ENTREPANES
Ahora es peor
Alejandra Fonseca
Se miraron y gustaron. Jóvenes los dos con el futuro por delante, ella permitió el cortejo. Él, galán; ella, princesa. Cada encuentro era un baile de flirteo sin fin. Vestidos con sus mejores galas, deambulaban por el parque central del pueblo. Ambos de familias acomodadas y de buenas costumbres, eran vistos con buenos ojos por la gente que los miraba pasar.
Con el tiempo formalizaron su relación. De manera oficial salían como novios siempre con chaperón. Él daba su mejor sonrisa, ella su mejor contestación. Tomaban helado, y de la mano, caminaban por las calles céntricas del lugar. La gente los miraba con buenos ojos y pensaban: ¡Qué bonita pareja vemos pasar!
Después de dos años, se comprometieron en matrimonio: él pidió su mano y la familia de ella, se la dio. En elegante fiesta y grandes galas el anillo en el dedo anular le colocó. Y felices todos, brindaron por el bien de los dos.
Gran boda con vestido blanco, frac y madrinas se celebró. Felices partieron a su luna de miel. Regresaron más enamorados. Iniciaron su vida conjunta: tuvieron cinco hijos: Ella se dedicó a las labores del hogar y criar a los hijos; él a trabajar y proveer a la familia y al hogar.
Pasaron muchos años. Muchos. Llegaron a viejos juntos. Quedaron solos y quietos. Sin actividad alguna más que estar uno frente al otro y ver televisión. Sin nadie más a quien hablar pero entre ellos el silencio reinó. No sabían qué decirse hasta que empezaron a pelar. El reproche se hizo cotidiano. Se dijeron lo que se habían guardado. No pudieron contenerse.
“No nos conocimos, –dijo la anciana como justificación. Él siempre trabajó. Se iba con sus amigos hasta altas horas de la madrugada y fines de semana jugaba golf. Yo en casa con los hijos, siempre los hijos. Cuando se fueron, quedó el vacío. No nos conocimos. Tantos años juntos y como extraños. Estamos juntos pero solos, cada quien con su pequeño mundo que nunca rozó al otro. Eso fue nuestro matrimonio. Eso era el matrimonio antes. Ahora es peor.
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