El gobierno estatal deja agonizar a la Casa del Escritor
Juan Pablo Ramos Monzón
El 1 de abril de 2003 Puebla se puso a la altura de las ciudades del mundo preocupadas por el bienestar de los escritores, inaugurando la Casa del Escritor Refugiado, un lugar destinado al albergue de creadores literarios perseguidos por sus países.

Wole Soyinka durante la inauguración de la Casa del Escritor en Puebla / Foto: Abraham Paredes / Archivo La Jornada de Oriente
Con la entrada del gobierno de Mario Marín Torres y la poca atención al sector cultural, esta casa ha quedado en el olvido; los cuartos ya no albergan a ningún escritor y los talleres no destacan por la calidad que solían tener.
Inicialmente, esta casa, perteneciente al entonces Parlamento Internacional de Escritores (hoy Red Internacional de Casas Refugio), fundado por el primer hombre de color en recibir un premio Nobel, el escritor Wole Soyinka, ofreció, además de hospedaje para literatos, talleres y conferencias impartidos por personajes como Daniel Saada, Ignacio Padilla y Guillermo Samperio.
La inversión inicial de este proyecto impulsado por Pedro Ángel Palou, secretario de Cultura en el sexenio de Melquiades Morales Flores, fue de 3 millones 800 mil pesos. Actualmente esa cantidad se ha vuelto una cifra de números rojos. Los interiores de la casa, ubicada en la 5 Oriente 201, no están en las mejores condiciones; el presupuesto que se destina a su mantenimiento es tan escaso que no alcanza para comprar un par de focos.
Esta situación llevó a que los escritores Richard Wiley, director de las casas refugio de Estados Unidos; Philippe OlleLaprune, director de la casa refugio Citlaltépetl, de la ciudad de México; José Prats Sariol, que en aquel entonces habitaba la casa, y el mismo Wole Soyinka se reunieran con Mario Marín Torres el 17 de abril de 2005.
Prats Sariol recuerda que el trato de Marín fue “muy gentil” con los escritores, y que prometió “a los cuatro, sobre todo a Soyinka, que él (Marín Torres) apoyaría, que él iba a ayudar al refugio de la Casa del Escritor. Incluso él le dio las instrucciones a Alejandro Montiel Bonilla, su secretario de Cultura, de que apoye la casa”.
Pero de esa instrucción y de aquella promesa no queda nada. A dos años de dicha reunión, en la que el gobernador se comprometió con su palabra, no se ha hecho algún esfuerzo para que la Casa del Escritor vuelva a funcionar como lo que era en un principio, un lugar de enriquecimiento cultural, una zona de tranquilidad que Puebla brindaba a los escritores del mundo.
Si en estos días sigue existiendo la Casa del Escritor es por las actividades que se logran hacer con los pocos recursos económicos. Algunas presentaciones de libros y revistas que el actual director del recinto, Roberto Martínez Garcilazo, organiza le dan la poca vida que mantiene de pie al proyecto.
Y así ha sido desde hace un par de años, cuando la literatura quedó en último lugar en importancia para la actual Secretaría de Cultura.
Cuando Prats Sariol concluyó los dos años en que podía habitar el refugio, su labor como promotor continuó. “Durante el año pasado, desde septiembre hasta diciembre, continué dando clases gratuitamente al Grupo Literario de Puebla. También lo hice por gratitud, por reciprocidad, que es lo que haría, yo creo, otro escritor que viniera a Puebla”, aclaró.
El descuido del inmueble, que data del siglo XVIII, está provocando un deterioro paulatino, algunos pisos ya se han levantado. Pero ese desgaste llega más allá de los muros, pues el daño más grave es el que está sufriendo la actividad literaria que suele, todavía, desarrollarse en su interior.
Recordatorio
En vista del olvido de sus compromisos, los escritores han pensado en escribir una carta para recordar las palabras, tanto del gobernador como de la Secretaría de Cultura que “no ha apoyado a la casa, contra la voluntad y los esfuerzos de Roberto Martínez Garcilazo, que ha hecho todo el esfuerzo humano para conseguir apoyo”, acentuó el escritor cubano Prats Sariol.
La carta se escribiría en caso de que esta situación continúe y sea necesario que el mismo Wole Soyinka les recuerde el compromiso que él aceptó y creyó.
Apasionado por las letras y actual catedrático en la Universidad de las Américas, José Prats consideró que es labor de los poblanos reclamar por el patrimonio cultural que es la Casa del Escritor. “Creo que es un deber de los escritores de Puebla, de los intelectuales y de las fuerzas culturales, no dejarla morir”.
La muerte paulatina de la casa... ocasionada por el descuido de las autoridades culturales de esta ciudad, no parece tener un remedio, por lo menos no pronto y por lo que se ha visto, las decisiones en el área cultural toman tiempo en resolverse y las promesas se olvidan rápido.
A dos años de la reunión de Mario Marín con Wole Soyinka, la situación sigue igual. Y si bien, la promesa fue hecha por el gobernador del estado, hay que recordar que las instrucciones fueron dadas a Alejandro Montiel Bonilla, quien hasta el momento no ha destinado recurso alguno para que las actividades literarias regresen y el inmueble ofrezca nuevamente un lugar de refugio para los escritores
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