"Periodismo regional a la medida de su tiempo"

EnviarEnviar ImprimirImprimir

Puebla > Estado
miércoles 5 de septiembre de 2007

MEDIEROS
desde lo comunicadores


El día del Cepropie

Ana Lidya Flores

El 1 de septiembre dejó de ser el día del presidente. Propongo que en el martirologio se inscriba el nombre de René Antonio Palavicini, quien cargó con el error de septiembre y puso en boca de todos al Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales (Cepropie). Él se quedó sin chamba, y este país una vez más sufrió la burla de un aparato de Estado que cree en la censura, en que los ciudadanos somos niños y lo que es peor, que pueden engañarnos como si los usos políticos de la Televisión no llevaran más de cincuenta años de puntual y manipulador ejercicio.

Creo que no ha habido comentarista que haya soportado la tentación de reprobar este intento de dejar sin voz a la diputada Ruth Zavaleta. Los televidentes que seguían la “cadena nacional” el sábado por la tarde de repente se quedaron sin Zavaleta, sin el resto de los diputados perredistas y sin que mediara explicación alguna. Los que siguieron la transmisión por radio, no se dieron por enterados del cortón a la voz opositora, porque en la radio no hubo tal “error técnico”. Creo que en el Canal del Congreso tampoco.

Lo que sí supieron los televidentes del canal de las estrellas es que habría “otra cadena nacional”. Que sería a las 21 horas y que, ahora sí, se enmendaría el “fallo técnico” y que se escucharía la voz de Zavaleta, presidente en turno de la Cámara de Diputados. Pero tampoco. El mensaje se retrasó 20 minutos, y para no errar, Televisa y su mesa de análisis transmitió hasta por tres veces el mensaje de la diputada perredista.

La colección de calificativos que esta acción generó es de antología. La periodista Carmen Aristegui califico el hecho como una “estupidez”. El director del Canal 11, Julio di Bella, ha dicho que esta censura fue “absurda” e “inexplicable”. El escritor Carlos Monsiváis se refirió al acto como “patético” y “pueril”. Es más, el pleno de la (doña) Cámara de Diputados manifestó que es “inadmisible”. Como era de esperarse, el PRD demandó la renuncia de Ramirez Acuña, titular de la Segob.

Ya sabemos que esto no ocurrirá. De ahí mi propuesta de Palavicini como segundo mártir de la Secretaría de Gobernación. No olvidar que el primero fue Eduardo Garzón, el ex director de Radio Televisión y Cinematografía (RTC) cesado por censurar los programas que difundía el PRD. El paquete completo consistiría en cambiar el mote al 1 de septiembre: ya no será más el día del presidente, sino el día del Cepropie. A juzgar por su trayectoria, ésta no será la última perla que nos regale.



Amanecer en México

Lilia Vélez iglesias

En este irreal país, una misma mañana uno puede encontrarse con dos noticias contradictorias: por un lado, el escándalo de la censura en plena era de la pos–alternancia y, por si fuera poco, de la negociación política para sacar adelante la reforma electoral y, por el otro, el regreso de un espacio noticioso, Monitor, de José Gutiérrez Vivó, de cuya desaparición se culpó a un boicot publicitario promovido por el gobierno de Vicente Fox. Así se amanece en México cotidianamente.

De la censura habla en este mismo espacio mi querida Ana Lidya Flores, en tanto que de la segunda noticia del lunes por la mañana: el regreso de Monitor, en su edición 41 mil 101, hay algunos comentarios que hacer. El primero es elemental: en una democracia siempre será plausible que crezcan los espacios informativos, pues entre mayor número de ellos haya, más posibilidades de que los ciudadanos vean reflejada la pluralidad y diversidad que existen necesariamente en toda sociedad actual, así como de que se cumpla el derecho a saber lo que ocurre en su comunidad, que es una garantía humana y civil fundamental.

Del caso Monitor hay que rescatar algunas lecciones, entre las que destaca la necesidad de impulsar aun más la transparencia de los propios medios de comunicación, que siguen siendo organizaciones sumamente opacas en plena era de consolidación democrática y, por supuesto, la gubernamental con respecto al uso y destino de los presupuestos publicitarios. Si queremos consolidar una democracia plena en México no puede haber sujetos de excepción ni se puede permitir que el dinero público y la influencia gubernamental se utilicen para acallar medios críticos o incómodos. Es sin duda es un tema pendiente de la agenda pública.

¿Hay visión de Estado?

Roberto Alonso

Frente a un auditorio ad hoc y flanqueado por los presidentes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y de la Cámara de Senadores, por el vicepresidente de la Cámara de Diputados, por el gobernador del Banco de México, por el titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, por el consejero presidente del Instituto Federal Electoral y por la mayoría de los gobernadores del país, Felipe Calderón Hinojosa trasladó la tradición del Palacio de San Lázaro al Palacio Nacional.

Desde ahí, la cadena nacional no tuvo empacho en cometer algún “error técnico” y cortar de tajo la señal. Por el contrario, el excelente manejo de cámaras no dejó lugar a dudas para cerciorarse de que no es la primera vez que se realiza una producción similar y que mantener a cuadro a una persona no representa mayor problema. Ciertamente las condiciones no eran las mimas. En la entrega del informe la oposición estaba allí. El domingo, en cambio, el día era del presidente y nada más.

Por estas razones, lo dicho en terreno propio no podía correr el riesgo de las espaldas o lo chiflidos y lo único que esperaría eran aplausos. De manera reiterada, el titular del Ejecutivo hizo referencia al trabajo legislativo y manifestó su interés en las reformas estructurales que están siendo revisadas en el Congreso. No obstante, lo que sí representó un gran mensaje, por haber hecho una sola mención de este actor, fue la declaración que hizo Calderón sobre el máximo tribunal.

“La Suprema Corte de Justicia de la Nación se ha fortalecido como tribunal constitucional y de legalidad y se ha ganado a pulso el respeto de los ciudadanos, el acatamiento de sus fallos por parte de los otros poderes contribuye a una formación de una verdadera visión de Estado.”

El pasado 20 de agosto, el Diario Oficial de la Federación publicó la sentencia definitiva de la Corte sobre la ley Televisa, y confirmó que la facultad del Senado para objetar los nombramientos hechos por el presidente para integrar la Comisión Federal de Telecomunicaciones es inconstitucional. De ahí que la referencia hecha por Calderón tiene un gran peso pues en sus prerrogativas se encuentra la renovación de este órgano.

Claro que la sentencia no genera efectos retroactivos; sin embargo, debido a que los cargos de comisionados son escalonados, su nombramiento no puede considerarse como un hecho consumado. En este sentido, quien debería empezar con el ejemplo es el propio presidente o, por contra, mesurar sus declaraciones y admitir que en su gobierno no hay visión de Estado.

EnviarEnviar ImprimirImprimir