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Puebla > Cultura
lunes 2 de abril de 2007

DEL HECHO AL DICHO

De cómo las finas damitas insertan en las instituciones los temas cardinales de la cultura doméstica

Manuel de Santiago

No es que la cultura doméstica carezca de valores, los tiene de sobra y muchos de ellos son los que conforman las características del mexicano. Aquí, me refiero a que las finas damitas trasladan las formas de ese ámbito casero –privado– al espacio público del trabajo.

El control estricto del horario del personal, que ejercen celosamente las “finasdamitasjefas”, no corresponde a las propuestas de un trabajo profesional y creativo, ni a la productividad de los empleados. Lo mismo sucede con la apariencia de los trabajadores, que se cuida sea impecable, instándolos a usar el uniforme; medias y tacones para las mujeres y corbatas para los varones, exigencia que tampoco está acorde con la capacitación especializada que debería dispensárseles.

El problema principal es que es muy difícil remontar tantos años de habitar en un mundo hogareño reducido, con cierto aislamiento del resto del entorno social y penetrado hasta el tuétano por una televisión con una barra matutina cuya programación y contenidos temáticos están “dedicados” a las amas de casa. Consejos de belleza para seguir siendo atractivas para el marido; chismes de la farándula cuyos personajes son ejemplos a seguir; bombardeo inmisericorde de anuncios de productos para la casa; telenovelas con tramas fantasiosas que pretenden retratar la realidad; consejos de supuestos especialistas para educar a los hijos mediante fórmulas invariables, recetas de cocina, testimonios de un catolicismo ultraconservador, difusión y promoción de una sexualidad ñoña, etcétera.

Después de ese intenso, largo y pernicioso tratamiento descerebrador las posibilidades reales de que alguna persona pueda elaborar un pensamiento lógico son muy remotas. No hay necesidad de crear zombis mediante pócimas y conjuros de brujos o chamanes; la televisión, compañera infaltable de los hogares y escuela de la vida, produce la “conversión” deseada por los manipuladores y negociantes para favorecer sus intereses, comerciales, ideológicos y políticos.

Puestos en este escenario vamos a celebrar el cumpleaños de fulanita o de fulanito para demostrar que tan buenos jefes somos. Vamos también a trabajar por encimita, a favor de las apariencias, porque queremos que las cosan se vean, que luzcan bonitas y llamativas.

Definitivamente, las capacidades de las mujeres están más que demostradas, así como sus áreas específicas de habilidad, pero yo les diría a los papás jóvenes y a los educadores: no engendren “finas damitas” con destino al altar y a las labores propias de su sexo, creen seres plenos dándoles oportunidades iguales a las niñas y a los niños. Si así fuera “otro gallo nos cantaría en este bonito país”.