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Puebla > Estado
jueves 13 de septiembre de 2007

ESTÉTICA Y SALUD



¿Por qué no podemos adelgazar?

Rafael H. Pagán Santini

Cada día miles de personas inician diferentes tipos de dieta para reducir peso. Unos utilizan la dieta baja en grasas o baja en calorías; otros utilizan las dietas bajas en carbohidratos o, al no obtener resultados, acuden a un médico para someterse a tratamientos con supresores del apetito o bloqueadores de absorción grasas o carbohidratos. Lo peor de las dietas es que cuando finalmente se logra tener éxito y se pierden algunos kilos, éstos se recuperan más rápido de lo que se perdieron. Nuestra recomendación es que, antes de comenzar un plan para reducir de peso, trate de entender su fisiología, cómo es su metabolismo y cuáles son sus hábitos y estilo de vida, y luego tome las decisiones apropiadas.

Por mucho tiempo, las investigaciones han sugerido que tanto los animales mamíferos como el ser humano cuentan con un mecanismo para monitorear la cantidad de energía que se almacena en forma de grasa, así como para regular que los recursos energéticos remanentes se mantengan dentro de un nivel particular. Esto quiere decir que si una persona se ha mantenido en un peso estable y de repente se altera su consumo de energía de forma significativa provocará que haya cambios físicos y de comportamiento dirigidos a restablecer el peso a los niveles anteriores.

Una persona a la que de repente se le restringe su alimentación tenderá a reducir su gasto energético, ya sea disminuyendo su actividad física o disminuyendo su consumo de energía a nivel celular, para así limitar la pérdida de peso. Además, experimentará un aumento en el apetito para terminar con la restricción, comerá más de lo acostumbrado hasta que alcance el peso anterior. De la misma manera, un aumento en el consumo de alimento provocado intencionalmente hará que comience a gastar más energía y perderá el apetito; esto persistirá hasta que se alcance su peso inicial.

El sistema cerebral que se activa con la comida es básicamente el circuito que evolucionó para recompensar comportamientos esenciales para nuestra sobrevivencia. Una de las razones por la cual el ser humano se siente atraído por la comida es debido al placer y a la recompensa que provee. Cuando experimentamos placer, el cerebro aprende a asociar la sensación con las condiciones que lo predicen. Esa memoria se va fortaleciendo en la medida en que el ciclo de predicciones, búsqueda y obtención de placer se hace más consecuente y da el mismo resultado en lo sucesivo. En términos científicos, a esta situación se le denomina condicionamiento.

El condicionamiento une a la memoria no solamente con el estímulo, sino también con el medio ambiente en el que se encuentra o con cualquier cosa relacionada con éste. Una vez su cerebro condiciona la memoria, la respuesta se convierte en un reflejo. Por consiguiente, si el cerebro está condicionado a recibir placer a través de la comida, buscará comida cada vez que necesite satisfacer ese estado emocional. El dicho lo dice: barriga llena, corazón contento.

El ser humano cuenta con varias hormonas que controlan o estimulan el apetito a nivel cerebral. Una de ellas es la leptina, del griego “leptos”, delgado,y es producida por las células adiposas. Cuando las células adiposas (almacenadoras de grasas) se llenan de triglicéridos, éstas producen leptina para indicarle al cerebro que el almacenamiento de energía en forma de grasa está lleno; mientras más triglicéridos haya en las células adiposas, más leptinas ellas producirán, ocasionando que el cerebro responda alterando el apetito o el gasto de energía. La presencia de la leptina en el cerebro hace que se suprima el apetito.

Lo contradictorio de esta situación es que las personas obesas mantienen niveles elevados de leptina en sangre y no se suprime el apetito en ellas. Esta situación también ocurre con la insulina, la que, además, actúa suprimiendo el hambre a nivel cerebral. Hoy se piensa que las personas obesas tienen resistencia a la leptina, al igual que a la insulina.

Como se puede observar, adelgazar requerirá energía para nadar contra la corriente del propio cuerpo y deberá enfrentar un comportamiento condicionado sin la ayuda de las hormonas que normalmente suprimirían el apetito. Además, tendrá que lidiar con el medio ambiente moderno que está construido para que usted consuma comida, y para que la consuma en grandes cantidades. No importa dónde esté, podrá tener acceso a comida.

La industria de los dulces y de las comidas chatarras paga para que su mercancía se presente a la entrada de los establecimientos o frente a las cajas registradoras. Los colores llamativos estimularán todavía más el cerebro, ya de por sí condicionado a la comida. La propaganda televisiva es constante, llamativa y engañosa sobre los productos alimenticios que se promueven. Entre los recuerdos del placer que nos produjo un determinado alimento y los estímulos visuales, nuestras intenciones de adelgazar irán perdiendo cada día su batalla.

Un plan de adelgazamiento debe considerar todos los aspectos que estamos mencionando. No es simplemente dejar de comer. Requerirá del apoyo de sus familiares y amigos, así como de un equipo de profesionales de la salud.

