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Puebla > Estado
miércoles 29 de agosto de 2007

ECONOMÍA A RETAZOS

Manifiesto internacional

Exigimos el respeto a la voluntad de los pueblos y condenamos la imposición del Proyecto Hidroeléctrico La Parota.

El gobierno de México y el gobierno del estado de Guerrero pretenden esconocer la voluntad del núcleo agrario indígena de Cacahuatepec, quien el pasado 12 de agosto durante una asamblea legal regida por usos y costumbres atendiendo el derecho a la libre consulta de los pueblos, manifestó su rechazó a la construcción del proyecto hidroeléctrico La Parota dentro de su territorio. Los asistentes votaron contra el megaproyecto después de que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) expuso los “beneficios” que traería, y cuatro especialistas independientes informaron acerca de los perjuicios de la obra. Es importante destacar que el antecedente de la mencionada asamblea del 12 de agosto del 2007, ha sido una estrategia de imposición a toda costa del proyecto hidroeléctrico La Parota instaurada desde la CFE y el gobierno de Zeferino Torreblanca Galindo. Esta estrategia de imposición se ha caracterizado por la invasión de territorios comunales sin autorización de los dueños de la tierra, la criminalización de los campesinos opositores, el uso de las fuerzas públicas como método represivo, la realización de obras públicas y el reparto de sumas económicas de dinero para manipular el convencimiento de la gente y la simulación de asambleas agrarias a través de las cuales el gobierno ha pretendido justificar la voluntad de los campesinos para despojarlos de sus tierras, mismas que al día de hoy ya fueron declaradas ilegales por el Tribunal Unitario Agrario de Acapulco, Guerrero.

En este sentido la asamblea llevada a cabo el 12 de agosto, es destacable, pues significó la participación activa de más de 3 mil campesinos y campesinas que escucharon la información vertida por el gobierno a través de la CFE, además de la opinión de expertos independientes de las materias ambiental, energética y económica, quienes reseñaron la debilidades y los efectos negativos de la presa hidroeléctrica La Parota. Esta circunstancia permitió a los comuneros, avecindados y posesionarios contar con la información requerida para formarse un juicio objetivo libre de influencias políticas o de cualquier otra índole, y fue justamente en este contexto en el que de forma libre, unánime y contundente manifestaron su rechazo al proyecto hidroeléctrico.

Resultado de la voluntad de la mayoría, el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a La Parota (CECOP) y la autoridad comunal de Cacahuatepec (que es reconocida solamente por el gobierno), firmaron un “convenio conciliatorio” en el que establecen que el Comisariado de los Bienes Comunales no convocará a ninguna asamblea más relacionada con la expropiación de la tierras para poder construir la presa La Parota. Ahora, las autoridades estatales y la propia CFE, con el respaldo del gobierno federal, ante la evidente manifestación de los campesinos en contra del proyecto, esgrimen argucias como que “la asamblea era informativa no resolutoria” y que por lo tanto no es válida la negativa frente a la hidroeléctrica, ni el convenio firmado.

Las organizaciones que aquí firmamos queremos recordarle a las autoridades que la consulta es un derecho fundamental de los campesinos e indígenas de los Bienes Comunales de Cacahuatepec, que en su contenido no sólo implica el que tengan la información suficiente para formarse una opinión, sino que también lleva implícito la garantía de que una vez obtenida la información real y veraz en torno al proyecto, cuentan con la potestad de emitir su opinión al respecto y fue justamente lo sucedido el 12 de agosto del 2007. Más aún: además del derecho a la consulta reconocido en el Artículo 2¼ Constitucional e incluso en el Numeral 6¼ del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el derecho interno mexicano establece prerrogativas que protegen la propiedad social de los campesinos. De esta forma, el artículo 23 de la Ley Agraria establece que el órgano supremo de toma de decisiones es la asamblea general, lo cual es fortalecido por el propio Artículo 95 de la misma Ley, que establece: “Queda prohibido autorizar la ocupación previa de tierras aduciendo que, respecto a las mismas, se tramite expediente de expropiación, a menos que los ejidatarios afectados o la asamblea, si se trata de tierras comunes, aprueben dicha ocupación”. Es decir, en resumidas cuentas, la ley agraria vigente en México brinda de manera manifiesta a favor de los campesinos su derecho a la consulta, incluida la decisión sobre el destino de sus tierras, tal como sucedió el 12 de agosto, cuando la asamblea al ser informada hizo válido su derecho a la consulta tomando su decisión de rechazar la presa hidroeléctrica.

Aunado a lo anterior, en septiembre del año pasado la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), al resolver cinco casos de expropiación de ingenios azucareros emitió una Jurisprudencia contundente en el sentido de que no se puede expropiar sin respetar el derecho de audiencia de los dueños de la tierra antes de la emisión de cualquier decreto expropiatorio, y que en materia agraria, es la asamblea general de comuneros la que tiene que dar su anuencia o su rechazo a la expropiación.

