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Puebla > Cultura
miércoles 28 de febrero de 2007

MEDIEROS


Alabanza en boca propia es vituperio

Ana Lidya Flores

El lunes 19 de febrero uno de los miembros del duopolio televisivo inició su más reciente estrategia de autopromoción, ahora a través del libro de fotografías Televisa presenta. Mis alumnos inscritos en el curso “Periodismo de Radio y Televisión” padecieron simultáneamente la transmisión: nueve minutos de lo que calificaron como la peor modalidad de la entrevista: aquélla en la que el entrevistador se coloca de tapete frente al entrevistado. En el afán de agradar, Joaquín López Dóriga hizo una entrevista a modo a la fotógrafa Gabriela N., co–autora del libro.

Lo espeluznante del asunto es que la fórmula estrenada en la noche de lunes se repitió, de manera insultante, en el resto de los programas del consorcio televisivo. Al día siguiente, misma entrevistada, misma rutina, diferente entrevistador, diferente medio: Carlos Loret de Mola en su programa radiofónico de las 13 horas. Aquí, Loret se explayó en su propia fotografía: que si de perfil se veía más gordito, y que si de frente quedó más guapo.

Pero ahí no termina el asunto. Siguió con los hipercríticos muchachos de El Weso (W Radio, 19 horas) y por ahí se fue el tour de medios de los fotógrafos. Lo último que escuché fue en un programa de radio conducido por Jordi Rosado. Era la noche del viernes, cerca de las 9. Aquí, Gabriel y Gabriela, la dupla de fotógrafos, también hablaron de la maravilla que representa vivir de la pasión de la fotografía y cobrar por ello. En eso sí estuve de acuerdo.

En lo que no, y tengo que reconocer mi culpa, es que la condición de infoadicta no me ha llevado a una compra compulsiva de índole editorial: no salí corriendo rumbo a Sanborns, Gandhi ni alguna otra de las librerías que venden el tal ejemplar en 500 y pico de pesos. Ya les pregunté a todos mis cuates, y ninguno ha sido víctima de la feroz campaña de Televisa. Como todos somos hipercriticones, y entre nuestro martirologio no está Roberto Gómez Bolaños ni las otras celebridades del tal canal de las estrellas, pues probablemente ahí está la explicación. Prometo preguntarle a los devotos de las telenovelas, los noticiarios y los programas de comedia. A ver si ellos sí salieron corriendo a comprar su libro Televisa presenta. Quizá ésa sea la prueba irrefutable de que aún funciona teoría de la aguja hipodérmica, o bien, si el ejemplar no se vende de manera masiva, la comprobación del célebre refrán “alabanza en boca propia es vituperio”.

Oscar contra Lety

Y para iniciar bien la semana, el domingo 25 de febrero los miembros del duopolio televisivo perdieron el estilo en la batalla por el rating. Si bien en noviembre de 2006 hicieron un acuerdo para denostar la eventual integración de una tercera cadena televisiva, demostraron que ese acuerdo fue temporal, para unirse en contra de un tercero en disputa. Pasado aquel episodio, Televisa y Televisión Azteca emprendieron una feroz batalla protagonizada por una entrega de premios y el final de una telenovela.

Desde las primeras horas de la mañana del lunes, Carmen Aristegui mencionó el fenómeno. A saber: en un hecho inédito en la programación de las telenovelas, Televisa decidió pautar el final de La Fea más bella, que de acuerdo con los reportes de Ibope, contaba con un amplio público cautivo. Sin embargo, los datos de la empresa especializada en realizar mediciones de audiencia no estuvieron disponibles hasta bien avanzada la mañana.

El Universal on line reportó que el final de la telenovela superó al programa competidor por 33.5 unidades de rating. El dato provino del programa radiofónico Reporte “ltima Palabra, según el cual la telenovela obtuvo 43 puntos, frente a los 9.5 de la 79 Entrega de los óscares. En cortas y breves: por más que se promovió la figura de los cineastas por el abultado número de nominados mexicanos, los datos revelan que la audiencia tiene puestos los ojos en las telenovelas. Eso no es ninguna novedad, aunque sea una fea manera de constatar en dónde está el interés de los televidentes.

¿El poder del rating o el poder del televidente?

(Noé Bautista)

En las oficinas de los productores de las dos televisoras nacionales y en las propias de las televisoras locales se puede percibir algo similar: angustia. De unos meses a la fecha hay una creciente preocupación en quienes tienen por negocio llevar información y entretenimiento a nuestros hogares. Tal preocupación se debe en la tendencia a la baja del rating de las producciones televisivas nacionales. Pese a que se han hecho algunos cambios en el contenido de dichos programas como producto de estudios de audiencia y de mercado, la tendencia continúa a la baja. Ni siquiera importando historias de Colombia y Argentina con todo y escritores, directores y productores, se ha podido levantar el rating a los índices dichosos de la década de los 80 y anteriores. La gente que está en la televisión no sabe lo que está pasando. Algunos se muestran aún más sorprendidos porque, según la aprobada y controvertida ley Televisa, no hay impedimento alguno para tener cautivo al televidente, a quien la “otra ley” pretendía proteger. ¿Será acaso, se preguntan los más lúcidos, que el televidente sí es un ser pensante? Pues sí.

El televidente es un sujeto pensante y activo que toma decisiones en cuanto a su relación con el televisor. Esa vieja imagen del televidente pasivo que, sentado frente al televisor, absorbía todo lo que le mostraban ha caído en desuso. Los famosos efectos de la televisión en la audiencia están convirtiéndose en, como Eco apunta, en los efectos de la audiencia sobre la televisión. El fenómeno de la baja en el rating muestra el poder que el televidente tiene en el fenómeno televisual con consecuencias en su dimensión televisiva. La causa de este problema probablemente sea la diversidad que en torno al aparato televisor existe actualmente, además de la facilidad de acceso a tal diversidad. La televisión se está transformando en un visor en el que bien se puede ver programación nacional o porgramación extranjera, cine o jugar. El televidente puede apagar su televisor o seleccionar cualquiera de las opciones anteriores, y entre ellas ver televisión abierta es la última alternativa.

Recomiendo al lector de “Medieros” haga la siguiente observación. ¿Qué aparatos están conectados a su televisor? Seguramente encontrará al menos uno de los siguientes: un cable o un codificador de televisión restringida, un reproductor de DVD, un videojuego o una videocámara casera. Todos compitiendo entre sí y dejando al final a los feítos del grupo, es decir, a las televisiones nacional y local. Su fealdad no está en los contenidos ni en sus intenciones; su fealdad radica en la articulación de su lenguaje y en la estética del mismo.

El televidente contemporáneo, con esta diversidad tecnológica a su alcance y conectada a un sólo dispositivo, ha desarrollado sus capacidades de relación con le medio. Estas capacidades le otorgan una mayor alfabetización audiovisual y, por tanto, una mayor capacidad de discernimiento al exponerse a la televisión abierta. Sólo un problema: que tales competencias no se han desarrollado bajo una dirección, de manera uniforme y en especial con la conciencia del televidente. De salvarse este punto, estaremos hablando de televidentes organizados, vigilantes de los medios y exigentes del cumplimiento del deber ser de éstos. Estaremos hablando de lo que la “otra ley” de radio y televisión buscaba. El poder, como dice Eco, está en el televidente y en el ciudadano. Sólo basta organizarnos.

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