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Puebla > Estado
lunes 2 de octubre de 2006

A 38 años de la matanza en Canoa, persiste la imagen de que sus habitantes son “peligrosos”

Martín Hernández Alcántara

Los efectos dejados por la matanza de trabajadores de la Universidad Autónoma de Puebla en la junta auxiliar de San Miguel Canoa, municipio de Puebla, aún persisten entre la población de este lugar ubicado a las faldas de La Malinche, principalmente entre los más jóvenes, los que buscan empleo, pues a decir de su edil auxiliar, Apolunio Méndez Arce, los canoenses siguen siendo vistos como gente peligrosa, problemática y violenta en las diferentes empresas e industrias de la ciudad.

Ese estigma hace que prácticamente a diario los jóvenes del pueblo que intentan obtener un trabajo sean discriminados y rechazados por el simple hecho de ser de San Miguel Canoa, situación que dejan manifiesto ante el propio presidente auxiliar, quien relata que todos los días alguno de sus paisanos sufre discriminación y lo buscan en sus oficinas de la presidencia para solicitarle su auxilio, del que muy poco puede hacer.

Dijo que aun no había nacido cuando ocurrieron esos hechos, pero esa historia ya perduró por décadas, y a pesar que los tiempos ya cambiaron, dice, “la historia perjudica a los niños, estudiantes y profesionistas, porque cuando van a una empresa, una oficina, un taller a llenar su solicitud y expresar que son de Canoa, los rechazan”. Dijo tener conocimiento de que el cura del pueblo en ese entonces fue quien provocó los hechos.

El 14 de septiembre de 1968 parece ser una fecha que difícilmente olvidarán los pobladores de este lugar, donde habitan 12 mil 896 habitantes, según datos del ayuntamiento de Puebla. Ese día el pueblo fue azuzado por el cura Enrique Meza Pérez, quien en plena efervescencia anticomunista de la década de los 70 inventó un complot contra seis excursionistas, empleados de la Universidad Autónoma de Puebla, que termina con el linchamiento de cuatro de ellos y del campesino que los hospedó. El cura acusó a los universitarios de ser “comunistas” y que quemarían las cosechas y violarían a las vírgenes del lugar.

En ese entonces, el crímen ocurrido en Canoa pasó inadvertido a nivel nacional; sin embargo, en los años posteriores aparecieron algunos libros testimoniales y una película: Canoa, del director Felipe Cazals, que con su carga dramática puso a la junta auxiliar del municipio de Puebla en la memoria colectiva de los linchamientos ocurridos en este país.

La junta del episcopado de México protegió al cura Meza Pérez, quien finalmente salió de San Miguel, pero muchos de los pobladores aún lo recuerdan. Sobre todo por la influencia que tuvo entre los habitantes y en el comercio de esa demarcación. Como bien lo definió una señora de cabello canoso quien recién aprendió a leer y escribir: “Era dueño de todo”.

–A 38 años de la muerte de trabajadores de la UAP en Canoa ¿qué pasa con los habitantes de la comunidad? –se le preguntó a Apolunio Méndez Arce.

–Se recuerda como una historia con la que estoy en contra, porque perjudica a los niños, los estudiantes y profesionistas porque van a una empresa, van a una oficina, un taller, y al llenar su solicitud y ver que son de Canoa los rechazan.

–¿Qué pide a la comunidad?

–Canoa no es conflictivo y solicito a las empresas que no nos rechacen, que no rechacen a nuestros estudiantes, a los jóvenes que están muy preparados.

–¿Continúa muy marcada la historia?

–La gente de Canoa no tuvo la culpa, yo lo digo porque muchos jóvenes llegan a las oficinas, ya que los empresarios no los contratan porque somos malos o podemos hacer un conflicto, entonces por eso yo le pido a la comunidad que reflexione.

–¿Cuántos años tenía en 1968?

–Yo no había nacido, yo nací en el 73.

–¿Sus padres qué le cuentan?

–Mi papá me comentó cómo fue la situación, pero fue un movimiento enfocado por el padre del pueblo.

–¿Ha pedido ayuda a las autoridades? –se le preguntó.

–Muchos de ellos son rechazados, y por eso yo les pido a los medios, a los gobiernos que también se fijen en otros cosas bonitas que tiene Canoa como La Malinche, los mariachis, la música tradicional. En Canoa hay cultura.

Méndez Arce señala que los problemas del pueblo son otros, como por ejemplo el del transporte público, donde sólo llega una línea de camiones a la que nadie quiere y por la cual van a protestar este día ante la SCT. Agradecido, dice que las autoridades municipales han volteado a ver a San Miguel, pero a pregunta directa se niega aceptar que los fantasmas del 14 de septiembre de 1968 siguen deambulando por el pueblo. (Javier Puga Martínez)

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