HASTA ADENTRO
Monotemático
Marko Castillo
Lo malo de tener una columna monotemática es que a veces sucede que uno se quiere dejar ir tan sólo por el influjo de las fechas o las efemérides a celebrar, y si se tiene seco el cerebro, pues simplemente uno puede ponerse a darle vueltas a algún suceso cotidiano, a algún tema de moda, a algún punto de crítica y se resuelve el conflicto del tema a tratar en una columna semanal.
Pero al ser monotemática la columna, como lo es el caso de la presente, por convicción propia, es harto complicado el pergeñar, sacar, preparar, conseguir, te-ner el tema fresco en lo que a actividad artística local y a la actividad teatral en particular pueda dar para alimentar esta columna semanal que se publica desde hace cinco años.
Si nos vamos por las efemérides, podemos hablar de los trabajadores teatrales y el descobijo sindical que vivimos a diario si nos referimos al 1 de mayo. O po-demos comentar la fidelidad teatral que en los años de la Reforma tenían dos mu-jeres de la época: la emperatriz Carlota y la primera dama, Margarita Maza de Juárez. El papel que el teatro jugaba en este momento histórico. O podemos ha-blar de las madres actrices, si nos referimos al 10 de mayo, que no son precisamente ejemplo de sacrificio maternal y entrega absoluta a los hijos. Obvio porque hay que trabajar en el espectáculo, pero por lo menos se les celebra el coraje de ser madres con lo que esa condición lleva a cuestas para una actriz. Hay algunas que dicen que se puede ser madre y actriz; seguramente lo afirman quienes no son actrices.
Están los maestros que imparten teatro. Ésta es una especie de la que muy poco se habla a pesar del papel primordial que juegan en la preparación de las futuras generaciones de ejecutantes. Los maestros de teatro son los que imparten esta materia en escuelas de educación media básica y superior y tienen licenciatura para ello, son los más comunes. Pero los especialistas; pedagogos escénicos son los que proporcionan elementos y encauzan la vocación de las nuevas generaciones de actores, directores y otros especialistas en las artes escénicas.
Es curiosos que este maestro es el menos reconocido en el mundo del teatro, porque no necesariamente el maestro, mentor, profesor, pedagogo, tiene que ser un ejecutante prodigioso o un genial director de teatro. Generalmente no lo son, con sus honrosas excepciones. Sobre todo al considerar que el verdadero maestro se siente transportado cuando logra crear a un ejecutante totalmente independiente que cuenta con los elementos necesarios para levantar, con sus propias ideas y su propia capacidad un espectáculo escénico.
Las horas pasadas en las aulas se convierten en fuente de sabiduría, porque se lleva la fórmula ensayo–aplicación hasta lograr un objetivo artístico, que muchas veces es mostrado al público como parte del proceso de formación.
El buen maestro de teatro es aquel que lanza a la vida artística cotidiana a elementos lo suficientemente preparados para encarar cualquier riesgo artístico en lo que a teatro se refiere. Existen los malos maestros que pueden mal formar y echar a perder las inquietudes artísticas de los ejecutantes. Pero allí es cuestión de suerte y de la propia búsqueda de los ejecutantes para sacar adelante la maravillosa actividad que el teatro representa. Cada quién carga con su propia responsabilidad.
Saludos a los verdaderos maestros de teatro cuya aportación se notará al paso del tiempo.
Creo que nuestras autoridades culturales deben hacer un reconocimiento especial a los maestros especializados en las artes.
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