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Puebla > Política
jueves 18 de enero de 2007

TENDAJÓN MIXTO

Ya no vamos a poder comer caviar en tacos

Jaime Ornelas Delgado

1. “Si el precio de las tortillas aumenta, pues que coman otra cosa”, dijo sesudo un funcionario del gobierno de Felipe Calderón. Y tiene razón, qué necesidad hay de comer el caviar o el salmón en tacos; además, hay tanto pasto y yerbas en los jardines echándose a perder que muy bien podrían ser convertidos en el alimento del siglo XXI de los mexicanos, aunque no podamos comerlos en tacos.

2. El aumento del precio de la tortilla es una cuestión mayor no sólo porque afecta el ingreso de los sectores de menores ingresos en cuya dieta la tortilla es fundamental, sino también porque pone al descubierto las debilidades del proyecto neoliberal impuesto en México desde los años 80 por los gobierno priistas y seguido puntualmente por los panistas. El precio de la tortilla se eleva porque sube el costo del maíz, grano que en su mayor parte se importa de Estados Unidos, lo que hace muy vulnerable al país de la política que siga el gobierno estadunidense en materia agrícola. Esta situación fue muchas veces denunciada por diversos sectores, pero la racionalidad neoliberal respondía: es más barato importar alimentos que producirlos. Y, así, se acentuó nuestra dependencia alimentaria desde el gobierno de Carlos Salinas, cuando se decidió la privatización del campo y producir legumbres y hortalizas de exportación adquiriendo de Estados Unidos los alimentos, entre otros, el maíz. Se impuso la “ventaja comparativa” a la búsqueda de la soberanía alimentaria. Pero ahora resulta que los estadunidenses han empezado a producir etanol como combustible a partir del maíz y han dejado de venderlo a México provocando una severa escasez del grano. Así, al disminuir la oferta de maíz se eleva su precio y el de las tortillas. Las autoridades, por su parte, nada hacen y afirman que el precio más elevado alentará la producción interna, y con el pretexto de las urgencias, seguramente se introducirá el maíz transgénico. Finalmente, las autoridades dicen que no regularán el precio de la tortilla porque eso es populismo y primero muertos que caer en “ese infierno” que sólo beneficia a los pobres.

3. Pues de chamba en chamba saltan los funcionarios foxistas, Gil Díaz, ex secretario de Hacienda, se fue al grupo HSBC, y el tal Reyes Tamez Guerra, quien fungió como secretario de Educación se fue al mismo cargo, pero en el gobierno de Nuevo León. De Gil Díaz ya se ha dicho la inmoralidad que significa irse, a un mes de haber concluido su gestión en Hacienda, al sector financiero privado y extranjero para más, tal vez como pago a los favores que hizo a sus hoy patrones; en cambio, de Tamez Guerra sólo se sabe que hizo de la educación un desastre, pero ahora se sabe algo más. En efecto, la revista Emequis documentó detalladamente que entre 2001 y 2005 en la SEP se gastaron, aunque usted no lo crea, 2 mil 248 millones de pesos; es decir, un millón 232 mil pesos diarios en esos cinco años en viajes al interior del país y al extranjero. Tan sólo el ex secretario hizo 214 viajes a distintas partes del país y su destino favorito fue su natal Monterrey, ciudad a la que hizo una tercera parte de esos viajes con cargo al erario; los destinos preferidos de Tamez Guerra en el extranjero fueron Estados Unidos, a donde fue 11 veces, y a París, ciudad que visitó en seis ocasiones; en total, realizó nada más 59 viajes al extranjero. El gasto en boletos de avión, hospedaje, alimentación y organización de eventos especiales para los funcionarios educativos del más alto nivel, esos 2 mil 248 millones de pesos, equivalen a cinco veces el recorte al gasto propuesto por Felipe Calderón al Instituto Politécnico Nacional, tres veces la reducción al presupuesto de la UNAM y 16 veces la disminución presupuestaria que Felipe Calderón propuso para la Universidad Autónoma Metropolitana. Como ve usted, los funcionarios panistas parecen tener la idea de convertir los cargos públicos en instrumento para transformar los recursos fiscales en patrimonio personal.

4. A parte de que en el país se elevan los precios de los productos de consumo necesario, como la carne, la leche, las verduras, el pan (el que se come, no en el que se indigesta), las gasolinas, las tortillas, las autopistas (eso sí, con atento aviso) y muchos etcéteras más; los recortes al presupuesto destinado a la ciencia y la tecnología no tienen precedente. Resulta que a la UNAM terminaron por recortarle 240 millones de pesos, al Poli le quitaron 179 millones; a la UAM le redujeron 23 millones; al Cinvestav, 89 millones; al Instituto Nacional de Antropología e Historia, 154 millones; al Colegio de México, 30 millones; al Instituto Nacional de Ecología, 9, y al Instituto Nacional del Agua, 16 millones. La verdad es que nada quedó en pie ante el embate neoliberal del gobierno de Calderón, que ha declarado la guerra al desarrollo científico y tecnológico del país, no sólo por razones de austeridad, como algunos ingenuos creen, sino por razones ideológicas, pues la ciencia es una de las principales barreras contra la ignorancia y el oscurantismo, y por eso se bloquean las posibilidades de desarrollo científico del país. Y la pregunta es: ¿qué hemos de hacer para evitar que el grupo gobernante acabe con México?

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