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Puebla > Estado
miércoles 31 de enero de 2007

Trasnacionales pretenden hacer negocio con el maíz: Greenpeace

Miguel Ángel Domínguez Ríos

Atlixco– En el marco de la crisis de la tortilla en México, y aprovechando la complicidad de algunos funcionarios, la trasnacional Monsanto “quiere llevar agua a su molino” promoviendo sus maíces transgénicos como “soluciones alternativas”, advirtió la Organización No Gubernamental Greenpeace.

En un comunicado enviado a La Jornada de Oriente destaca “la errónea decisión de aumentar las importaciones de granos con mala calidad procedentes de Estados Unidos. A eso debe sumarse el hecho de que Alberto Cárdenas, secretario de Agricultura y promotor de esos productos, comenzó a impulsar sin sustento científico su siembra en México. Y al lado del funcionario, Monsanto aprovecha la actual inestabilidad en el precio de la tortilla e intenta nuevamente presionar en busca de recibir luz verde en las solicitudes para diseminar ese tipo de partículas perturbadas en nuestro país, centro de origen y diversidad de dicho insumo”. Sigue: “Los beneficios prometidos por Monsanto son falsos, y sigue repitiéndolos desde hace 20 años con la intención de imponer en la República su tecnología patentada, pero lo más grave es que Alberto Cárdenas los refrende y se comporte como empleado de ventas de esa empresa”, dijo Areli Carreón, de la campaña de transgénicos de Greenpeace México.

La propuesta del gobierno federal de acrecentar las adquisiciones de gránulos de EU en 450 mil toneladas adicionales para paliar el alza en el costo de la tortilla no resolverá las causas del incremento del valor de esa mercancía, y en cambio agravará las posibilidades de contaminación de la especie mexicana, “y nos forzará a consumir un artículo riesgoso y de pésimas propiedades”, alertó.

El ascenso en el importe del maíz se debe a múltiples factores, explicó la ONG: “La sobredemanda en el país de las barras y las estrellas para producir etanol; el control y especulación de precios ejercidos en corporaciones nacionales (Maseca) como transnacionales (Cargill y la National Corn Growers Asocciation); las inadecuadas políticas del gobierno mexicano generadoras de una dependencia nacional hacia las importaciones de alimentos; la desaparición de Comisión Nacional de Subsistencia Popular (Conasupo) y la falta de precios de garantía y apoyo a los productores”.

Argumenta Carreón: “Queremos advertir que aumentar el sometimiento de México a las importaciones de esas semillas, base de la alimentación, es la forma más clara de ceder nuestra seguridad, soberanía alimentaria y autonomía política y económica a EU. El trabajo de las autoridades frente a los escandalosos aumentos de la tarifa es ir a las causas de fondo; es decir, fomentar y defender las cosechas nacionales de maíz blanco y asegurar suficiente manufactura de alta calidad, no transgénico y a precios accesibles.

“Esto incluye crear oportunidades de empleo e ingresos en las zonas rurales. De igual manera, debe evitar el control monopólico del grano, hoy en manos de empresas como Maseca, Cargill y los supermercados, cuyo fin es el lucro y no el bienestar popular”. Según los datos obtenidos por este diario, en la Unión Americana sólo se cultivan cada año 2.5 millones de toneladas de maíz blanco, misma cifra consumida por los mexicanos. “El resto de la producción de ese país, 285 millones de toneladas de grano cada 12 meses, corresponde a la especie amarilla que tiene más de mil 500 usos industriales, entre ellos, el forraje animal, la fabricación de derivados para la industria alimenticia, de plásticos y recientemente de etanol. Los agricultores estadounidenses llaman a ese género cash crop, porque la siembra es altamente subsidiada por su gobierno y la venta está asegurada. En otras palabras, prácticamente labran dinero en efectivo”; además de ser de un tipo de grano usado en México para alimentar animales y no para hacer tortillas, aseguró Areli Carreón, más de la mitad de todo el maíz norteamericano es transgénico. “La National Corn Growers Association de EU señala que el 52 por ciento de todos los cultivos de esa variedad es modificado genéticamente”. Es preciso recordar, asumió la representante de Greenpeace, que los estudios tomados como válidos en México para permitir el consumo humano de transgénicos fueron elaborados para los hábitos de los estadounidenses, totalmente distintos a los locales. “Nuestros vecinos nada más ingieren ese condimento indirectamente con carne de animales alimentados con el grano o con una alta industrialización en aceite, harinas y otros derivados).

“Los mexicanos, en cambio, tenemos todos los días ese fruto no sólo con las tortillas, también preparado en más de 300 formas. Los efectos de mediano y largo plazo que puede haber en los consumidores diarios de semilla transgénica son desconocidos y no hay ningún estudio en curso para valorarlos, y en consecuencia, los riesgos para la población no se pueden prever. Es inaceptable que el gobierno pretenda forzarnos a ese tipo de costumbres sin tomar esto en cuenta”, sentenció Carreón.

¿Qué son los transgénicos?

Los transgénicos son nuevas formas de vida creadas en laboratorio con una técnica que permite socavar la estructura molecular del alimento insertando genes ajenos (de bacterias, otras plantas o incluso de animales), detallan expertos; “por ejemplo, el gránulo alterado que México importa de EU contiene genes de bacterias responsables de producir una sustancia insecticida, característica que las mazorcas nunca tendrían de manera natural. El problema: hasta la fecha no hay estudios sobre los efectos a largo plazo del uso de transgénicos. En cambio, está documentado el riesgo de contaminación para las especies nativas por el cultivo de gérmenes perturbados. Eso entraña graves amenazas para la riqueza biológica del maíz mexicano y para millones de campesinos”, dice Greenpeace.

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