide a candidatos panistas con priistas, prácticamente las cifras se empatan. Dicho de otra manera, mucha gente siente simpatía o identidad con el albiazul, pero no con sus abanderados.

Hasta ahora las campañas electorales son soporíferas. Las dos principales fuerzas han tapizado la ciudad con propaganda, pero no despiertan mucha pasión entre la ciudadanía. La incorporación de asunto del Lydiagate podría darle un vuelvo de 180 grados al proceso electoral, o por lo menos sea un poco más atractivo.

Sin embargo no es garantía de nada, pues aunque el año pasado, en los comicios federales, el escándalo que se desató por la detención irregular de la periodista Lydia Cacho Ribeiro fue un factor decisivo en contra del tricolor, nada garantiza que ese asunto sirva para aumentar los ciudadanos dispuestos a sufragar por el PAN. Sobre todo a nivel de las clases populares en donde se perciben importantes cambios con la política económica de Felipe Calderón Hinojosa, pero no de manera positiva, sino en el sentido de que las cosas están empeorando.

Esta situación plantea un importante reto para el PRI. Si el tricolor reacciona en el tema del Lydiagate tal como lo hizo el gobierno del estado en febrero de 2006, fecha en que estalló el conflicto, intentando ignorar el problema y con respuestas no convincentes, entonces se perderá de un plumazo todo lo que remontaron los priistas en las últimas semanas.

El crecimiento electoral del PRI puede explicarse por dos razones. Una por la caída del PAN. Y la otra, porque finalmente ha funcionado la operación política que han hecho Valentín Meneses y Javier López Zavala, en su calidad de presidente estatal y coordinador de promoción al voto, respectivamente, para frenar la deserción de priistas inconformes con la selección de candidatos.

Aún así, en varios municipios –como Teziutlán, Zacatlán, Cuautlancingo, por citar algunos casos– parece que la causa priista está pérdida como resultado de lo mismo que la pasa al PAN, hubo una mala selección de candidatos.