"Periodismo regional a la medida de su tiempo"

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Puebla > Cultura
viernes 10 de agosto de 2007

ENTREPANES

Secuestro de un periodista por agentes de la Policía Municipal

Alejandra Fonseca

Vive en la calle. Su mirada no está perdida, pero no ha-ce contacto con nada ni con nadie. Acostado en la vía pública, entre cobijas rotas y malolientes, envuelto con periódicos, se acurruca presto para descansar de día o de noche. No distingue entre sueño y vigilia. Entre luz y os-curidad. Entre soledad y tumulto. Entre humano y animal. En-tre vida y muerte. Entre el yo y el otro. Entre el ser y la nada.

Su larga barba entrecana casi cubre el total de su rostro. Es lo único que él acaricia. Quizá lo único que siente. Sus ojos son profundos. No se distingue dolor ni placer en ellos. Su mirada vacía, no refleja al otro. No hay expresión ni indiferencia. No hay tiempo. No se peina. No se baña. No se cambia de ropa.

Se levanta y envuelve lo suyo en un bulto pequeño que ama-rra con un lazo y lo porta bajo el brazo. Viaja ligero. No carga ni su alma. Camina y extiende la mano como si de un tic se tratara. Es lo único que lo acerca al mundo: su impersonal mano extendida que rehuye y evita la gente que pasa.

Baja la banqueta y arremete contra los autos detenidos ante el semáforo en rojo. Se acerca a las ventanillas con su tic. Las personas en los automóviles suben los vidrios y voltean la mi-rada hacia otro lado: El no los ve y ellos no lo quieren ver: su imagen, pervierte. Su presencia, apesta. Su existencia, corrompe. ¡Pobre hombre perdido entre tanta gente encontrada!

No hay quien se acerque. Ni le dan nada. Sólo la vuelta. ¿De qué vive? De lo mismo que los perros en la calle: del desperdicio. ¿Qué bebe? Agua de las fuentes. A veces, lluvia. ¿De dón-de vino? De hacer-lo invisible. ¿Quién lo abraza? Ni su sombra. ¿Hacia dónde va? Ni él sabe: Viaja sin rumbo, sin dirección ni sentido. ¿Y su alma? No se encuentra. ¡Pobre hombre invisible entre tanta gente material!

Es un hombre solo en un mundo aislado donde nada perturba su diligencia: el recordarnos que no hay acto que no afecte el equilibrio del universo.