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Tlaxcala
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viernes 25 de mayo de 2007 |
PARABÓLICAHugo Morales, camaleónicoFernando Maldonado
El magistrado del Poder Judicial en Tlaxcala, Hugo Morales Alanís, es un hombre que literalmente señala con la izquierda y cobra con la derecha. Cercano al proyecto del perredista Alfonso Sánchez Anaya en el periodo en el que gobernó el estado, decidió cambiar de aires y ahora sirve a los intereses de un gobierno emanado del Partido Acción Nacional (PAN) y, que por cierto, encabeza quien para el Partido de la Revolución Democrática es un “pelele” y un presidente “espurio”. No debe irle mal a quien ocupa la dirección adjunta del programa Oportunidades de la Secretaría de Desarrollo Social a nivel federal. Los emolumentos pagados a los servidores públicos del gobierno de la República no tienen comparación con los recibidos en el estado más pequeño del país. Morales Alanís es acompañante frecuente de la coordinadora de delegaciones de Sedesol, Myriam Arabian Couttolenc en su periplo por todo el país. Militante de Acción Nacional, esta funcionaria federal representa una de las corrientes más conservadoras de ese instituto político. Antes fue diputada federal y se ha distinguido por su combatividad en la arena política. De eso saben en el Partido Revolucionario Institucional quienes padecieron sus embates desde que se hizo candidata al cargo legislativo por el distrito 12 en la capital poblana. Hay quien encuentra en su ferocidad la fuerza del radicalismo. Mientras al magistrado con licencia se le recuerda como punta de lanza del proyecto político del gobernador Sánchez Anaya para hacerse del control del Poder Judicial, en ese afán expansionista que suele caracterizar a los hombres del poder, Morales Alanís y Arabian Couttolenc son, en algún modo, agua y aceite. Fue así que quien ahora representa los intereses del gobierno de la República desde Sedesol, sumergió en una profunda crisis al sistema de impartición de justicia cuando quiso ser presidente de ese poder, aventura en la que estuvo acompañado de un grupo de magistrados que se fue con el canto de la sirenas. El presiente en turno, Rufino Mendieta Cuapio, defendió con firmeza la independencia de esa esfera gubernamental. Fue una tarea tenaz y quien sacó la peor parte fue el ciudadano tlaxcalteca que no tuvo oportunidad de acceder a un sistema de justicia anacrónico y sumergido en una severa crisis política. Las salas de las que está integrada esa instancia vivieron una virtual parálisis laboral. Jueces y secretarios se mantenían pendientes de los sucesos que en forma cotidiana se vivían en el sistema judicial. La guerra por el poder entre Mendieta Cuapio y Morales Alanís llegó al extremo de pelear palmo a palmo el histórico edificio localizado frente a la Plaza de la Constitución. El alfil del gobernador Sánchez Anaya tuvo que despachar en la parte más alta del inmueble, una suerte de palomar al que sólo se podía acceder por una reducida escalera. Ahí fue confinado, junto con su grupo, hasta que el gobernador que quiso mandar en un poder ajeno al que representó, se fue del cargo. Entonces Rufino Mendieta permaneció hasta que jugó por una candidatura que se frustó; el gobernador perredista también se fue con la pena de la derrota de su cónyuge; Hugo Morales cambió de oficina, de la Plaza de la Constitución a Paseo de la Reforma, en donde cada quincena recibe un cheque del gobierno que para el PRD es objeto de escarnio. |