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Puebla > Cultura
viernes 17 de agosto de 2007

CINE

Cuando nadie te ve... a usar hairspray

Alfredo Naime

En 2001 Maryse Sistach realizó Perfume de violetas, un drama urbano que, entre otras cosas, refería el ataque sexual a una adolescente de clase media baja, en la vorágine y creciente despersonalización de la ciudad de México. Si bien poco usado en su promoción, parte del título de la película era Nadie te oye, en alusión no sólo a la indefensión de la chica ante la violación, sino también a la brecha generacional con el mundo adulto. Lo refiero porque llegó a Puebla la más reciente cinta de la competente Sistach: La niña en la piedra, que traslada su ubicación al estado de Morelos, al México del campo, para esta vez apellidar su título con un Cuando nadie te ve. La niña en la piedra obtuvo hace año y medio el “Mayahuel de Oro” como mejor largometraje mexicano de ficción en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, superando a contendientes tan firmes como Fuera del cielo, de Javier Patrón “Fox”.

La niña en la piedra vuelve a explorar dinámicas adolescentes: Gabino (Ga-bino Rodríguez) está enamorado de Mati (Sofía Espinoza), su compañera en la secundaria, quien no siente atracción por él y lo considera sólo un amigo. Cuando bruscamente se lo hace ver, el torpe joven decide cobrarse la humillación de la peor manera: con engaños lleva a Mati hasta orillas de un pantano, donde ya lo esperan dos amigos –auténticos patancetes– para agredirla. Pero las cosas empeoran, y no sólo para Mati; será cuando juegue su papel una piedra labrada con los rasgos de la Señora del Maíz, que yace oculta en el fondo de la poza donde la chica es arrojada. A partir de eso, habrá un desenlace distinto para todos...

Azarosa como suele ser en México la exhibición de cintas nacionales, no pue-do garantizarle que cuando lea estas líneas La niña en la piedra siga en cartelera. Pero si es así –a despecho de la vacacional oferta de Simpsons, Transformers, Harry el mago y ratones gourmet– ojalá quiera conocerla, tanto por sus evidentes méritos como por ser una película mexicana, lo que nos obliga a una atención especial. Eso sí, no es una obra redonda: algunos de sus personajes son inconsistentes por estar bosquejados más que desarrollados, y hay desequilibrio entre la sólida primera mitad y una segunda –el epílogo sobre todo– que algo pierde el rumbo de lo importante, en favor del rumbo de lo fuerte. Admito; sin embargo, que ese golpe de timón era tal vez obligado para que la película pudiese concretar su acusación y las conclusiones del caso. Queda pues a su consideración –eso espero– La niña en la piedra; cinta nuestra y galardonada de Maryse Sistach, una cineasta de talento.

Ahora bien: si usted no está –por cualesquiera razones– para dramas rurales, tal vez esté para musicales nostálgicos, aunque ello involucre a John Travolta en tacones y traje sastre. Hairspray (Suéltate el pelo), del realizador y coreógrafo Adam Shankman, es eso precisamente. Retoma la huella del film que bajo ese nombre dirigió John Waters en 1988, así como la del exitoso Broadway musical homónimo montado en 2002. Ubicada en el Baltimore de los 60, ilustra los sueños de Tracy (Nikki Blonsky), una adolescente con sobrepeso que, obviando su físico, hace valer su talento como bailarina para integrarse al show televisivo de moda. A partir de su naciente popularidad y desde su propia experiencia, Tracy pugnará entonces por la integración al show de jóvenes negros, manifestándose en contra de cualquier tipo de discriminación y luchando contra las tendencias apartheid de la época en los EU y el mundo. Todo esto transcurre (es un musical, remember?) entre luminosas canciones y coreografías, que aportan a Hairspray vitalidad, visualidad y ritmo. En la cinta también aparecen Michelle Pfeiffer, Christopher Walken, Queen Latifah y Amanda Bynes. Y sí; cual le dije, Travolta encarna en ella a Edna Turnblad, la madre de Tracy. Hairspray es una diversión grata y amable para toda la familia; ojalá pueda verla.