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Puebla > Cultura
martes 29 de mayo de 2007

ARISTAS DE LA CIUDAD

La escultura y la decadencia de su propia poética

Elvia Sánchez de la Barquera


La temática en las esculturas se ha transformado respondiendo generalmente a intereses del momento, de tal manera que en la Puebla colonial predominaba el tema religioso, en la del xix entra tajante el racionalismo, que enfría cierto sentido de la expresión, y en la ciudad actual se insiste en la representación de héroes y próceres

A lo largo de la historia de la ciudad se ha podido apreciar poco de la escultura en espacios públicos debido a cambios políticos, tales como la guerra de la Inde-pendencia la que motivo eliminar la escultura ecuestre de Carlos III; las leyes de Reforma, que eliminaron esculturas con temas religiosos de los espacios pú-blicos, por lo que solamente se preservan algunas imágenes en esquinas y fachadas de ca-sas particulares, en atrios e interiores de iglesias, conventos y monasterios, así como en panteones; o bien a la ignorancia que eliminó en 1962 obras como la de Ortiz Monasterio frente al palacio municipal para colocar un enorme macetón en su lugar.
La temática también se ha transformado, respondiendo a generalmente a intereses del momento, de tal manera que en la Puebla colonial predominaba el tema religioso, en la del xix entra tajante el racionalismo que enfría cierto sentido de la expresión, y en la ciudad actual se insiste en la representación de héroes y próceres.
Ni hablar en los cambios de la calidad del trabajo, generalizando: en el pasado por ma-nos profesionales y ahora por cualquier tipo de arquitectos.
De lo que se conserva prácticamente contamos con elementos escultóricos desde finales del xix hasta nuestros días. En esos entonces predominaba la representación de la figura humana a la manera del mundo clásico. Bajo la academia se hicieron presentes varios ar-tistas mexicanos en el extranjero, destacando su participación en las ferias internacionales, donde las nuevas tecnologías pasarán a formar parte importante de las vanguardias.
Así, conservamos obras de artistas como Jesús Contreras. Para entonces, se mantienen los mismos leguajes estilísticos en Puebla que en México y en el mundo occidental, incluso algunos extranjeros como Atolini, dejaron obra aquí.
Pasando la etapa revolucionaria y posterior a ésta, se vivia la efervescencia del naciona-lismo y la consecuente representación indígena, primero en el campo pictórico y posterior-mente en el escultórico, hasta el establecimiento de la Nueva Escuela de Escultura. En Pue-bla, nos comenzamos a aislar. Para los 30 y en adelante la escultura empezó a ser cada vez menos frecuente; mas aun, se cuenta con trabajos de Canessi y de Ernesto Tamariz, de este último hasta el 62, por motivo del bicentenario de la guerra contra Francia.
En los 80 vuelvió un ejemplo de escultura “bien hecha” con Víctor Gutiérrez. Fin de la escultura figurativa. El resto carece de calidad desde cualquier sentido y ángulo que se le quiera ver.
En otros lenguajes y hasta la fecha sólo se cuenta con algunos ejemplos del geometris-mo (de los 60) y el resto ha de ser figurativo para poder ser aceptado, sin importar la calidad del trabajo, la composición, la intervención e interacción con el espacio, la inserción social y cultural, y mucho menos la propuesta conceptual en sí.
De la calidad del trabajo de nuestro pasado creo que depende en gran medida la concepción que tenemos sobre patrimonio, pues me atrevo a decir que domina un conformis-mo con pretender que el patrimonio sólo es parte del ese pasado, cuando se podría seguir en-riqueciendo hoy, incluso incorporando y retando ese pasado que hace el hoy y el mañana