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Puebla > Cultura
martes 13 de febrero de 2007

ARISTAS DE LA CIUDAD

La Independencia, recordada en la fundación y traza de la ciudad

Elvia Sánchez de la Barquera


En la fuente se distinguen el escudo nacional, la representación del contacto entre dos mundos, el personaje homenajeado, y a lado oriente, una reproducción en cer¡mica del descubrimiento de América

En 1823, el Congreso General de México decretó que se habían de adornar todos aquellos lugares en que hayan sido sacrificados los héroes que dieran independencia a esta nación, decreto que afianzara en sus manos el Estado y el ayuntamiento de Puebla hasta 1827.

En concordancia a esto, en la antigua Plaza del Parral se construyó una pirámide con piedra de cantera y con un águila en la cúspide.

Alrededor de de este monumento, se fueron plantando árboles, dando así inicio al actual Paseo Bravo.

Desde 1818 el arquitecto Antonio Santa María Incháurrigui se encargó de realizar el proyecto para reestructurar las cinco manzanas de esta área, pero fue hasta 1832 que se empezó con los trabajos de derrumbe para abrir el espacio destinado al cementerio y a la extensión del Paseo de San Javier o Nueva Alameda.

Para mediados del xix había cinco fuentes en todo el Paseo, mismo que sufrió radicales cambios, ya que los árboles que ahí se habían plantado fueron talados por razones defensivas durante la invasión francesa.

Fue necesaria una posterior remoción y reestructuración para que funcionara solamente como Paseo, haciendo los movimientos necesarios para reubicar todos los cementerios existentes hacia las afueras de la ciudad.

Dentro de los trabajos de embellecimiento, se instaló e inauguró el monumento a la Independencia en 1898, mismo que posteriormente se trasladó a la avenida Juárez. Así, a finales del xix y principios del xx, fue cuando se realizaron los encargos escultóricos para este importante Paseo, pero también es cuando la historia de la escultura en México tiene el realce propio de la academia y lo que ello conlleva.

En este contexto, se instala una fuente, donación de la colonia española que remite la traza y la fundación de la Puebla de los Ángeles en un homenaje a Motolinía, y para conmemorar la consumación de la Independencia. A esta fuente también se le conoce como fuente colonial por el estilo que guarda.

El proyecto fue obra del ingeniero Rafael Ibáñez G. y los maestros canteros fueron J. Corro, M. Carrasco y M. García. El primero de ellos Jesús Corro Soriano fue originario de Huajuapan de León, de origen campesino que se hizo por oficio y que, además, formó parte del Comité Organizador para el centenario de la Independencia. En algunas fachadas se conservan tallas de su mano como en el Palacio Municipal y en el Mercado de la Victoria, además de las torres de la Iglesia de San Cristóbal y de Santiago. También fue maestro de la finada escuela de Bellas Artes de Puebla. El arribo de Jesús Corro S. a Puebla coincidió con el auge de la escultura y con el impulso que el porfiriato otorga a las Bellas Artes.

En la fuente se distinguen el escudo nacional, la representación del contacto entre dos mundos, el personaje homenajeado, y a lado oriente de la fuente, una reproducción en cerámica del descubrimiento de América por mano de Pedro Sánchez en el año de 1923.
Desgraciadamente la piedra no ha resistido los embates del tiempo y no se ha hecho nada por una consolidación y posible restauración.

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