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Puebla > Cultura
viernes 18 de mayo de 2007

VÍA ALTERNA

Proliferan policías y ladrones en el ciberespacio

Juan Pablo Ramos Monzón

Persecuciones, sobrenombres, mafias y héroes policiacos participan en una guerra en la que la única arma es la tecnología, y las víctimas, todos los usuarios de internet. Son los estafadores cibernéticos y los policías de la red.

Cada vez que un programa nuevo se publica, crecen las posibilidades de utilizarlo para engañar a la gente y estafarla, a veces sin que se dé cuenta. Es por eso que han surgido grupos especializados en identificar a los autores de estos delitos.

Hace seis años se hizo un decálogo de los fraudes más comunes en el mundo realizados vía internet. La Comisión Federal de Comercio (FCT) de EU publicó una lista en la que figuran los 10 fraudes más comunes (www.delitosinformaticos.com) y que aún siguen siendo un peligro para todos los cibernautas.

La lista inicia con las subastas en las que el usuario puede recibir productos de menor valor al indicado o perder su dinero. Accesos a servicios de internet, que al aceptar llevan oculto un contrato que en caso de incumplirlo puede resultar en una penalización. Las tarjetas de crédito: algunos portales solicitan el número de tarjeta para realizar pagos, pero muchos de ellos sólo ocupan los datos para usar las tarjetas sin la autorización del propietario. Llamadas internacionales; aunque esta forma de comunicación no proliferó masivamente en México, es una forma de estafar por medio de un programa que se instala en las computadoras y que desvía al módem a una lada de mayor costo.

A éstos se suman los servicios para obtener páginas de internet personalizadas y “gratuitas” que terminan cobrando facturas elevadas, ventas piramidales fantasma, viajes y vacaciones falsas, oportunidades de negocio, inversiones que ofrecen seguridad de recuperación de un 100 por ciento y por último, uno de los más antiguos y que también encontró morada en la red: los “productos milagrosos”.

La cifra de usuarios de internet en México ha crecido vertiginosamente. En 2001, el INEGI reportó un total de 7 millones 47 mil 172 usuarios, cantidad que en tres años superó los 12 millones, y que en 2006 alcanzó los 18 millones 746 mil 353 cibernautas.

Es precisamente esta población la que está en la mira de los estafadores, y a la que se encarga de proteger grupos como la “policía cibernética”, que en 2003 desarrolló la Secretaría de Seguridad Pública. Además, algunas empresas dedicadas a la “caza” de virus han optado por crear redes sociales de protección; es decir, que todos los usuarios se conviertan en centinelas.

Un ejemplo de ello es el certamen de la Cybercrime Security Investigation Academy, organizado por la firma de productos antivirus Panda, en el que cualquier usuario de la red se puede inscribir para atrapar a un “cibercriminal”. Durante el concurso, que inicia esta semana, el usuario va obteniendo pistas y formas de detectar al prófugo. Con esta dinámica, los participantes aprenden a identificar un virus y se integran a un equipo social para eliminar el peligro real en la internet.

Otro caso de policías de la red es la agencia Ad Cops, que desde el año 2000 se ha especializado en recabar información de las tarjetas de crédito con el objetivo de identificar las que se están utilizando con fines de fraude. Inicialmente su base de datos la ponían a disposición de empresas como Visa, al mismo FBI y la CIA. Actualmente sus servicios los rentan también a personas y pequeños comercios.

La investigación de Ad Cops sobre delitos cibernéticos les ha permitido tener conocimiento de casi cualquier forma de fraude, a tal grado que han creado el Museo Virtual del Fraude, donde describen cada una de las formas para perpetrar uno.

Según los directores de esta empresa, la información que se enseña en el museo no representa un peligro para que nuevos criminales la utilicen, pues son estafas que ya existen y que ellos ya saben cómo identificar; por el contrario, poner el conocimiento a disposición permite que la gente sepa el riesgo que puede correr en ciertas transacciones.

Si bien las acciones realizadas en internet son virtuales, muchas repercuten en la realidad. Así las ventajas que uno puede conseguir en los negocios electrónicos, por ejemplo, también pueden resultar en fraudes y pérdidas materiales y económicas.

La corrupción se ha trasladado al mundo virtual, y ahora entrar a la computadora no es entrar a un mundo libre de peligros. No obstante, navegar por internet no es sinónimo de riesgo; todo depende de saber a qué lugares –como en la vida real– entrar y con qué tipo de personas hacer tratos. En tanto, los guardianes de la red siguen combatiendo contra los criminales en una lucha en la que se aprovecha al máximo la tecnología.