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Puebla > Estado
miércoles 30 de mayo de 2007

CUITLATLAN

Protegen negligencia médica de candidato del SNTSS

Fermín Alejandro García

Uno de los candidatos a la Secretaría General de la sección uno del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS), el médico Enrique Meléndez Manzano, está siendo sujeto a una investigación penal y administrativa luego de que se le encontró responsable de haber lucrado económicamente con el caso de un joven de 24 años que tenía una enfermedad grave y ocultó a la familia el diagnóstico real del padecimiento, además de evitar el tratamiento adecuado para este muchacho que acabó perdiendo la vida. A lo largo de las indagatorias ha quedado constatado que el médico ha recibido protección de funcionarios de la Procuraduría General de Justicia (PGJ).

Lo más grave del caso es que este galeno cuando operó al joven Heber Anaya González de un tumor en el cerebro, no poseía la cedula profesional que acreditara que es médico neurocirujano, pues se sabe que en ese entonces no tenía concluidos los estudios en esa especialidad que cursó en Rusia. Y aún así, desde que pasó dicha tragedia y hasta la fecha nunca ha dejado de ejercer como uno de los principales cirujanos del Hospital de Especialidades de San José del IMSS.

Enrique Meléndez cobró notoriedad hace cuatro años cuando miembros del SNTSS lo denunciaron de haber cometido un fraude con las finanzas del sindicato aprovechando su cargo de tesorero de la organización gremial.

Ahora, aunque no es de los punteros en la contienda del SNTSS –en la que participan ocho candidatos– busca ser quién defina la elección, ya que se sabe que intentará aliarse con algunos de los tres aspirantes que encabezan las preferencias electorales para inclinar la balanza a favor de alguno de ellos.

Es decir, si se analiza lo ocurrido en torno a este médico se puede apreciar la podredumbre e impunidad que existe en el sistema de impartición de justicia de Puebla, en el SNTSS y sobre todo en el IMSS. Si en México hubiera un verdadero Estado de Derecho este hombre debería estar en la cárcel y no haciendo actividad política como si fuera un excelente galeno.

Esta es la historia –debidamente acreditada con copias de documentos oficiales– de la infamia cometida por el médico Enrique Meléndez Manzano:

Heber Anaya era estudiante universitario de la UAP. Tenía leves dolores de cabeza de los cuales ni él ni su familia tenían idea de que se trataba de algo grave. El 22 de agosto de 2003 se sintió mal y fue internado en el hospital de la UPAEP, en donde lo intervinieron quirúrgicamente de emergencia por tener un tumor en el cerebro, del cual les dijeron que era maligno.

Debido a las condiciones económicas de la familia, Heber Anaya fue trasladado al Hospital de Especialidades de San José. Estaba en estado de coma. Ahí los atendió el médico Enrique Meléndez, quien mandó a hacer un nuevo diagnóstico y de manera verbal le dijo a la familia que dejaran de preocuparse, que en la UPAEP habían exagerado, que el muchacho tenía un tumor benigno llamado hemangioblastoma.

Con el pasar de los días el paciente salió del coma, mejoró, fue dado de alta y en su casa recuperó el habla y los movimientos motrices. Eso sirvió para que Enrique Meléndez poco a poco fuera convenciendo a la familia de que se siguieran utilizando sus servicios, pero de manera privada, al indicarles que en el IMSS era imposible atender al enfermo por lo mal que están sus áreas de atención para este tipo de pacientes.

Los padres de Heber aceptaron al ver la mejoría del estudiante universitario. Meléndez lo iba a consultar a su domicilio y constantemente le decía “ya la libraste”. Sin embargo, a los pocos meses lo que parecía ser un proceso de recuperación de la salud se convirtió en una larga agonía. En junio de 2004 Heber Anaya tuvo que ser nuevamente intervenido de emergencia ya que había reaparecido el tumor.

Meléndez logró que la familia aceptara que operaran a Heber en el Hospital Guadalupe y le pagaran a él, a plazos, la cantidad de 70 mil pesos, más los honorarios de un anestesiólogo, una enfermera, un médico ayudante y de su hermana María Eugenia Meléndez, quien también dice ser neurocirujana. Al finalizar la operación, el médico fingió que había mandado el tumor a que fuera analizado a los Laboratorios Ruiz, todo con el propósito de que el examen no lo hiciera el padre de la victima.

De un día para otro Enrique Meléndez les dijo a los padres del muchacho que el tumor encontrado era maligno. Cuando le preguntaron que por qué les había dicho al principio que era benigno, él argumentó que le habían escuchado mal.

El 25 de julio de ese año, Heber volvió a ponerse grave. De nueva cuenta lo llevaron al nosocomio de San José y ahí murió el 11 de agosto de 2004 por “una enfermedad terminal”. Meléndez ya no lo atendió con el pretexto de que estaba de viaje.

