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lunes 25 de junio de 2007 |
DEL HECHO AL DICHOLas siete maravillas y el... bisneManuel de Santiago
Algunas personas, movidas por un genuino entusiasmo se han adherido a la iniciativa del empresario suizo Bernard Weber, quien creó la New Open World Foundation para promover una votación mundial, vía internet, para elegir las Siete Nuevas Maravillas del Mundo. Es decir, se trata de escoger y votar a favor de los monumentos más significativos del planeta, de cualquier lugar y de cualquier época. Por supuesto que en nuestro país el candidato por excelencia es la pirámide de Chichén Itzá que desde hace tiempo es conocida como “El Castillo”.
El mito de las Siete Maravillas es muy viejo, se remonta a un texto del griego Antípatro que consignó la existencia, en el mundo conocido entonces, de siete colosales y extraordinarios monumentos. Este mito se difundió por todo el planeta y trascendió 2 mil años hasta nuestra época actual en la que se considera como poseedor de sabiduría a quien las recite de memoria. El asunto no suena mal en relación a la gran cantidad de tarugadas que se promueven por internet, que quedan como testimonios de la estulticia y del uso abusivo de este medio. Sin embargo, muchos sabemos que hay cosas que “no serán el diablo, pero huelen a azufre”, no nos hemos tragado el anzuelo fácilmente y hemos revisado este asunto desde la propuesta, las condiciones de participación, quiénes apoyan esta idea, las opiniones de expertos y lo que han manifestado otras personas que se han distinguido por la defensa del patrimonio cultural. Por lo pronto, todos los monumentos son creaciones de sociedades movidas por la obligación, por la devoción o por cualquier otra necesidad poderosa; estas construcciones corresponden a un espacio y a una época determinados y no se pueden comparar entre sí, ya que pertenecen a diferentes culturas, por lo tanto a diferentes objetivos y circunstancias. Menos deben ser sometidos a un concurso en el cual la gente que tiene acceso a internet debe “votar” sin mayor información que una foto; se trata de una trivialización del conocimiento que elude recurrir a una valoración científica y a un proceso de interpretación que dé a conocer los valores de cada monumento en su contexto espacial y temporal. Por otro lado, hay un costo de 2 dólares para aquellas personas que quieran obtener un certificado de votación, con lo cual lo que se compra es una “cédula para borricos” o también se puede votar por teléfono mediante un pago especial. Si multiplicamos esta “pequeña” cuota por un número millonario de incautos en todo el mundo, les puedo asegurar que la cifra es multimillonaria; tampoco faltan los malandrines que se han “servido” del concurso para impulsar “chabacanerías nacionalistas” y obtener beneficios políticos y... económicos; en cualquier caso se apuesta adicionalmente a la distracción que provoca el concurso, el cual se resolverá el 7 de julio en el estadio de la Luz Benfica, en Portugal. Por lo pronto, la Unesco “pintó su raya” y no le entró al “negocito”. Si las latas de Coca Cola y las tarjetas de Telmex anuncian y difunden el certamen de marras es que el asunto no es tan bueno que digamos. Vistas así las cosas, resulta que todo es susceptible de ser explotado y de convertirse en mercancía para favorecer a los mismos chanchulleros de siempre. Por qué razón no se reúnen Siete Millonariazos Maravillosos del Mundo (7MMM) y aportan algo de su dinero para la restauración de los monumentos y la difusión especializada, algo que sea en provecho de la cultura y de la sociedad. Mientras esto sucede, recomiendo a quienes tenemos a nuestro cargo una parte del patrimonio cultural, cualquiera que sea nuestro puesto y función, así como las muchas personas sensibles que se preocupan por su salvaguarda, disfrutan de su estudio y se comprometen con su difusión, sigamos trabajando. Eso es lo realmente maravilloso en este mundo. |