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Puebla > Cultura
viernes 3 de noviembre de 2006

VÍA ALTERNA

La Casa de Usher y Gorgona revivieron la música oscura

(Juan Pablo Ramos Monzón)

Los mejores años de la música oscura regresaron por unos instantes al Paseo Bravo con las bandas Gorgona y La Casa de Usher, quienes la noche del miércoles interpretaron por más de dos horas canciones propias y algunos tributos a los mejores grupos del post punk.

El programa del II Festival de Día de Muertos, que organiza el ayuntamiento de la ciudad de Puebla, anunció desde hace una semana la visita de los españoles La Casa de Usher, quienes apenas tuvieron tiempo de instalar su equipo y checar el sonido para satisfacer a unas 200 personas que se dieron cita en el parque que está entre la avenida Juárez y la 11 Sur.

Largas gabardinas, botas de plataforma, caras maquilladas, todo lo que se requiere para vivir un concierto de electro dark y post punk. El toquín estaba programado a las 7 de la noche, pero algunas fallas en el sonido –cosa usual en las tocadas– retrasaron el comienzo una hora y media.

Como antesala, Isako hizo un performance sobre la muerte. El artista escénico, vestido de novia caminaba olfateando al público que formó una rueda para ver la actuación.

Mientras tanto, Zar (vocalista), Jabo (guitarrista), Pablo (guitarrista), óscar (bajo) y Carlo (batería), integrantes del grupo español, ultimaban los detalles del sonido. Un par de minutos después dejaron el escenario para que la banda telonera abriera el concierto. Llegó el momento de Gorgona, una de las agrupaciones más reconocidas en la escena subterránea, acostumbrados a llenar lugares como el Dada X o el Museo Universitario del Chopo en la ciudad de México.

Omar F., Roman F. y Panchito Death se apoderaron durante una hora de la tarima. La gente cantó y armó el slam en canciones como Fucking USA y Autosuficiente. A la cuarta canción, Gorgona y todo el público fueron sorprendidos cuando Zar subió al escenario para echarse un palomazo con la canción Texas.

Luego ya no hubo más antesalas. El aire frío que recorría el Paseo Bravo se fue calmando. Los guantes de lycra negra se alzaban con el puño cerrado. Los primeros acordes de La Casa de Usher sonaron a la perfección: “Suena bien... milagro. Gracias, virgencita de Guadalupe”, dijo el vocalista.

No hicieron esperar al público para llevarlos al éxtasis cuando tocaron Shadow play, de la banda inglesa Joy Division. Toda la banda coreó la rola. “Gracias, perras mías”, contestó Zar, contento de visitar por primera vez esta ciudad.

A esa canción le siguieron otras como Inmortal y Ajedrez. Los peinados más estrafalarios se movían de atrás hacia adelante llevando el ritmo de la batería.

La espera valió la pena para ver a una de las bandas que más ha resistido los embates de ser independientes, que luego de 10 años de “receso” regresó a los escenarios para seguir compartiendo sus canciones de protesta con una tonalidad tan oscura como la noche que los acogió.

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