La sorpresa creció para el padre de este joven cuando logró tener acceso al expediente del IMSS y descubrió que desde un principio el laboratorio de patología había establecido que Heber tenía un hemangiopericitoma frontal que es un tumor maligno y de los más agresivos que existen. En cambio, Meléndez en diferentes documentos –ver el documento 1 – había alterado el diagnóstico para señalar que era un hemangioblastoma, es decir un tumor benigno.

Especialistas que han analizado el caso han señalado que se tenía que convocar a un grupo interdisciplinario de médicos para aplicar radioterapia o quimioterapia al paciente, de acuerdo a lo que marca el protocolo para atender tumores malignos. Lo que no era procedente era la intervención quirúrgica. En cambio Meléndez hizo todo al revés, dijo que no era grave el padecimiento, él y su hermana atendieron al enfermo en su casa y sin recurrir a lo que marca la norma para estos enfermos. Todo con el propósito de cobrar consultas privadas.

La Comisión Estatal de Arbitraje Médico (Cesamed) emitió un dictamen demoledor acerca del comportamiento de Meléndez al establecer que:

Incurrió en una mala práctica médica por omisión, impericia, abandono del paciente e incumplimiento con lo que marca la Ley General de Salud y la Norma Oficial Mexicana 168 referente a expedientes clínicos.

Y lo que es peor, la Cesamed estableció en el expediente 247/2005/EDM-19 que no existía al momento de la investigación alguna constancia de la Dirección General de Profesiones de la SEP o del Consejo Nacional de Neurocirugía que reconozca a Enrique Meléndez como médico neurocirujano.

Esto es, en el IMSS alguien se puede hacer pasar por neurocirujano, operar a un paciente y tal vez hasta matarlo sin que nadie haga nada para impedirlo.

Enrique Meléndez pudo presentar una cedula profesional hasta enero de este año, luego de que la muerte de Heber y sus operaciones como neurocirujano fueron en el año 2004.

Quienes conocen a este médico cuentan que se fue a estudiar a Rusia y para intentar acreditar que era neurocirujano presentaba un titulo en ruso, que nadie podía traducir y que al cabo del tiempo se supo que era un diploma, no una constancia de terminación de la especialidad. Ver los documentos 2 y 3 .

La protección de la PGJ

Luego de la muerte de Heber la familia presentó una demanda penal contra Enrique Meléndez por los delitos de homicidio culposo y responsabilidad médica, motivo por el cual se inició la averiguación previa 127/2004/AEH/2.

De los cinco médicos que emitieron el dictamen de la Cesamed, tres llegaron a la conclusión de que Heber Anaya murió a causa del tumor y no por la negligencia de Meléndez. Mientras que dos opinaron lo contrario, el deceso fue resultado de la mala intervención médica. Pese a las discrepancias, todos los galenos que estudiaron el caso señalaron que fue anómalo el proceder de Enrique Meléndez Manzano.

Meléndez para defenderse negó todo. Dijo que nunca firmó dictámenes en donde cambió el diagnóstico. Que nunca lo vio como médico privado. Que nunca lo recetó; es decir, que no hizo nada.

La familia presentó papeles del IMSS, recetas y otros documentos donde aparece su letra y firma. Es ahí donde empezó la intervención de algunos funcionarios de la Procuraduría General de Justicia para ayudar al galeno negligente.

La PGJ hizo dos estudios de grafoscopía señalando que no era la letra de Meléndez. El médico forense estableció que no había negligencia. Y luego se “perdió” parte del expediente. Al final la Agencia del Ministerio Público de Homicidios se declaró incompetente y turnó el caso a la PGR.

Los familiares lograron que se hiciera un tercer estudio de grafoscoía que hizo un perito tercero en discordia, el cual se señala que es real la firma de Meléndez en donde se cambia el diagnóstico.

Mientras que la perito de la PGR, Raquel Zempoalteca, en diciembre de 2006, estableció que sí hubo una mala práctica médica de Meléndez por no haber corroborado el diagnóstico ni haber convocado al equipo de galenos que debía atender al paciente.

Al final se estableció que no se puede acusar al médico de ser el causante de la muerte, pero si de haber mentido y actuado con negligencia. Actualmente enfrenta la averiguación previa 127/2004/AEH por usurpación de funciones y a su vez, lo investiga la Secretaría de la Función Pública.

¿A cambio de qué ayudaron a Meléndez en la PGJ? ¿Por qué en una procuraduría lo encuentran inocente y en otra culpable? ¿Por qué el Instituto Mexicano del Seguro Social se queda callado en estos asuntos? ¿El SNTSS no tiene ética? Son preguntas que se hacen los familiares de Heber Anaya. La respuesta está en el alto grado de impunidad que priva en la República Mexicana.