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Puebla
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martes 29 de mayo de 2007 |
OPINIÓNLa conspiración en la UDLAJuan Sebastián Gatti
Conspirar, según el diccionario, es lo que hacen quienes se reúnen en secreto para actuar contra alguien o algo, en particular contra el poder. Quien trama en secreto, evidentemente, lo hace así porque no puede tramar en público. La conspiración, en consecuencia, es característica o bien de los criminales, o bien de quienes se oponen a sistemas autoritarios, en los cuales la disensión se considera criminal. Todo esto debe saberlo el escritor Pedro Ángel Palou, pero al parecer lo ignora el rector de la Universidad de las Américas Puebla. Cuando acusa de conspiración a una serie de personas que allí laboran –sea cierto o no, haya pruebas o no–, el rector está diciendo o bien que el objetivo de esas personas es ilegal, o bien que en la UDLA rige un sistema en el que el desacuerdo no puede manifestarse abiertamente sin temor a represalias. El objeto de la conspiración –Palou dixit– parece ser “vender la universidad”. ¿Es eso ilegal? Puesto que se trata de una universidad privada, yo supongo que deben existir en efecto los mecanismos para “venderla”, y que esos mecanismos pasarán necesariamente por el acuerdo de quienes puedan de forma legal tomar esa decisión. Si los conspiradores tienen esa capacidad legal, lo suyo no es un crimen. Si no la tienen, tampoco: a lo sumo, será un intento de convencer a quienes sí pueden tomar una decisión semejante. En el primer caso, no hay nada que perseguir. En el segundo, nos encontramos en la tesitura de que la disensión (elevada o baja, inteligente o estúpida) sea considerada criminal y tratada como tal. Que eso ocurra en una dictadura o en cualquier otra clase de régimen autoritario no es novedad, que ocurra en la UDLA quizás debería serlo. Convencer es una operación por la cual una inteligencia debe someterse al escrutinio de otra o de otras, y parece la clase de ejercicio intelectual que hallaría en las universidades su espacio privilegiado. Negarle a alguien la posibilidad de convencer es un acto de censura que, en cambio, parece típico de otros espacios. ¿Es oficial la teoría de la conspiración; es decir, compartida por todas las instancias de autoridad de la Universidad de las Américas y parte de su reglamento? ¿O es un retruécano pomposo del rector? Si es lo primero, la universidad debería dar explicaciones más claras. Si es lo segundo, también. |