"Periodismo regional a la medida de su tiempo"

EnviarEnviar Imprimir

Puebla > Cultura
viernes 15 de septiembre de 2006

Aristas de la ciudad

La charrería, un olvido hecho recuerdo

Elvia Sánchez de la Barquera


Esta representación se instaló el 14 de septiembre de 1999, y contiene una placa en la que se le da reconocimiento a René Santillana Montaño, a Diógenes de Lasse Peón, al doctor Arturo Huerta Sánchez y a Jorge Blasco

1929 fue un año de inicios de proyectos de modernización en la ciudad de Puebla; uno de éstos fue la construcción del campo de aviación, acorde con las necesidades y avances del momento, y con ello la urbanización y equipamiento de una nueva colonia. Para tales efectos se adecuaron los terrenos que entonces comprendían el Rancho Alseseca y la Hacienda El Cristo.

Fue en 1931 que se fundó como colonia el asentamiento que ocupa los terrenos vecinos al campo de aviación y que continúa con la traza original de la ciudad, en paralelas.

En estos espacios, al costado de lo que fue el campo de aviación se localizó un área importante para el deporte nacional; la charrería, actividad que tenía en esta ciudad cierta continuidad, organización, aceptación y profesionalismo; de hecho, se formó la Asociación Nacional de Charros del estado de Puebla, misma que tenia su sede en la plaza El Charro, en la misma manzana en que se construyera el actual edificio de Finanzas.

La actividad de la asociación no se restringe a la charrería, ya que los miembros aficionados a la fiesta taurina, en 1933, inaugurarón una plaza de toros en el barrio de Xonaca, y al año siguiente el Club Hípico de Puebla.

A manera de rememorar lo que intencional y deliberadamente se destruyó, en la acera oriente de esta manzana se erigió un monumento al charro, que no es otra que una figura masculina –fácilmente reconocible– enfundada en traje de charro y de tamaño natural.

Esta representación se instaló el 14 de septiembre de 1999, y contiene una placa en la que se le da reconocimiento a René Santillana Montaño, a Diógenes de Lasse Peón, al doctor Arturo Huerta Sánchez y a Jorge Blasco.

La escultura, para ser de un arquitecto, no está tan desproporcionada. Es decir, los brazos, que suelen ser muy largos en las demás obras del mismo autor, en está son un poco menos desproporcionados; sin embargo, las manos sí mantienen ese sello característico de gigantismo. Otra característica fácilmente reconocible es la falta de volumen en el torso y la carencia de estructura corpórea, ya que por muy delgado que haya sido el modelo a representar los doblajes de las ropas –sobre todo en las articulaciones– indican un vacío interno... quizá pudiera tratarse de un trasfondo conceptual.

EnviarEnviar Imprimir