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miércoles 25 de julio de 2007 |
MEDICINA E INVESTIGACIÓNLos triglicéridos y el corazónRafael H. Pagán Santini
Cada día aumenta más la evidencia de que los niveles elevados de triglicéridos en sangre están asociados con un aumento en el riesgo de actos ateroscleróticos. En la edición de JAMA, vol 298, No 3, se publicaron varios estudios prospectivos y de larga duración donde se señala el papel que juegan los niveles elevados de triglicéridos –sin estar en ayunas– como un factor de riesgo significativo en los eventos de la enfermedad coronaria del corazón (ECC). Aunque muchos estudios han demostrado que los triglicéridos están asociados con la ECC, existe mucha controversia al respecto. Esta asociación se ha limitado al efecto interactivo que los niveles elevados de triglicérido tienen sobre el colesterol bueno (HDL-C), donde los niveles de éste se encuentran inversamente relacionados a los de los triglicéridos. Después de haber ingerido una comida, los triglicéridos son transportados del intestino delgado a la sangre en forma de quilomicrones (glóbulo de grasa) para su digestión. La degradación de estos glóbulos de grasas libera partículas ricas en triglicéridos y deja otros remanentes pequeños de lipoproteínas en la sangre que interactúan con las paredes de las arterias formando los ateromas. Un nivel elevado de de triglicéridos después de comer, reflejando un pico elevado o un una tardanza en la eliminación de las partículas ricas en triglicéridos, puede llevar a la formación de aterosclerosis. La hipertrigliceridemia (niveles elevados de triglicéridos en sangre) es un desorden complejo con una asociación poco clara con la aterosclerosis. Personas con niveles de más de 2, 212 mg/dL y con el síndrome de quilomicronemia familiar rara vez desarrollan aterosclerosis. Sin embargo, personas con niveles moderados de hipertrigliceridemia, con síndrome metabólico e hiperlipidemia (niveles elevados de colesterol en sangre) comúnmente desarrollan aterosclerosis. Los niveles de triglicéridos por encima de 1,000 mg/dL están asociados con pancreatitis debido al tamaño de las partículas de grasa (lipoproteínas) que aumentan la viscosidad de la sangre. En el caso de niveles moderados de triglicéridos las partículas lipoproteínas en la sangre son pequeñas y atraviesan la pared arterial formando las placas ateromatosas. Otro aspecto que ha oscurecido la relación que existe entre los niveles elevados de triglicéridos y los eventos ateroscleróticos es la forma en la cual los triglicéridos son medidos. Actualmente las recomendaciones internacionales para la recolección de muestra de sangre para un perfil lipídico deben de ser tomada después de un ayudo de ocho a 12 horas. Debido a que los niveles plasmáticos de triglicéridos pueden aumentar sustancialmente después de una comida, los niveles obtenidos después de un ayuno evitan la variabilidad asociada a la comida y provee un estimado más estable para la valoración del riesgo. Sin embargo, las grasas que están en la sangre después de las comidas parecen jugar un papel importante en el desarrollo de la enfermedad cardiovascular. Tanto el trabajo de Borge G. Nordestgaard y colaboradores, como el de Sandeep Bansal y colaboradores señalan que los niveles elevados de triglicéridos medidos aproximadamente cuatro horas después de comer, están asociados a un aumento en el riesgo de enfermedad cardiovascular y de muerte. Estos datos apoyan el concepto de que la aterosclerosis es un fenómeno postpandrial, esto es, un metabolismo anormal de las grasas después de haber sido ingeridas. Las guías nacionales e internacionales no consideran estas variaciones en el metabolismo de las grasas subestimando los valores de triglicéridos justo en el momento que más daño hacen. Hasta el momento, en México, no se vislumbra un cambio en la dirección de la epidemia de obesidad y de la diabetes, tampoco socialmente se observa un cambio de actitud con relación a la actividad física, esto refuerza los resultados de la Encuesta Nacional de Salud (ENSA) 2000, que señala los padecimientos cardiovasculares, destacando la enfermedad cardiocoronaria, como la causa número uno de la morbi–mortalidad en el adulto mexicano. Diferentes factores frecuentemente actúan y se asocian incrementando el riesgo de lesiones ateroscleróticas en las arterias y lechos vasculares. El termino factor de riesgo describe esos factores o características encontradas en personas sanas, las cuales tienen relación independiente con las subsiguientes apariciones de algún tipo de enfermedad. En el caso de las enfermedades cardiovasculares podemos dividir los factores de riesgo en estilo de vida, factores bioquímicos y en factores genéticos. Los factores genéticos no necesariamente son un determinante biológico ineludible, pero sí predisponen hacía una resolución desfavorable cuando se unen a otro factor de riesgo que ya por si sólo mantiene una relación independiente con la enfermedad. Si desea más información sobre esta columna puede escribir al correo electrónico: rhpmedicus@yahoo.com.mxs |