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Puebla > Política
martes 6 de marzo de 2007

SUBEYBAJA

De elecciones y reelecciones

Ramón Beltrán López

Prácticamente no ha habido presidente municipal que no se pronuncie por la reelección inmediata. “Es que en solamente tres años no nos da tiempo de construir obras de gran magnitud e importancia”, es el argumento más importante (o el único) que se esgrime una y otra vez. Pero esto sucede cuando están en el poder. Mientras tanto los aspirantes a este cargo se oponen a la reelección, o guardan silencio al respecto. Simplemente porque ven en peligro sus aspiraciones ante la pretensión de los ediles que están en el poder por prolongar sus mandatos.

Los diputados en funciones también se pronuncian a favor de la reelección inmediata, y para ellos el argumento que sustenta su petición es que ya aprendieron la ardua labor legislativa y que en consecuencia no es conveniente desperdiciar sus nuevos conocimientos y, aún menos, el invertir más tiempo y dinero en preparar a nuevos diputados que ingresan tan ignorantes e inexpertos como ellos lo estaban al inicio de su gestión.

Y como en todo nada es verdad ni es mentira, porque ambos argumentos tienen sus asegunes.

En el primer caso, el de los alcaldes, ellos parten del supuesto de que su gestión ha sido satisfactoria y, en consecuencia, deben conservarla por tres años más para que consoliden su magna obra. La juzgan desde su particular punto de vista. Todavía no conozco a uno que piense o confiese que como lo ha hecho tan mal no debería ser reelecto. Todos creen que su mandato sería maravilloso en caso de durar seis años, aunque sus gobernados respiren aliviados cuando estos se van, y seguramente sufrirían de serias preocupaciones en caso de que estos alcaldes se quedaran, ya más mañosos y abusivos, por tres años más. Basta revisar las denuncias y protestas ciudadanas en el Congreso del estado para saber que no miento.

Pero hay otro factor importante: toda vez que el control sobre la difusión de la obra pública en los medios de comunicación es tan incipiente, frágil, imprecisa, el alcalde en el poder echaría mano de todos los recursos a su alcance (los del erario por supuesto) para proclamarse el salvador de la patria y la esperanza del federalismo. Y eso lo vemos todos los días. ¿Cómo puede un candidato –o precandidato– de otro partido (y aún de su mismo partido) enfrentarse a la maquinaria propagandística de un alcalde en funciones? Imposible. Presupuesto mata carita y popularidad.

Creo que en nuestra incipiente, frágil e imperfecta democracia esto no se debe permitir.

Por otra parte el argumento de la cortedad del periodo es muy discutible, simplemente, porque si los presidentes municipales y los cabildos se ciñeran a los planes de desarrollo aprobados previamente las obras tendrían una continuidad que rebasaría los periodos de tres años y no quedarían obras inconclusas. Pero como el ego vence a cualquier programa y a cualquier plan de desarrollo. Una vez que se alcanza el poder se echa a la basura todo lo planeado en periodos anteriores y se procede a diseñar uno nuevo... pero solamente para que lo obedezcan los siguientes alcaldes. Los que nuevamente harán lo mismo. Recuerden, para citar solamente dos, el Plan 2031 de Paredes o el Programa Municipal de Desarrollo de Mario Marín.

Porque los planes de desarrollo se elaboran de espaldas a la población civil. A esta ni se le pregunta ni se le participa. ¿O es que alguien opinó acerca del Angelómetro de Luis Paredes o acerca de su “Casa de la Ópera”, o de cualquiera otra de sus otras fumadas?

Simplemente porque los cabildos son electos en planilla, junto con el presidente municipal, y quienes integran la planilla saben a quien le deben su inclusión en ella: en consecuencia y durante tres años votan a favor –en bloque– todo lo que se pone a su consideración. Y así, cada tres años, reinventan la ciudad, descubren el agua tibia e inventan el hilo negro. Pero no tienen ningún interés por dar continuidad a las obras iniciadas en periodos anteriores.

¿Ejemplos? La Avenida Las Torres-Vicente Suárez-Xonacatepec, avanzó desde la Malinche hasta la 11 Sur en dos periodos municipales y se detuvo por nueve años. Hasta que el gobierno estatal construyó el tramo de 11 sur a Atlixcayotl.

El relleno sanitario construido en 1995 requería de una planta de separación y reciclamiento de basura para prolongar su vida útil. Hasta la fecha, 12 años después la basura se sigue mezclando en los camiones y se entierra sin separación ni clasificación alguna. Ni que decir del uso del uso del biogas producido por la basura para generar electricidad.

La basura y su disposición final, problema delicado y explosivo, ni siquiera ocupa un lugar en los informes de gobierno.

Por lo que hace a los legisladores, la posibilidad de su reelección inmediata, que en algunos casos tendría implicaciones positivas por sus conocimientos y experiencia, debería estar condicionada a la desaparición de la figura de los diputados y senadores de representación proporcional, toda vez que esta figura solamente ha servido para que las dirigencias de los partidos paguen cuotas de poder y favores a grupos o personas que de otra manera no ganarían una elección. Entonces sí, con puros legisladores de mayoría, la disputa por la reelección estaría basada en los méritos personales y el compromiso con los intereses de sus votantes.

De otra manera se crearía una nueva generación de “chapulines” brincando de un puesto a otro; de la representación de mayoría a la de representación proporcional. Aparte de la generación actual que ya lo hace, de cámara a cámara y de partido en partido.

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