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Puebla > Salud
jueves 7 de junio de 2007

ESTÉTICA Y SALUD

Los calllos y los ojos de pescado

Rafael Paganan Santini

Las manos de Alicia Alonso han sido pintadas por varios pintores de renombre. Sus pies, aunque también han sido pintados, se presentan cubiertos con las zapatillas de ballet. Obvio que el interés del pintor fue resaltar los movimientos virtuosos de esta gran bailarina. Sin dudar de su belleza, podemos asegurar que en esos pies se encuentran las huellas de su virtud y las cicatrices que dejan un constante esfuerzo por obtener la perfección en tan bello arte.

Los callos y los ojos de pescado son ocasionados por la fricción o prisión sobre la piel. La participación en actividades artísticas, laborales o deportivas que implican la frotación y presión constante que hacen que nuestros pies desarrollen una capa epidérmica extremadamente gruesa.

La mayoría de la superficie corporal está recubierta de piel fina. Por otra parte, la piel que recubre las palmas de las manos y las plantas de los pies, que siempre están expuestas a la fricción, está constituida por piel gruesa. Este tipo de piel está compuesta por cinco estratos o capas que forman la epidermis. En la piel gruesa, las papilas dérmicas subyacentes están elevadas en crestas paralelas curvadas, formando las huellas dactilares en manos y pies. En la piel gruesa no hay pelo.

La función más importante de la piel, la protección, depende en gran medida de las características estructurales especiales de la epidermis y de su capacidad para crearse y autorrepararse tras lesiones o enfermedades. Para mantener constante el espesor de la epidermis, deben formarse nuevas células al ritmo que se descaman las viejas células de la capa más superficial, la capa córnea. Desde la capa más profunda de la epidermis las células empujan hacia arriba a cada capa sucesiva para remplazar a las células muertas y mantener la piel íntegra y viva.

Este proceso de renovación cutánea se mantiene durante toda la vida, pero su tiempo de recambio va alargándose con la edad. Este alargamiento en el tiempo de recambio celular es uno de los factores que contribuyen a la aparición de los hundimientos finos que vemos en la piel y que llamamos arrugas. En otro extremo está la formación de callos que son el producto de un proceso abrasivo prolongado donde se produce un estrato superficial anormalmente grueso en el punto de la fricción.

Es muy común que los pies de muchas personas estén propensos a desarrollar los molestos callos y los dolorosos ojos de pescado. Sobre todo si se utilizan zapatos de tacón alto con punta muy estrecha o zapatos que ejercen mucha presión sobre los dedos y la planta del pie. Los callos se forman en el estrato más externo de la epidermis, conocida como capa córnea. La fricción sobre un área determinada o ciertas enfermedades de la piel hacen que la capa córnea aumente su espesor bastante más allá de los límites normales, formándose un cuadro de hiperqueratosis. El resultado es una piel gruesa, seca, escamosa, no elástica y con dolorosas fisuras.

Por lo general, los callos son indoloros, pero en algunas casos se vuelve tan gruesos que la piel pierde su flexibilidad y se quiebra causando malestar. El grosor del callo puede llegar a ser hasta de un centímetro si la persona camina descalza todo el tiempo por todo tipo de terreno.

Otro mal que suele acompañar el uso inadecuado de zapatos son los ojos de pescado. El término correcto es heloma o tiloma, es una reexaltación de tejido muerto y firme, pequeño y redondo, que por lo general se forma en diversas partes huesuda de los dedos de los pies. Su consistencia es dura a menos que nazcan entre los dedos de los pies donde entonces su consistencia será blanda. Los ojos de pescado tienen un tono amarillo, pero pueden enrojecerse al irritarse o inflamarse.

En la mayoría de los casos, los callos y los ojos de pescado no necesitan atención médica. Existen varios tratamientos accesibles en el mercado para ablandar y desprenderlos fácilmente en casa. Su presentación es variada, en forma de parche, cojines o líquidos que facilitan su extirpación. Estos medicamentos deben de utilizarse con mucho cuidado para evitar lesiones en las áreas cercanas al callo. Si las molestias son muchas o usted es diabético, o presenta cualquier enfermedad que ocasione mala circulación sanguínea, los callos deben ser tratados de forma profesional.

