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Tlaxcala > Estado
jueves 18 de enero de 2007

OPINIÓN

Otro negocio redondo

Yassir Zárate Pérez

Los motivos encubiertos

Nadie sabe cuántas son y muy pocos podrían explicarnos para qué sirven o qué servicios brindan. Bajo una fachada de aparente servicio, se encubren otras intenciones. Las organizaciones no gubernamentales suelen ser un buen negocio, casi tan bueno como regentar un partido político o dirigir un sindicato.

La inercia política de Hispanoamérica en la segunda mitad del siglo XX apuntaba hacia el acotamiento o la supresión de las libertades. La alternativa pasaba por la formación de colectivos sociales que facilitaran una transición hacia regímenes no opresivos, plenamente democráticos. De esa encrucijada surgieron las organizaciones no gubernamentales, al menos en nuestro contexto.

Sea por remordimiento o por un verdadero espíritu comprometido, lo cierto es que varias de las más importantes ONG son de origen anglosajón. Greenpeace y PETA son dos de las más antiguas, combativas y militantes, aunque otras, como Human Right Watch, Médicos Sin Fronteras o Amnistía Internacional no les van a la zaga.

Estas agrupaciones han recibido un alud de descalificaciones, muchas veces injustas; simplemente recordemos la actitud de Greenpeace hacia los atuneros mexicanos, a quienes enfrentó en las cortes de Estados Unidos porque presuntamente mataban delfines al momento de pescar los cardúmenes; en contraste, se acusaba a la organización de cruzarse de brazos frente a los pesqueros gringos. En la misma línea de crítica se tiene a los métodos radicales aplicados por PETA para enfrentar el comercio de pieles y el maltrato a los animales.

Sin embargo, muy pocos pueden cuestionar la profundidad de los motivos que empujan a estas organizaciones NO (lo pongo con mayúsculas) gubernamentales. Sus mecanismos para allegarse dinero suelen ser muy transparentes y democráticos. Por lo regular reclutan donadores entre la gente común o con uno que otro millonario verdaderamente preocupado por causas nobles, o simplemente excéntrico. Pero habitualmente no toman dinero del gobierno.

¿Se acabó lo que se daba?

Aquí ocurre algo completamente opuesto. Las presuntas ONG se han convertido en un apéndice de las finanzas públicas. Ninguna, repito, ninguna de ellas subsistiría sin el oxígeno monetario proveniente del gobierno o de los partidos políticos.

A cambio, se han convertido en una suerte de pastores electorales, prestos al acarreo, la manipulación o el chantaje. Son una muestra más de la paradójica y absurda forma de enfrentar la política en nuestro país. Hijas bastardas del asistencialismo, se han convertido en una factoría pedigüeña, cuna de presuntos líderes sociales que las más de las veces se limitan a traficar con la necesidad de quienes menos tienen.

Ciertamente, como diría el clásico guanajuatense, hay varias agrupaciones que realizan una auténtica labor de resanado social o cultural, pero para desgracia del buen nombre de este movimiento, la mayoría se reducen a ser peones políticos. Nada más gracioso que escuchar a los “líderes” garantizar miles de votos para tal o cual candidato. Lo sé, lo sé. Nada como poner nombres. Pero son tantos los ejemplos que nomás no acabaría de citar casos. Pero sí está de risa el asunto. ¿Pues no se supone que son organizaciones sociales y no políticas?
Para este año, al menos en teoría, no va a haber dinero del presupuesto para ellas. Y ojalá sea así, porque como que no cuadra que se sigan manteniendo este tipo de negocios, cuando hay tantos proyectos por terminar (ja, soné como alguien verdaderamente preocupado). Digo, porque por ahí hay quienes tienen su respectiva ONG y cada año estrenan autos nuevos o mandan a sus hijos a universidades carísimas. Digo, si Zapata los viera, otra vez se muriera.

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