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Puebla > Cultura
martes 6 de marzo de 2007

DEL HECHO AL DICHO

La maestra de “de veras”

Manuel de Santiago

No me refiero en este artículo como “la maestra” al conocido personaje de la picaresca política mexicana, que ha dado mucho de que hablar –negativamente– en los últimos tiempos.

Sin embargo, “la maestra” se dignifica plenamente cuando se aplica a las personas que son dignos ejemplos para la sociedad por su devoción en el trabajo, en la formación educativa de los niños y los jóvenes. Son aquellas personas que usted y yo reconocemos por su compromiso permanente, por su amoroso trato, por su empeño para que aprendamos y por su firmeza para no solapar la deshonestidad ni la flojera; aquellas personas que recordamos con gratitud y con cariño y que siempre tendrán un lugar importante en nuestras vidas, por más que pasen los años.

Este es el caso de “la” maestra Marina Sentíes Lavalle que formó a decenas de generaciones de estudiantes a lo largo de una vida dedicada a la docencia. No quisiera aquí hacer una pormenorizada exposición de sus méritos académicos y distinciones, que son muchos; sino hacerle un modesto reconocimiento a su gran valor humano –tan escaso en estos tiempos– ya que he conocido muchas cosas de ella a través quienes fueron sus alumnos y en particular de una de sus alumnas más devotas.

Originaria de Veracruz, la maestra Marina Sentíes se trasladó a vivir a Puebla con su familia en donde concluyó sus estudios básicos, continuando con los medio superiores y formándose profesionalmente en el Colegio del Estado, hoy UAP, con la carrera de Química farmacobióloga. Aun cuando realizó estudios de mineralogía su vocación hacia la docencia la condujo a impartir clases en diferentes niveles de la instrucción, incluyendo, por supuesto, la enseñanza universitaria.

Fue en el Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec donde la maestra Marina, al cargo de la dirección de la escuela preparatoria y de la impartición de diversas asignaturas, permaneció por espacio de 40 años en forma ininterrumpida logrando dotar de un gran prestigio académico a la escuela y dejando una huella que ha trascendido a la misma y se ha extendido al resto del estado y otros lugares de nuestro país.

Muchos han sido los reconocimientos que le han otorgado a la maestra Marina, pero nunca serán pago suficiente a su extraordinaria labor. Quienes de jóvenes se enfadaban por la determinación de sus decisiones hoy, conmovidos, agradecen a la maestra su orientación y guía. En estos tiempos no hay muchos maestros como ella; por desgracia campea en el medio magisterial, como en muchos otros, el burocratismo, la falta de compromiso, la indiferencia ante los muchachos, el chambismo y otros males. Por eso en 2007 que se celebran los 50 años de existencia del CENHCH recordemos a quien acompañó a esta escuela sus primeros 40, entregándole lo mejor de su talento y de su esfuerzo.

¿Verdad que no a cualquier persona se le puede llamar “la maestra”?

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