Como método de prevención utilice zapatos cómodos, trate de evitar el tacón alto y las puntas estrechas. Trate de utilizar unos zapatos adecuados para su trabajo, más cómodos que elegantes. Las calcetas deben ser lisas, sin rugosidades. Al llegar a su casa antes de acostarse, debe darse algunos masajes en los pies. De preferencia puede poner sus pies en agua caliente con sal, vinagre o jabón para ablandar las partes callosas. Nunca utilice tijeras o navajas para quitar los callos. Lime con mucho cuidado y utilizando piedra pómez las partes ásperas de las plantas de los pies y de los talones.

Si desea más información sobre este texto puede escribir al correo electrónico rhpmedicus@yahoo.com.mx

La onicocriptosis, más frecuente en hombres que en mujeres: podóloga

La onicocriptosis, denominada erróneamente uña encarnada es un problema que se presenta principalmente en adolescentes y jóvenes por realizar un mal corte a las uñas de los ortejos. De acuerdo con la podóloga Luz Cristal Martínez Flores, este problema no es extraño que se presente en personas de edad avanzada, aunque aseguró que es más propenso entre los hombres que en las mujeres.

“Con el correr de los días el crecimiento de la uña la va incrustando en la piel, hasta producir un foco séptico debido a la gran cantidad de gérmenes que hay sobre la piel; este proceso infeccioso genera un tejido de granulación llamado granuloma telangectásico, que se considera un tumor benigno de tipo infeccioso, que progresivamente va creciendo y complicando significativamente el diagnóstico”.

Este cuadro clínico se caracteriza por el excesivo dolor, especialmente a la presión producida por el calzado y por exudación serosa, lo cual puede afectar a ambos ortejos mayores, simultáneamente, provocándoles que el tejido de la lámina de la uña se vuelva esponjosa.

En ese sentido, la especialista aclaró que los dedos de las manos se llaman simplemente dedos, y los de los pies, ortejos.

“Las uñas de los pies se cortan de acuerdo a la forma de su crecimiento, y éste no siempre será de manera cuadrada, porque si el crecimiento es redondo lo que voy a hacer es encarnar la uña”. Este problema es difícil que se presente en las manos; sin embargo, la podóloga no descartó que esto pueda suceder por la misma razón.

Entre los factores causantes o etiológicos se mencionan varios. Por no observarse en indígenas descalzos, y ser propia de quienes usan calzado, se ha asignado importancia a la presión ejercida por el zapato apretado sobre la uña del ortejo mayor, y que a su vez es forzada contra el margen del surco ungueal; así como la estructura inadecuada del zapato, ya sea demasiado corto o puntiagudo.

Factores predisponentes serian la excesiva sudoración, la rotación interna del ortejo mayor, la ruptura de la lámina de la uña que permite la filtración de agua; el grosor y curvatura excesivos de la uña, que es indoloro o puede provocar zonas de enrojecimiento, inflamación y como máximo, la ruptura del surco entre la uña y los bordes de los ortejos. También entre los factores agravantes están el uso de calcetines demasiados apretados que agravan la maceración; y el causal más frecuente, el corte defectuoso de las uñas (demasiado amplio o incompleto).

Y como medida preventiva, Martínez Flores recomendó el corte de la uña en forma recta y transversal.

De acuerdo a la localización de este conflicto, explicó, se distingue el encarnamiento lateral del ortejo y el encarnamiento anterior que alude a la parte distal de la lámina de la uña, la cual no puede crecer normalmente y choca.

Entre los tratamientos curativos está el antiséptico y antibiótico, que consiste en el baño de pies con polividona yodada; no obstante, en los países anglosajones esta afección la tratan los quiropodistas, quienes practican procedimientos sencillos como un pequeño taponaje de algodón y antisépticos en el surco ungueal, el que puede fijarse con colodión para permitir el baño diario.

Probablemente el manejo de las lesiones iniciales puede ser resuelto con medidas comunes, pero con el paso del tiempo y la apatía puede ser necesaria una cirugía de extirpación. (Yadira Llaven)