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Puebla > Cultura
viernes 29 de junio de 2007

Hernández, Helguera y Rapé presentaron la nueva época de la revista El Chamuco

Yadira Llaven

Una hora después de lo previsto, los moneros José Hernández, Helguera y Rapé arribaron al abarrotado y variopinto auditorio de la Facultad de Ciencias de la Electrónica de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP), donde eran esperados por más de 200 estudiantes ávidos de escuchar las recientes aventuras de la nueva época de la revista El Chamuco.


Los moneros firmaron carteles, revistas y volantes a estudiantes, docentes y alguno que otro octogenario durante una charla que ofrecieron en la UAP / Foto: Abraham Paredes

Para hacer amena la espera, previamente los integrantes de los círculos de estudio de la UAP proyectaron la película mexicana El violín, de Francisco Vargas, que narra la doble vida de tres humildes músicos rurales que apoyan activamente al movimiento guerrillero campesino contra el gobierno opresor.
Niños –por el curso de verano que imparte la universidad–, estudiantes, docentes y alguno que otro octogenario, integrado por curiosidad, en varias ocasiones repudiaron al unísono cuando, en la película “los guachos”, con lujo de violencia invaden la comunidad propinando golpes a las mujeres y a sus críos hasta lograr que se desplacen a otro lugar. Ya casi al término de El violín, aparecieron los tres caricaturistas, al mismo tiempo que prendieron las luces del auditorio. Hernández pidió disculpas por la tardanza y dijo: “Les voy a platicar el final… muere el niño”, lo que provocó los aplausos y las rechiflas.
Asombrado por la cantidad y la diversidad de público que los esperaba, comentó: “Hay más gente que en los actos de Calderón y sus 288 miembros de la PFP… bueno, con la diferencia que este público es conocedor y los otros son unos ojetes”.
Enseguida, Hernández presentó a Antonio Helguera como uno de los mejores moneros de México, y posteriormente este último a Rapé, también caricaturista político, originario de Xalapa, Veracruz, integrado –recientemente– a El Chamuco.
Ya encaminados en la charla con los universitarios trataron el tema del aplazamiento de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre la votación del caso MarínCacho. Y al respecto dijo: “Estamos muy de buenas, y al parecer ustedes también… nos dijeron que en la universidad hicieron un reventón –el miércoles– porque la Corte se hizo mensa por el caso del góber precioso; por eso nosotros nos venimos a unir al festejo, después de El violín escucharemos las grabaciones telefónicas de Kamel y Marín que también ya son un clásico romántico como Casablanca”.
Hernández retomó la palabra y habló sobre la historia de la caricatura política en México iniciando con Rius, del origen de Los Agachados; La garrapata, el azote de los bueyes; de la transa que les hizo una editorial cuando están con el nombre El Chahuistle, la enfermedad de los nopales; y cómo empiezan una nueva etapa con El Chamuco, bajo el sello de Grijalbo, donde hasta el momento llevan 126 números impresos.
Después de seis años sin publicar, explicó: “El Chahuistle pirateado por la editorial se convierte en El Chamuco, que dejó de imprimirse durante todo el sexenio pasado, lo cual fue una mala idea porque Fox nos dio mucho material, una caricatura de verdad había llegado a la presidencia; sin embargo, los moneros valoramos que si Calderón ganaba la presidencia sacaríamos la revista nuevamente. Aunque no ganó, porque el fraude electoral fue muy evidente, con mayor razón sacamos la revista”.
“El Chamuco –detalló– nació en 1994, en un año muy importante para los mexicanos. Fue cuando México entra al Tratado del Libre Comercio, cuando surge el EZLN, cuando hay elecciones federales, cuando matan a Colosio, cuando hace erupción el Popo y cuando el Atlante pasa a la segunda división”.
Aclaró, a la entretenida muchedumbre, que El Chamuco, “no precisamente es una referencia al diablo”, pues, de acuerdo con Hernández, el título de la revista proviene de la raíz etimológica cha, que significa gobernante; mu, que es la onomatopeya del mugido de las vacas; co, que es el apocope de compañía, por lo que El Chamuco quiere decir: el presidente, otros bueyes y compañía; “toda esa fauna que es la que nos sirve de pretexto para hacer nuestra revista”.
El objetivo de la publicación, convenció, es tener un medio de expresión totalmente libre, sin censura, en la que se pueda criticar los temas más polémicos en los que está sumergido los servidores públicos y la clase política del país. “En el número pasado, creamos un código de ética, donde dejamos claro que la vida privada de los personajes, no sería utilizada en las páginas de El Chamuco, “porque para eso está la portada principal”.
Insistieron en que el fraude electoral, en julio de hace un año, “ha demostrado que en México no hay democracia, que es una ilusión, que es un mentira; que hay un intento, por parte del gobierno, de controlar todos los medios de comunicación, sobre todo los electrónicos, porque en los impresos es más difícil”. Este panorama, agregó, “lo plasmamos en una parodia de Alicia en el país de las maravillas y su mundo al revés. Bastaría con que, la Alicia contemporánea, traspasara la pantalla de su televisor para darse cuenta de que en México llaman artista a unos pelmazos, que llaman héroes a todo aquel que no falla un penalti, que llaman cómico a un retrazado mental, que llaman precioso a un góber con cara de simio, y que llaman mentirosa a una periodista que dice la verdad.
“Que llaman huevos a los que asisten a una marcha, pero si violas a 90 niños te defiende el gobierno, el clero y todos los poderosos de este país”.
Por ello, reiteró, “creamos El Chamuco, para que a través de la crítica a estos problemas, por medio del humor, logremos aportar un poquito al cambio en el país, en aquellas personas que no tienen la oportunidad de escoger lo que escuchan, lo que miran, cuando están rebasados por el monopolio de la televisión”.
En su oportunidad, Helguera propuso a los círculos de estudios “tomar las cabinas de la radio universitaria” para transmitir lo que ahí, en ese momento, se estaba comentado, ya que la información, tanto en el centro del país como en las entidades, está controlado por el gobierno.
“Creo que es necesario que se tenga un espacio libre, como son las casas de estudio, porque el gobierno ha comprado muchas plumas influyentes. Basta citar que recientemente un comunicador que participa en el programa Tercer Grado se compró un penthouse en Polanco… no queremos decir su nombre, pero se llama Ciro Gómez Leyva”.
Dos horas más tarde, los moneros se dedicaron a firmar carteles, revistas y volantes, para después retirarse a la ciudad de México. Y antes de que eso ocurriera, dos universitarios anunciaron, sin confirmar el lugar, que el jueves 5 de julio a las 12 horas presentaran una charla con el doctor Víctor Romero Rochín, investigador de la UNAM, quien diseñó un algoritmo que evidencia el fraude cibernéticoelectoral.