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Puebla
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jueves 18 de enero de 2007 |
ARISTAS DE LA CIUDADLa admiración de un extranjeroElvia Sánchez de la Barquera
En septiembre de 1958 se inauguró el monumento a Ángela Peralta, en el jardín que lleva su nombre y que se ubica sobre la 5 Norte, entre las avenidas 26 y 28 Poniente, en el Barrio del Refugio. La iniciativa y el adeudo corrieron a cargo de un vecino extranjero admirador de esta cantante lírica de fama internacional, durante la presidencia municipal de Rafael Artasánchez. Este monumento debería de ser un recordatorio del quehacer cultural a lo largo del siglo pasado, ya que durante la primera mitad del siglo y ya entrada la segunda, la cultura no estaba tan centralizada como lo está ahora, la mayor parte de la población tenía acceso a las expresiones artísticas, ya que las artes escénicas estaban en constante gira por todo el territorio nacional, llegando a los más inesperados rincones, tan es así, que está afamada cantante dio conciertos en lugares de la Mixteca poblana, pues se tiene registro de su presentación en el corral de comedias de Tecali de Herrera, por poner un ejemplo. Estoy segura de que muchos de nuestros lectores recordarán aquellos años de teatros ambulantes que llegaron a nuestra ciudad y salieron de ella, de carpas, de músicas, de bandas, y mil recuerdos más que se van perdiendo como se perdió la costumbre de generar cultura y de gestionarla en todas direcciones. Ahora no solamente se da “cultura” en la ciudad y fuera de ella ya ni con cines comerciales se cuenta, sino que si se quiere de verdad cultura, es obligatorio desplazarse al Distrito Federal, Xalapa, Guadalajara o Oaxaca, donde las posibilidades son más abiertas. Lo mismo pasa con las ayudas o becas, que generalmente se quedan centralizadas, si a esto añadimos la reducción del presupuesto... pero creo que es peor que los pocos recursos se gestione desde gente poco capaz, como sucede con tanta frecuencia... En fin, ya me fui al trasfondo de los recuerdos de una diva, ahora es menester hablar de la forma de la representación que de ella se hizo: el monumento a Ángela Peralta. Nada fuera de lo común. La peana es una curiosa mezcla de obelisco miniatura y monumento de panteón. Es de base cuadrangular, básicamente son dos cubos sobrepuestos con un pequeño talud en la terminación de cada uno de ellos. La base está rematada por unas pequeñas columnas que se apoyan en cada esquina. El segundo cubo contiene un medallón que encierra un alto relieve en mármol blanco muy mal resuelto; pues el eje del rostro está desplazado, dando la apariencia de un rostro deformado; la nariz, además de estar rota, está chueca; la oreja fuera de localización; el cabello ingenuamente representado; el torso carece de estructura, pues no diferencia los planos de la espalda, pecho y hombro, a pesar de que es el hombro el que había de figurar en primer plano, y el cuello es demasiado grueso en relación al rostro y al torso. Se distingue en la zapata una pequeña placa con el nombre de Carlos M. Abrego, y carece de la típica placa de reconocimiento a las autoridades gubernamentales, ya que fue un extranjero quien hizo posible este monumento. |