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viernes 19 de enero de 2007 |
DEL BAÚLUn punto para el cómic mexicanoAldo Bonanni
Luego de una muy prolongada ausencia, este espacio regresa a las páginas de La Jornada de Oriente para seguir desempolvando aspectos del pasado que ya han sido olvidados o que incluso jamás fueron dados a conocer. En esta oportunidad he decidido abordar uno de los tantos temas que debieron ser tratados en el año que terminó, pues en el mismo el autor estadounidense Robert Ervin Howard cumplió 100 años de haber nacido (22 de enero de 1906) y 70 (10–11 de junio de 1936) de haberse quitado la vida. Conocido principalmente –le guste o no a quien sea– por haber creado a Conan el bárbaro, Howard era un amante de la historia antigua y de la mitología. Preconizó siempre las virtudes humanas en el estado salvaje frente a los vicios en la civilización (lo cual queda muy claro en la esencia de su personaje más famoso). Su genialidad comenzó a ser evidente desde muy joven, y en tan sólo 30 años de vida tuvo una producción literaria inusualmente prolífica. Pero detallar más su biografía no es el propósito de esta columna. Los aniversarios de Howard son simplemente el pretexto perfecto para contribuir a la justa valoración de lo que en materia de historietas se ha hecho en nuestro país, pues México fue el primer lugar del mundo donde una historia de Conan fue adaptada al cómic. Tal como lo da a conocer Ulises Mavridis en su excelente sitio sobre la historia del cómic en México (http://www.angelfire.com/az/monjeloco/indice.html), en septiembre de 1952 se publicó en la revista Cuentos de abuelito número 8 una adaptación de La reina de la costa negra, relato en el que Howard narra parte de las aventuras del cimeriano (o cimerio, según la traducción que se prefiera) en su etapa como bucanero. Mi relación epistolar con Mavridis –a quien agradezco infinitamente su colaboración– me permitió tener más información al respecto: aunque no ha sido posible recabar el dato de quién adaptó esta historia, sí se sabe que los dibujos los hizo Salvador Hermoso Lavalle (fallecido en 2000). La revista, que tenía unas medidas de 6 por 10 centimetros (en México fueron comunes estos formatos “de bolsillo” en las épocas de oro y plata del cómic), presentaba historietas en blanco y negro. Los primeros numeros, según me cuenta Ulises, incluyeron aventuras que un anciano le narraba a su nieto (de ahí el título de la revista). En el número 8, el niño le pide al abuelo que le cuente “una de piratas”, y así se da pie a esta muy poco conocida adaptación. Lo curioso es que dicha aventura, publicada 18 años antes de que Marvel lanzara el primer título de Conan en Estados Unidos, hizo que Cuentos de abuelito se comenzara a vender muy bien, al grado de que se le inventó una continuación al relato original de Howard, la cual se prolongó por entregas hasta el número 68, que fue el último. Un poco mas tarde se lanzó al mercado una revista ya denominada –de plano– La reina de la costa negra. El mismo informante ya referido me hizo saber también que en 1965 salieron unos 40 números de dicho título publicados por Editorial Joma. A lo anterior sólo me resta añadir la explicación de las dos imágenes con las que ilustro la presente columna. A la izquierda, la que podríamos denominar como versión mexicana del referido relato, del ya citado Salvador Hermoso Lavalle, tomada del sitio de Ulises Mavridis. La contrasto con la primera imagen alusiva al mismo, la clásica de Margaret Brundage, portada del ejemplar de Weird Tales en el que Howard publicó originalmente su historia, en mayo de 1934. Y hablando de historietas... Abusando de las facilidades que se me otorgan con el espacio, estoy en búsqueda de un dibujante de cómics para un proyecto independiente. Se le pagará bien, aunque se trata únicamente de trabajos ocasionales. No quiero nada que tenga que ver con estilo manga, advierto. Si a alguien le interesa, contácteme a la dirección que aparece abajo. abonannit@yahoo.com.mx |