Por ello es que hoy demandamos al Gobierno Federal, al Gobierno de Guerrero y a la Comisión Federal de Electricidad, el respeto a la decisión de los pueblos campesinos e indígenas que serían afectados por el proyecto hidroeléctrico La Parota, pues el 12 de agosto del presente año, haciendo uso de su derecho humano fundamental de ser tomados en cuenta en las decisiones públicas que los afectan directamente, y de las propias garantías que otorga el marco legal mexicano, en asamblea general manifestaron de forma abierta, expresa y contundente su rechazo al proyecto hidroeléctrico La Parota.

Si el presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa; el gobernador de Guerrero, Zeferino Torreblanca Galindo, y la Comisión Federal de Electricidad no acatan la decisión de los pueblos, estarán dando muestras evidentes de que su objetivo último es imponer a toda costa la presa hidroeléctrica La Parota, y con ello generan el riesgo real y fundado de que se orille a las comunidades a defender su patrimonio por la vía de los hechos.

Organizaciones firmantes:
colectivomujeryutopia@mexico.com;
“Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local” <centrojuliang@hotmail.com>

El partido

Miguel Ángel Burgos Gómez

Cuando el PRI era el partido invencible se oía decir a sus críticos ingenuos que eso no era un partido sino una agencia de colocaciones. Ahora no hay duda que sin esa función ningún partido sobrevive. En primer lugar deben colocarse, es decir tener chamba o “hueso”, como solía decirse, los miembros de la jerarquía política, estar en puestos por elección o por designación, saltar de uno a otro, pero no estar fuera del presupuesto, pues eso era “vivir en el error”.

Los tres sectores del partido exúnico estaban estructurados en torno del empleo a través de los sindicatos obreros, las organizaciones campesinas, las ligas agrarias y el sector popular. Si un partido no es corporativo, no es partido. ¿Cómo puede haber cohesión social sin seguridad económica, aunque sea precaria? Visto así el partido único resulta mejor que un régimen ‘plural’. Esta aseveración herética y antidemocrática está demostrada por la historia. Con la pluralidad ya no hay moral. Hasta Hank se quedó sin trabajo.

Partire en latín quiere “decir, dividir”. El equivalente en griego es skhizen de donde se deriva cisma, pero también esquizofrénico. Como se sabe, los partidos surgen junto con el Estado nación y son piezas fundamentales de su funcionamiento. Las ciudades italianas de Renacimiento verdaderos laboratorios del estado nación contaban ya con unas estructuras embrionarias de los partidos. Desde entonces los partidos no sólo manifestaban fuerzas sociales en el interior de la polis, sino que estaban ligados –tal como ahora– a intereses transfronterizos.

Los ‘güelfos’ partidarios del papado y los ‘gibelinos’ sostenedores del Sacro Imperio, surgidos en Florencia extendieron su disputa a las principales ciudades italianas. En el siglo XVII la palabra partido –dice Robert Escarpit– era utilizada en Francia durante la rebelión de la Fronda cuando los opositores a la monarquía no sólo se inspiraban religiosamente en el partido inglés de los puritanos, sino que mantenían una relación de socios con intereses muy mundanos. El partido conservador en el México del siglo XIX acudió a Napoleón III, mientras los liberales se refugiaban en Estados Unidos.

A Lenin, jefe del partido bolchevique ruso, lo enviaron los alemanes a su tierra en un tren blindado. Todos los partidos políticos nacieron como partidos de la guerra. Sólo en una época reciente se convirtieron en maquinarias productoras de votos y de participación parlamentaria. La jerarquía partidaria es un símil de la jerarquía industrial, pero sobre todo, por su origen, de la jerarquía militar. De ahí que sin soldada no haya partido. Por eso no es extraño que en México el único partido eficaz todavía sea el Sindicato de maestros. Dirigido desde San Diego por cierto. Ningún partido político tiene un millón de militantes con una estructura de 30 mil cuadros políticos a sueldo. Las ‘prerrogativas’ de los partidos oficiales comparados con eso dan lástima.

A los políticos de cualquier partido, a fuerza de repetir las mismas historias y aislados en sus funciones increíbles no los quieren ni en su casa. Los maestros en cambio diariamente realizan funciones aceptadas y apreciadas socialmente en un grado inmensamente mayor a pesar de la debacle educativa. Mantienen contacto con los padres de familia de decenas de millones de jóvenes y niños. Los sindicatos, otrora tan poderosos, carecían y carecen de ese tipo de relaciones. Además la tecnología desplaza y despedaza a esas organizaciones: petroleros, electricistas etcétera. A la docencia, sin embargo, no la han podido maquinizar, es decir industrializar, permanece como una especie de manufactura que produce en serie pero que depende de las habilidades personales. Sólo que ahora lo que produce es un ejército de desempleados.

Por lo tanto los días de su eficacia política están contados. ¿Después de eso qué es lo que viene?

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