"Periodismo regional a la medida de su tiempo"

EnviarEnviar ImprimirImprimir

Puebla > Deportes
lunes 25 de junio de 2007

SEMANÁLISIS

El Tri: pies sin cabeza

Horacio Reiba

Ya merito. México los desconcertó durante un buen rato, se puso arriba en el marcador, peleó todas las pelotas... y nuevamente perdió con Estados Unidos. El partido resultó, con mucho, el más emotivo del torneo. Pero emotivo no equivale a bien jugado. Lo que EU hace tiene que ver más con la robótica, el gimnasio y los pley station que con el clásico juego del futbol. Ése que México sí mostró a ratos, aunque fuese más en función del coraje y habilidad de algunos de sus hombres, o porque espontáneamente se asociaban un par de jugadores talentosos (Nery-Guardado, por ejemplo), que como resultado de un trabajo bien planificado, con coherencia táctica y estrategia de juego. Mentiría si dijese que el partido resultó aburrido o insulso, pero no es menos cierto que entre las abundantes ocasiones de gol a que dio lugar su continuo toma y taca, Estados Unidos dispuso de las más claras, con par de balones rebotados en el marco, y Oswaldo salvando al menos tres goles hechos contra uno solo de su colega de enfrente, que desvió increíblemente sobre la hora el flojo fusilamiento del Bofo Bautista. De modo que con su táctica contragolpista de costumbre, escasa elaboración, media docena de cargas de caballería contra el área mexicana, un penal poco claro y un misil teledirigido de Feirhaber, los norteamericanos tuvieron para adueñarse nuevamente del título a costillas del inútil esfuerzo de los nuestros.

Pasión sin dirección. Esta vez México no se arrugó, dio la cara y hasta sorprendió llevándose al descanso una mínima pero justa ventaja, que Guardado acababa de concretar al rematar barriéndose un servicio de Nery que era medio gol, tras profunda penetración por derecha del uruguayopotosino. La víspera, éste había amenazado con dejar al equipo si Hugo insistía en marginarlo (contra Guadalupe ni a la banca fue, dizque por carecer de la estatura conveniente). Pero su grito de rebeldía no fue un brindis al sol, porque salió a comerse la cancha y se erigió en el líder del equipo durante casi una hora de juego, mientras el mediocampista del Olimpiakos tuvo gas en el depósito. El Tri contó además con las atajadas y la gestualidad de Oswaldo en el fondo –donde Márquez y Magallón daban amplias facilidades–, un Pável Pardo templado y mandón en el medio terreno, y la dupla Guardado-Nery entendiéndose como si llevaran toda la vida jugando juntos. Si tanto esfuerzo se malbarató sería porque nunca existió una estrategia que se adecuara a las alternativas del marcador y los tiempos del partido. Por eso el cuadro, ya en pleno desorden, terminó apelando a la heroica, lo cual sirvió de poco dada la inoperancia de la gente de adelante (Borgetti se había retirado lesionado pasada la media hora y Bravo, su sustituto, no pesó), y lo tardío de las incorporaciones de Cuahtémoc y Bautista, que en realidad pasaron de noche por el Soldier Field, escenario de este nuevo fracaso de los verdes.

Experto en crisis. Para acosar a La Volpe no tenía igual: fue su Némesis, un auténtico perro de presa. Pero subido ya en el potro y con la rienda en la mano, Hugo ha sido la impotencia personificada. No sólo no le encuentra la cuadratura al círculo, tampoco está bien avenido con los jugadores, pues no puede ser casual que Pardo, Osorio y Salcido se nieguen ahora a participar en la Copa América, aduciendo el cansancio de la temporada europea. Aunque a lo mejor es lo que estaba deseando el Pentapichichi, urgentemente necesitado de un pretexto que justifique las decepciones por venir.

Boca devora títulos. Se le escapó el Clausura local, pero confirmó que la Libertadores es patrimonio xeneize. Su superioridad sobre el brasileño Gremio fue casi insultante, de maestro a párvulo prácticamente. Y si en la Bombonera le había endosado un 3-0 con olor a chamusquina, en el Olímpico de Porto Alegre el paseo a los azorados negroazules fue todavía más hiriente, y si no repitió la dosis cúlpese a que Palermo sigue siendo un pésimo ejecutor de tiros penales. Como quiera, el 5-0 global es récord absoluto para una final de la Copa y denota el abismo existente entre ambos. La rotunda personalidad del cuadro boquense en ningún momento encontró réplica en el tibio y vulgar desempeño de los gaúchos de Río Grande do Sul. Agresivos y certeros en casa y diestramente mandones en el corral ajeno, los hombres de Miguel Ángel Russo se dejaron guiar por un Riquelme inspirado, que retuvo el balón y graduó el ritmo de las acciones como le vino en gana, convirtiendo el partido del miércoles en el juego del gato y el ratón. Y de ribete, hizo los dos goles que marcaron la diferencia definitiva, el primero de ellos absolutamente antológico. Si se agrega el tiro libre que le había clavado a Saja en la Bombonera, y cinco más en las rondas previas, resulta que el estelar mediocampista sumó ocho anotaciones en la Copa, a sólo dos del máximo goleador de la misma, que fue el paraguayo del América Roberto Cabañas.

Charadas y paradojas. Ahora hay quien afirma que el futbol de América es inferior al europeo simplemente porque Riquelme brilla aquí luego de opacarse allá. Es una manera de no entender que jugadores de su corte –tan rioplatense– sólo se moverán a sus anchas dentro de colectivos afines, donde las demás individualidades están predispuestas a entregarles el balón y moverse al ritmo que el 10 les marque. Más desconcertante es, a mi juicio, la evidencia de equipos brasileños tan mediocres como ese Gremio sin la menor relación estilística con un futbol que, en la producción de talento puro, sigue siendo la primera potencia mundial. Ejemplos sobran: Ronaldinho, Ronaldo, Kaká, Robinho, Adriano, Dida, Cafú, Edú, Gilberto... Ninguno de los cuales, por cierto, estará en la Copa América, que el Tri abre este miércoles contra un Brasil B, mientras la Argentina de Riquelme, Tévez y Messi luce como el favorito universal.