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Puebla > Estado
jueves 10 de mayo de 2007

En diferentes formas, madres de distintos sectores de la sociedad poblana celebran el 10 de mayo

Javier Puga Martínez

Entre la soledad y el abandono, entre vivir al día y la esperanza de un futuro mejor y entre ver el crecimiento de los hijos y la satisfacción personal, es como algunas mujeres poblanas de distintos sectores sociales llegan a un festejo más del 10 de mayo. Aunque hay quien reconoce que se trata de una fecha comercial donde los más beneficiados son los comercios, también existe quien asegura que ser madre es la mejor experiencia que hay en la vida, y las penas y sufrimientos que se padecen, son recompensados con la sonrisa de un hijo.
Dominga Vélez González nunca imaginó que la vida le cambiaría totalmente justo a los tres meses de que nació su primer y único hijo. Su esposo, el único sostén de la recién formada familia, falleció inesperadamente y tuvo que buscar inmediatamente trabajo para pagar el funeral y correr con los gastos de su recién nacido.
Después de pasar un tiempo sin encontrar empleo, una amiga le dijo que una familia adinerada de la ciudad necesitaba de alguien de confianza y tras una entrevista, se convirtió en ama de llaves de esa familia, la cual Dominga Vélez prefirió reservar su nombre.
Ahí pasó lo siguientes 40 años de su vida, sirviendo a quienes la contrataron, y posteriormente a los herederos de éstos. Cuando cumplió 65 años de edad, decidió retirarse de trabajar, pero para evitar problemas con su nuera, con el apoyo de sus antiguos patrones ingresó a la residencia para adultos mayores de la Fundación Gabriel Pastor, lugar donde ha pasado la última década de su vida.
En el asilo, Dominga Vélez convive con otros 76 residentes de los cuales 54 son mujeres. Platica muy poco con sus demás compañeras, pues sus amigas ya murieron de vejez y de enfermedades. Su hijo la visita cada fin de semana, aunque a veces lo hace a diario. La mayoría de las residentes fueron madres, y algunas portan con orgullo sus anillos matrimoniales, pero algunas más hace años que perdieron la noción del tiempo y del espacio.
Ayer, el presidente del patronato de la Fundación Gabriel Pastor, Bernardo Fernández Meyer, y la directora del lugar, Irma López, organizaron el festejo del día de las madres donde participaron todas las residentes, ya que ahí no se hacen distinciones sobre quienes lo son y quienes nunca concibieron un hijo. “Algunas fueron profesoras que no tuvieron hijos, pero una maestra es una segunda madre para muchos estudiantes”, indicó la directora.
Este día, Dominga Vélez no espera mayor regalo que el afecto de su hijo, y aseguró que el regalo más valioso que puede recibir una madre este día “es que los hijos sean sinceros, que entiendan que el cariño que les tiene uno y las llamadas de atención son por su bien. Uno intenta demostrar el cariño y todo lo que se hace es con el objetivo de que más tarde sean buenos padres”.
“Cuiden a su mamá y demuéstrenle su cariño ahora que todavía la tienen”, recomendó la mujer, quien apenas puede contener las lagrimas en los ojos.

Mamá ambulante

Ana Karen dio a luz hace un año a una niña a la que puso por nombre Dafne. Por el momento no está interesada en tener más hijos y aunque afirmó que su pequeña es su mayor satisfacción, resulta complicado darle atención, sobretodo en horas de trabajo.
Ella es propietaria de un negocio ambulante de artículos de belleza para mujeres, en la calle 5 de Mayo y 6 Oriente, en pleno Centro Histórico. Su jornada laboral comienza a las 12 de día y termina hasta pasadas las 9 de la noche, de lunes a domingo.
Por esa razón, hoy 10 de mayo será un día como cualquier otro. Lo importante será obtener las ganancias del día ya que la mercancía que ofrece a los transeúntes no es propia, sino que la trabaja por comisión que no es superior al 15 por ciento.
“Es difícil porque mientras mi hija llora y exige atención, tengo que atender a la clientela primero, porque si no de donde sale para vivir”, afirma la joven madre que apenas supera los 20 años de edad.
Dijo que cuenta con el apoyo de su pareja, y que sólo ayudándose mutuamente es como han podido salir adelante para pagar renta, agua, luz, alimentos, y las medicinas de Dafne, quien se enferma con cierta frecuencia. “Él antes tocaba la guitarra, pero se la robaron. Ahora vende bolis por la mañana y chocolates en la tarde. Al mes tenemos que juntar más de mil 600 pesos”.
Relató que no quiere que su hija sea vendedora ambulante como ella. Por ello la va a inscribir en una escuela y se va a asegurar que termine sus estudios hasta la universidad. “Mi mayor satisfacción como madre es cuando mi hija me regala una sonrisa”, aseguró Ana Karen, al mismo tiempo que ella esbozó una sonrisa también de satisfacción.

Mamá funcionaria

Aunque desde hace dos años y medio su principal trabajo consiste en atraer turistas nacionales y extranjeros a la ciudad de Puebla, así como promocionar a la capital del estado como uno de los destinos turísticos de mayor importancia del país, Marcela Domínguez Cuanalo, directora de Turismo del ayuntamiento de Puebla, dijo que es madre de cuatro hijos y abuela de tres nietos y que ellos son su vida misma. Su trayectoria profesional es el mejor ejemplo que le puede heredar a su descendencia, agregó. “Servir y crear hombres y mujeres de bien es una gran satisfacción”.
Dijo que enfrentar un divorcio, como el que ella pasó, fue difícil porque tuvo que controlar su estado de ánimo y la depresión en la que cayó. Sin embargo, salió adelante en su trabajo profesional. “Te vuelves el ejemplo de la familia y la perfección es difícil alcanzarla porque tienes que ser madre, esposa, hija, funcionaria pública, amiga, deportista, intelectual, todo eso es un reto porque es mucho por hacer y pocas las horas del día. Pero es incomparable la satisfacción que tienes al ver a tu familia. Me considero amiga de mis hijos”.
Este día, Marcela Domínguez lo celebrará en compañía de sus hijos en algún restaurante de la ciudad, y recibirá como regalos algunos detalles creativos que ellos mismos hacen.