TIANGUIS
Un nuevo modelo educativo para
el México del siglo XXI
Juan Luis Cruz Pérez

La educación no debe estar al servicio del régimen político, sino de los ciudadanos, dice el primo Margarito / Foto: Alejandro Ancona
“Miguel, quiero decirte que la SEP-Tlaxcala es hoy un aparato obeso, carente de criticidad, cada vez más alejado del conocimiento y desvinculado de la realidad social que pretende reconocer y transformar”, declara el Tránsito supuestamente al secretario de Educación Pública.
Dicho acto lo hace parado sobre una caja de aguacates en medio de uno de los callejones del tianguis. Nadie lo pela. Muchos dicen que está loquito.
Sentado en el culo de una balde de peltre, con dedo flamígero, el Margarito le hace segunda e interpela a los tres chiflados: “San Dino, El Sobrino y Ofidio porque su cabecita no les da para saber que: I) La educación no debe estar al servicio del régimen político, sino de los ciudadanos; II) no puede haber educación de primera y de segunda; III) es imprescindible vertebrar el sistema educativo desde el nivel preescolar hasta el universitario; IV) hay que abordar el problema de la educación de manera integral; V) la era del conocimiento en la que estamos no sólo pasa por la escuela; VI) la educación debe ser un bien público altamente concentrado; VII) sin conectar procesos de evaluación, carecemos de referencia para saber si avanzamos en la dirección que propusimos; VIII) no podemos llevar a cabo la transformación educativa necesaria, sin los recursos financieros que la hagan posible”.
El Tránsito interpela al imaginario Ofidio preguntándole si sabe “que el sistema educativo nacional sigue siendo acrítico y sesgado; no ha podido completar los ciclos de planeación como política de Estado, porque los indicadores y formatos de evaluación no se lo han permitido. Por ello, es de total relevancia que la evaluación educativa sea integral; esto es, programáticopresupuestal, por un lado, y costoeficiencia y de costoefectividad social por el otro, y no sólo integrarla con unos cuantos indicadores básicos con fines de comparativo internacional”.
El Margarito no se queda atrás e inquiere al supuesto San Dino Lelo si tiene conocimiento de “que el sistema educativo nacional se encuentra desfasado del momento histórico del país, y por lo tanto desvinculado del proyecto educativo nacional. Por tanto, es necesario vincular la educación con los grandes desafíos nacionales: la superación de la pobreza, el combate a la ilegalidad, el fortalecimiento de la democracia, la defensa del medio ambiente, la creación de empleos, la generación de riqueza, la era tecnológica y del conocimiento”.
El de Atligüecha, como si hablara con alguno de sus cuates, hace como que toma del brazo al Sobrino y le dice al oído si ha oído “que el sistema educativo nacional, al no haberse adaptado a las cambiantes circunstancias sociales del país, ni a sus ritmos e implicaciones económicas, demográficas y de movilidad humana, ha ido incrementando paulatina, pero aceleradamente, su vulnerabilidad frente a las manifestaciones de violencia y trasgresión de la ley. En ese sentido, resulta indispensable que la escuela pública asuma un rol comunitario más activo y compenetrado con las necesidades de su entorno inmediato, ya que la seguridad escolar es tanto responsabilidad de los actores fundamentales de la misma: alumnos, profesores, directivos y padres de familia, como de las autoridades encargadas de prevenir la delincuencia y preservar el orden”.
El Jicoténcal, que no ha querido abrir la trompa para nada, alcanza a balbucear para preguntar qué se requiere hacer para atender estas broncas. El primo sólo pregunta por qué está ocupado viendo la figura de la Sábila que se pasea por todo el tianguis con un nuevo vestido que se compró con su salario de nueva licenciada graduada por revalidación en la Universidad NAyarita de TLAxcala.
El Margarito coloca otra caja y afirma que sólo para el primer punto se requiere “la generación de un nuevo modelo educativo para un nuevo régimen. Un mdelo educativo como política de Estado que trascienda gobiernos sexenales y compromisos o emergencias de cada administración. Un modelo educativo que dé seguimiento a una secuencia adaptable de transformaciones en la tecnología, en la didáctica, en la sociedad y también en la familia. Un modelo educativo que además de aportar elementos técnicos y científcos a la formación, aprovisiones a los nuevos ciudadanos de una cultura cívica, de salud, de trabajo, de esfuerzo, de respeto, de tolerancia y de participación social”.
El pobre del Jicoténcal no sabe que la nueva licenciada no está de compras y si se puso el vestido rojo con negro es porque anda en campaña como candidata emergente y ciudadana de la capital del estado, por aquello de que las buenas conciencias de las familias clase medieras no quieran dañar su relación de amistad.