Si desea más información sobre este texto puede escribir al correo electrónico rhpmedicus@yahoo.com.mx



Aseguró que los factores de riesgos son el exceso de grasa corporal, el sedentarismo, la ingesta de alcohol y el tabaco

Más del 12.8% de los poblanos padece diabetes: Sara Arellano

(Yadira Llaven)

“En Puebla, durante 1993, un 6.9 por ciento de la población padecía la enfermedad de diabetes mellitus; sin embargo, para 2000, el índice aumentó hasta el 9.8 por ciento”, por lo que se estima, de acuerdo con la variante de siete años, que en la actualidad el porcentaje puede superar el 12.8 por ciento, por el cambio de la dieta mexicana, reveló la endocrinóloga, Sara Arellano Moyano, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En entrevista con La Jornada de Oriente, la especialista habló de la evolución de la comida mexicana, en cuanto a calorías; es decir, “hace unos 20 años comerse un sandwich de pavo, más un refresco de 195 mililitros equivalía a 85 calorías; mientras que en la actualidad ese mismo sándwich elaborado con otros ingredientes supera las 85 calorías, y el refresco aumentó su tamaño a 600 mililitros, lo que representa 250 calorías”.

Al parecer, dijo, “ahora entre más grande, es mejor”, y en ese sentido, comparó, que por eso los aztecas y otras culturas del México prehispánico, “difícilmente tenía problemas de obesidad, ya que además de tener una dieta sana, eran personas muy activas”.

En nuestros días, el exceso de comida, de grasas y otros lípidos, aumenta los niveles de glucosa, por ello ahora vemos a niños con sobrepeso, con problemas de obesidad, y que tarde o temprano se verá reflejado en la aparición de la diabetes, lo que también está asociado con los genes, el sedentarismo, ingerir alcohol, exceso de sal (productos enlatados, atún, salsa de soya...) fumar, hipertensión, y otros factores de riesgo, además de la vejez, pues con el tiempo el páncreas deja de funcionar de manera normal.

Asimismo, la también jefa del Hospital General de la ciudad de México afirmó que la diabetes es también una enfermedad que es más común en mujeres que en hombres, por cuestiones hormonales, por sobrepeso del embarazo y por la anatomía.

Pormenorizó que las posibilidades de adquirir diabetes se deben en un 45 por ciento a la genética; un 20 por ciento no tuvo antecedentes familiares con este padecimiento; el 40 y 50 por ciento es por exceso de grasa corporal, aunque no tenga antecedentes, y un 30 por ciento por la secreción microalbuminuria. Asimismo, aseguró que la diabetes tipo 1 es más común en los niños, mientras que la tipo 2 puede atacar a jóvenes desde los 20 años de edad.

En el caso de la diabetes tipo 2, la mayoría de los medicamentos actuaban principalmente dirigiéndose a la resistencia insulínica o estimulando secreción de insulina. No han abordado la razón endógena del aumento de glucosa, es decir, la disfunción del islote pancreático, que contribuye a los altos niveles de glucosa sanguínea.

Explicó que la diabetes “es una enfermedad progresiva caracterizada por altos niveles sanguíneos de glucosa. En la diabetes tipo 2, los niveles sanguíneos de glucosa son elevados debido a que el páncreas no puede producir suficiente insulina o bien el cuerpo puede no estar utilizando la insulina de manera eficiente (resistencia a la insulina). También se debe a que el páncreas puede estar produciendo demasiado glucagón cuando no es necesario, conduciendo a una producción excesiva de glucosa desde el hígado”.

Y aseguró que el padecimiento “es un serio problema de salud pública, más por sus complicaciones que por la enfermedad misma. Cada hora afecciones relacionadas a la diabetes provocan la muerte de cinco mexicanos”. Sobre la medicación, estimó que más de la mitad de los pacientes que actualmente toman pastillas para controlar su diabetes no logra alcanzar sus metas de control de glucosa sanguínea.

Entre otras afecciones, padecer diabetes provoca ceguera, insuficiencia renal, várices, daño al sistema nervioso periférico, disfunción eréctil, transito lento intestinal, infartos sin dolor, árbol vascular dañado y hasta la posible amputación de una extremidad si no se realizan los cuidados básicos.

Para prevenirlo –porque es una enfermedad que no se cura, pero sí se controla– recomendó ejercitarse, por lo menos, 30 minutos diarios, cambiar los hábitos alimenticios, tomar agua, modificar los niveles de glucosa por arriba de 100, por citar algunos.

El 11% de la población en México padece diabetes

La diabetes afecta a más de 246 millones de personas alrededor del mundo y, de acuerdo con la Federación Internacional de Diabetes (IDF, por sus siglas en inglés), ese número superará los 380 millones en los próximos 20 años.

En los países industrializados, la diabetes tipo 2 constituye entre 85 por ciento y 95 por ciento de todos los casos de diabetes. La diabetes constituye entre 5 y 10 por ciento del presupuesto de salud de un país.

Según datos de la Encuesta Nacional de Salud ENSA 2000, en México un 10.75 por ciento de la población con edades entre los 20 a 69 años tiene algún tipo de diabetes mellitus, lo que equivale a una población de más de 5 millones y medio de personas con la enfermedad.

Asimismo, reveló que cerca de 50 mil mexicanos murieron en 2002 a causa de la diabetes mellitus (Secretaría de Salud). Y, de acuerdo con la Tabla de Mortalidad General en México de la Ssa, la diabetes es la primera causa de muerte en el país. Y cerca del 23 por ciento de estas personas afectadas con diabetes mellitus desconoce que tiene la enfermedad. Esto equivale a más de un millón de personas que no han sido diagnosticadas.

 

 

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