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martes 5 de junio de 2007 |
OPINIÓNGurrola, el fin de una eraIván Ruiz
A los historiadores del arte les interesa inaugurar y clausurar ciclos, acotar y definir acontecimientos en un afán clasificatorio, descriptivo y sistemático del devenir histórico. Con la muerte de Juan José Gurrola (19352007), acontecida la semana pasada, presenciamos, sin exagerar, el fin de un era o por lo menos la extinción paulatina de un grupo de amigos, artistas todos ellos, quienes trabajaron, alentaron y difundieron una perspectiva experimental en la producción de los lenguajes del arte en nuestro país. A este grupo, formada por los ya desaparecidos Juan Ibáñez, Juan Vicente Melo, Juan y Fernando García Ponce, Lilia Carrillo, entre otros, se sumó con gran ímpetu Gurrola a través de un trabajo multidisciplinario que integró la dramaturgia, la dirección y el guionismo de cine, la dirección de teatro, la arquitectura, la música, la fotografía, entre otras actividades. Este grupo de artistas, más que formar una generación, forjó algo que se puede definir como un “espíritu de época”: momento privilegiado de la cultura en México en donde se produjo una discrepancia, un deslinde del canon (a veces consciente, otras tantas no, como fue el caso de Ulises Carrión autoexiliado en Ámsterdam, pionero del arte conceptual), con el propósito de explorar maneras distintas de hacer y de ver al arte. A este periodo, recientemente, se le ha dedicado una exposición monumental que con el título La era de la discrepancia. Arte y cultura visual en México 19681997 y con una curaduría de Olivier Debroise, Pilar García de Germenos, Cuauhtémoc Medina y Álvaro Vázquez Mantecón, ha dado lugar a una lectura detallada de las búsquedas artísticas que se produjeron en los márgenes del “arte oficial” en el periodo comprendido en esos años. En esta exposición, que aún se puede visitar en el Muca de Ciudad Universitaria en la UNAM, Gurrola está bien representado con sus célebres videos Robarte el arte (1972) y Vicente Rojo (1965). |