En el momento en que ella llega pregunta de qué se trata, pues los discursos del Margarito y el Tránsito alguna gente se ha quedado escuchando y muchos de ellos intervienen. Dicen que eso de la educación está cada vez peor, sobre todo porque cada vez que se le pregunta al secretario o a cualquier subsecretario responden que todo está bien, que estamos en los primeros lugares, que tenemos una educación de primer mundo.
“¿Y de dónde tan informados mis queridos primos?”, les dice aquella, mientras se sube el vestido por arriba de la rodilla porque se ha manchado con un aguacate, acción que casi le provoca un soponcio al pobre del Jicoténcal.
La Sábila empuja al Margarito y ve que arriba de las cajas hay un libro que se titula Un nuevo modelo educativo para el México del siglo XXI. Educar es el camino, editado por el SNTE y que recogen las conclusiones y propuestas del IV Congreso Nacional de Educación y del Segundo Encuentro Nacional de Padres de Familia y Maestros que la maestra Elba Esther Gordillo le entregó al presidente Calderón para que no sigan diciendo que los maestros, y sobre todo el SNTE, son un obstáculo para elevar la calidad de la educación.
La Sábila hurga también en el balde del Tránsito y encuentra copias de los resultados de los estudios del Banco Mundial, de la OCDE, del Banco Interamericano de Desarrollo y de la Comisión Económica para América Latina, en la que se afirma que el sindicato de los maestros es una mafia que se ha apoderado de la educación porque se han convertido en juez y parte del sistema al ser dirigentes gremiales los hacen directores, secretarios o subsecretarios.
La Sábila dice que no está para esos chismes, que se dejen de fregaderas y se dediquen a seguirle la corriente y todos digan que en la capital no hay problema, por lo tanto no se requieren soluciones. Vivimos en la Utopía de Tomás Moro, en la Atlántida de Bacón o en la Ciudad de Dios de San Agustín.
La política como un deporte extremo
“Para atraer mayor público, pero también para hacer más atractivo el espectáculo –aunque este tipo de actos no lo necesitan– la triple, el consejo y la asociación juegan con el género, el peso y la estatura de los gladiadores”, comenta la Sábila, mientras se arregla el vestido rojo pues le toca subir al ring con el mote de la Blindada.
La caravana tiene el compromiso de presentarse en todo el estado. La triple blanco, verde y rojo, el consejo del PAN y también la asociación de tribus presumen que en sus establos tienen gente de sobra, por lo que no tendrán problema para cubrir todas las plazas, asegura el Simulador, que es el apelativo con el que luchará el Tránsito.
El Jicoténcal, que le quiere hacer al empresario, asegura que la primera campal ya casi está firmada y asegura que van a salir chispas porque se trata de dos que vienen de familias de gladiadores que han estado muchos años en la lucha por los cinturones de campeón.
El Margarito, que anda como pingüino, pues emulará la tarea del Tirantes, espera que las familias de los luchadores no se metan tan duro en contra de la autoridad, porque sabe que pueden salir muy lastimados por aquello de las múltiples equivocaciones.
El Simulador anuncia que por el cinturón de la capital lucharán a dos de tres caídas sin límite de tiempo, por el equipo azul ni más ni menos que Julián, conocido en el bajo mundo como el Médico Asesino. Habiendo sido compañero del Cavernario Galindo tiene suficiente fuerza y más mañas para que se alce con el triunfo, salvo que por problemas de lluvia o alguna lesión tenga que suspenderse la función.
En la esquina contraria se encuentra una mujer que desespera al respetable porque todavía no se decide qué equipo ponerse: si el verde, blanco y rojo o el amarillo con negro.
Está en espera de que la manager del tricolor le dé luz verde, pero si no le autoriza luchar bajo su férula, ella está dispuesta a cambiar de equipo y hacerlo por la asociación de tribus, aunque sean muy nacos.
Cada uno en su esquina, los dos luchadores se ven de frente, se saludan y se preguntan por el estado de salud de la familia.
Son viejos conocidos, pues han cohabitado en la misma cuadra desde hace muchos años, aunque el Médico Asesino tuvo que irse, no han perdido las relaciones familiares que les hace compartir la vida local fuera de los encordados.
Mientras esperan la llamada, ven a su alrededor y les angustia que entre el público no haya gente bonita sino puros nacos. Los aficionados son el lumpen de la sociedad, los que se visten y comen en el tianguis y no la gente Palacio. Ni modo, pero se requiere de ellos para que paguen los costos de vestir el cinturón.
El Gavilán y el Roger –dos luchadores de gran peso y lona recorrida– están enojados porque los promotores les hicieron comprar nuevos equipos de lucha y a la hora de la hora los dejaron en los vestidores con el pretexto de que están pasados de peso y ya no tiene la agilidad de los nuevos estetas del ring. Ellos creen que la plaza se la quieren dejar a los que vienen de Yucatán y que lo anuncian con una manta en la puerta de su casa.
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