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Puebla > Cultura
viernes 18 de mayo de 2007

ENTREPANES

Historia de una pasión

Alejandra Fonseca

Su pasion brota por cada poro de la piel. Explota cual volcan. Es un torbellino cada momento de su vida. “Morire de intensidad”, confiensa orgulloso. Se siente sobrado porque !como yo, nadie! Tiene razón. Joven. Guapo. Intenso. Brillante. Apto para responder con vigor rapido y exaltado ante las adversidades de la vida. Enloquece a las jovenes entre sus brazos. A las mujeres maduras, más. Excelente amante. Nadie se resiste al probarlo. No lo dejan. él lo presume. Es cierto.

Se descubrió en su niñez. Agarró vuelo en la adolescencia. Aprovechó su juventud: “No la dejé pasar. Me la bebí toda. Completa. Agoté lo inagotable sin agotarme. La vida es excelsa conmigo. Soy asi siempre y en todo”, repite a quien escucha. Es verdad.

No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo aguante, reza el refran. Su mal es su mayor haber. Su máximo orgullo. El sine qua none de su existencia: la pasion desmesurada. Era la mayor virtud a desarrollar y ahora lo hundía. La dejó crecer incontrolable. Confundió virtud con don.

Siempre hay un problema en la vida que pone a prueba de qué estamos hechos y lo que hace falta para resolver, no lo tenemos. Lo que somos no es lo que se requiere. Se necesita lo opuesto de lo que define, de lo aprendido. No falla.

Le llegó el más grande, el mayor, el máximo problema. No por grave, sino por definitiorio. Apeló a su don y complicó la situacion. Incompetencia total. Días y noches enteras y eternas de desvelo y angustia buscó respuesta. Buscó con pasion lo faltante. Preguntar por qué no sirvió. Preguntó para qué y se salvó. Le atinó: su don tenía que convertirse en virtud. De padecer había que controlar: De lo ardiente, la inconmesura, la vehemencia incontrolada, la perturbacion de la razón, de la pasión, había que pasar al cálculo, al minucioso analisis frío y objetivo. Lo hizo con pasión. Y se salvó.