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Puebla > Economía
martes 24 de abril de 2007

El trabajo infantil entre jornaleros y menores indígenas duplica las tasas “normales”: INEGI

Ernesto Aroche Aguilar

El problema del trabajo infantil en el estado, calificado como de alta incidencia según el último estudio publicado por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), se agrava cuando se observa lo que sucede en las poblaciones indígenas y entre los menores jornaleros. Ahí, de acuerdo con una evaluación realizada por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) federal, y el Fondo de las Naciones Unidad para la Infancia (Unicef), el uso de la mano de obra infantil no sólo se duplica, además se pagan salarios que no superan en promedio el salario mínimo.

Se trata de un problema, según la Unicef, que ha permanecido mucho tiempo oculto o que se asume como una cotidianidad cultural. Al menos así lo observó hace casi un mes el presidente municipal de Xicotepec de Juárez, Carlos Barragán Amador, cuando reconoció que al cultivo del café en la zona serrana al norte del estado llegan trabajadores jornaleros, en su mayoría de origen indígena, muchos de ellos arrastrando a la familia.

“Para los cafetaleros se trata no sólo de una realidad: el trabajo infantil es casi condición innata de la cultura de la región”, explicó el pasado 29 de marzo en una entrevista que concedió a La Jornada de Oriente: “Aunque sabemos que está prohibido que los menores trabajen, allá en las fincas y zonas rurales se va toda la familia, incluso las mujeres con sus hijos de pecho ahí andan cortando grano, los sábados y los domingos los menores se van con los papás a las plantaciones a recolectar el café”.

Y reconoció: “últimamente he visto los comerciales de que eso está prohibido, pero ahí el trabajo se les da de una forma natural, porque es el pan de cada día, con cinco o 10 kilos que recolecten al día en algo habrán ayudado a la economía familiar. Allá ha sido de toda la vida que los hijos acompañen a sus mayores a la colecta.

“Los sábados, por ejemplo, se los llevan a recoger, o si la finca en donde trabajan está cerca los menores van a la escuela en la mañana y en la tarde alcanzan a sus familiares para seguir recolectando”.

–¿De esos 40 mil, cuántos serían menores, hijos de cortadores que acompañan a sus padres? ¿Tiene algún porcentaje?

–No te podría dar ese dato porque es muy variable.

De hecho la región cafetalera poblana, junto con nueve regiones más, está considerada por la Unesco como una de las zonas en donde se observa una “alta cifra de niñosy adolescentes trabajando”.

Sin enseñanza y salarios raquíticos

El trabajo infantil en las comunidades rurales e indígenas efectivamente es una cotidianidad explica el estudio del INEGI: “El trabajo infantil en México”, publicado en el 2005, pues si a nivel nacional la tasa de participación en el trabajo de los infantes menores de 14 años fue del 18.7 por ciento entre los niños y niñas indígenas se alcanzan cuotas que superan el 35.9 por ciento.

Pero además, según el mismo estudio, “en el trabajo económico que realizan los niños y niñas indígenas nueve de cada 10 son trabajadores que no reciben ningún pago por su trabajo, situación mucho más aguda que a nivel nacional, donde seis de cada 10 son obreros no pagados”.

Si bien, hasta el momento no se tienen cuantificado el número de menores poblanos de origen indígena que migran junto con sus padres a las cosechas se tiene contabilizado que a nivel nacional aproximadamente 350 mil niñas y niños abandonan sus comunidades de origen para trasladarse a otras entidades del país en búsqueda de trabajo e ingresos.

Lo que se tiene claro, según la Secretaría de Educación Pública, es que menos del 10 por ciento de estos niños y niñas asiste a la escuela. “Muchos de ellos suspenden sus estudios debido a complicaciones administrativas por cambiar de lugar de residencia. Debemos tener en cuenta que la inasistencia escolar está directamente relacionada con el inicio de las actividades laborales por estos niños y niñas. En este grupo se registra el más alto grado de rezago educativo del país, según datos del Programa de Educación Primaria para Niños y Niñas Migrantes (Pronim).

Pero además “las niñas y los niños jornaleros presentan altos grados de desnutrición. En investigaciones recientes se muestran porcentajes de desnutrición estimados en 84.6 por ciento”, sentencia tajantemente el estudio: “Las niñas y los niños jornaleros migrantes de México, condiciones de vida y trabajo”, presentando en la III Conferencia de la Red Latinoamericana y del Caribe de Childwatch International” y firmado por la investigadora de la Universidad Pedagógica Nacional Teresa Rojas Rancel.

Bajos niveles educativos

Un rezago educativo de los menores jornaleros se vive cada vez con mayor intensidad, pues la atención por parte del Pronim es apenas un paliativo, “pues apenas cubre al 4.1 por ciento de los niños jornaleros” y ha ido en detrimento, según se observa en el Diagnóstico sobre la condición social de las niñas y niños migrantes internos, hijos de jornaleros agrícolas”, que publicaron el año pasado la Unicef y la Sedesol.

En documento se informa que al menos en Puebla los menores atendidos por el Pronim entre 2001 y 2005 se redujeron a casi la mitad, al perderse la atención de cerca del 46 por ciento.

Eso sin contar que la atención de estos menores apenas alcanza un 2.76 por ciento de la demanda potencial. “Si se repara en los porcentajes actuales de atención a esta demanda educativa por parte del Programa Educación Primaria para Niñas y Niños Migrantes, la situación actual de estos niños migrantes, trabajadores y no trabajadores, sigue siendo crítica respecto a su acceso a la educación”.