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Puebla > Salud
jueves 8 de febrero de 2007

ESTÉTICA Y SALUD

Nuestras piernas

Rafael H. Pagán Santini

Tradicionalmente se ha difundido los beneficios del cuidado de las piernas como objeto de atracción sexual olvidándose que ellas son parte fundamental de nuestra independencia. Al tratar nuestras piernas debemos programar nuestro cuidado entendiendo que éstas son parte del segmento inferior de nuestro cuerpo. Anatómicamente en este segmento de nuestro cuerpo interactúan el abdomen, la espalda baja (región lumbar), los glúteos, los muslos, la pantorrilla, el tobillo y los pies. Estas partes se mantienen unidas y en movimiento gracias a las articulaciones, es fundamental protegerlas.

Un programa de cuidado que contemple los aspectos estéticos y de salud de la parte inferior de nuestro cuerpo tiene que incluir el cuidado de la piel, los músculos y los huesos, sin olvidar la circulación sanguínea (arterias y venas). La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo, es el más fino y uno de los más importantes del cuerpo. Forma una separación autorreparadora y protectora entre el medio interno del cuerpo y el mundo exterior, muchas veces hostil. Los músculos de la parte inferior de nuestro cuerpo no tan sólo participan directamente en el movimiento: también son responsables de producir calor y de apoyar el flujo venoso hacia el corazón. Los tejidos esqueléticos, además de proteger y sostener las estructuras del cuerpo también son puntos de almacenamiento de importantes elementos minerales, vitales para numerosas funciones orgánicas.

Para cada una de las partes del segmento inferior de nuestro cuerpo hay diferentes opciones de tratamiento. Entre éstas están los tratamientos quirúrgicos para la reducción de grasa, tanto para el abdomen como para la cadera y los muslos; el cuidado de la piel con hidratantes, el tratamiento con láser o con luz pulsada y el peeling; las venas varicosas pueden ser tratadas con escleroterapia o minicirugías. Para el remodelado óseo la cirugía plástica ha avanzado de manera impresionante. Para evitar desilusiones o fracasos nuestras expectativas deben ir medidas con la edad, el sexo y, sobre todo, con nuestra genética. La fisonomía es individual y la composición ósea de cada persona es definitiva en la morfología del cuerpo.

Donde mejor se unen las ambiciones estéticas y de salud para nuestro cuerpo es en el ejercicio. Una rutina bien programada deberá estar dirigida al fortalecimiento de nuestros huesos y músculos, mejorar nuestra capacidad de consumo de oxígeno y en mejorar la circulación sanguínea periférica. Para bajar o mantener nuestro peso de forma permanente es necesario comprometerse de por vida con un programa de ejercicios que incluya los aeróbicos y los de fuerza para incrementar o mantener el volumen muscular.

Existe un principio fisiológico que actúa cuando trabajamos nuestro cuerpo y éste es el de la adaptación muscular específica. Los músculos y sus respectivos componentes celulares se adaptarán de forma muy específica a las demandas (estrés de adaptación) que usted les imponga con su entrenamiento. Esto se aplica también a varios sistemas y órganos de su cuerpo, además de los músculos. Si su objetivo es el de fortalecer, moldear y tonificar los glúteos, las piernas y las pantorrillas, usted tendrá que trabajar el segmento inferior de su cuerpo con movimientos de resistencia y peso. Si sus objetivos incluyen beneficios cardiovasculares, entonces usted deberá trabajar la capacidad de consumo de oxígeno de los músculos.

Al desarrollar nuestro plan de entrenamiento debemos tomar en consideración este principio y recordar que el ejercicio aeróbico gasta más energía por unidad de tiempo en comparación con el entrenamiento con pesas, pero genera una pérdida de masa muscular y por consiguiente un menor gasto de energía en reposo; en cambio, el trabajo con pesas aumenta la fuerza, la masa muscular y disminuye levemente la cantidad de grasa. Hay situaciones donde un plan de ejercicio de entrenamiento va en detrimento de otro. Por ejemplo, si se etrene en fuerza y resistencia aeróbica la fuerza limite a la que usted puede llegar se verá limitada. En definitiva: un ejercicio para cada músculo.

Cuando inicie un programa de entrenamiento para el segmento inferior de su cuerpo, sin importar cuál sea (aeróbico o anaeróbico), cuide sus articulaciones, en especial sus rodillas. Una lesión lo llevará a la lona y probablemente perderá lo que ha alcanzado. Las sentadillas y sus derivados son los ejercicios más comunes para fortalecer los músculos de las piernas, incluyendo los glúteos, si éstas no se hacen de manera adecuada pueden lesionar las rodillas, aunque cada individuo debe determinar la postura que más le convenga, en cada ejercicio deben de tomarse en cuenta las siguientes variables: los músculos anteriores de los muslos (cuádriceps) pueden contraerse más fácilmente cuando están apuntalando ligeramente hacia fuera; durante la fase descendente de cualquier tipo de sentadilla no permita que las rodillas se extiendan más allá de los pies, asegúrese de que las rodillas apunten en la misma dirección que sus pies durante la fase de descenso y de ascenso. La manera más segura de hacer sentadillas es colocar los pies en una posición donde sean capaces de generar la fuerza máxima opuesta al peso.

Una vez que haya definido sus objetivos de entrenamiento programe una rutina que cubra las partes del cuerpo que desea trabajar. Se recomienda un plan de días salteados: un día para la parte superior de su cuerpo y otro para la parte inferior, esto no incluye los ejercicios de calentamiento ni de flexibilidad. Haga un presupuesto sobre lo que va a invertir en la parte inferior de su cuerpo: gimnasio para el ejercicio de fortalecimiento muscular con pesas; entrenamiento aeróbico con spinning, caminadora, escaladora, natación o cualquier otro; tratamiento para la celulitis, las estrías o las venas varicosas; liposucción o cirugía plástica para aquellas áreas donde sólo el bisturí puede hacer la diferencia.

Si desea más información sobre este texto puede escribir al correo electrónico

rhpmedicus@yahoo.com.mx

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