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Puebla > Política
jueves 7 de septiembre de 2006

OPINIÓN

Muchas preguntas, una sola respuesta

David Méndez Márquez

Finalmente el Tribunal Electoral ha emitido su fallo definitivo e “inatacable” –para los juristas– sobre la elección presidencial. Millones de ciudadanos hemos podido constatar algo que a pesar de que supimos previamente no por eso nos deja de sorprender e indignar.

Sorprender porque sorprende ver el grado de descomposición y sometimiento al que han llegado las “instituciones” y los personajes que las dirigen a los intereses de un pequeño grupo que durante décadas se ha beneficiado del atraso, de la corrupción, de la pobreza, de la injusticia, de la ignorancia y del abuso que existe en nuestro país. Sorprende ver que no son capaces ni se atreven a variar en una “coma” las pautas que les dictan desde arriba sus verdaderos dueños. Sorprende ver que concientemente se convierten en caricaturas de sí mismos con tal de complacer hasta el último capricho de los que deciden su futuro. Sorprende ver que después de la enorme dignidad que ha mostrado el pueblo de México, todavía pretendan que abdiquemos y les rindamos pleitesía.

Indignar porque indigna ver la prepotencia con la que estos lacayos al servicio de los poderosos desprecian las más elementales demandas de trasparencia y legalidad de todo un pueblo. Indigna ver cómo convirtieron en “foros de comedia del canal de las estrellas” a instituciones que costaron mucho tiempo, esfuerzo y vidas al pueblo de México. Indigna que un ignorante traicione a la democracia en menos de seis años. Indigna que con su supuesta “legalidad” pretendan aplastar la voluntad de cambio expresada mayoritariamente en las urnas el pasado 2 de julio.

En fin, a pesar de todo esto no debemos perder nuestra capacidad de asombro, por lo menos no todavía, porque aun son capaces de esforzarse otro poquito para exhibirse todavía más. Seguramente en los próximos días tendremos mañana, tarde y noche en todas las pantallas de televisión al nuevo títere de los de arriba, un pelele chaparrito, peloncito y de lentes –según descripción de su principal correligionario– que cual muñeco de ventrílocuo sentado en las piernas de la “malestra” Gordillo ampliará la barra cómica de las televisoras de Chapultepec y del Ajusco al intentar asumirse presidente y con un doble discurso que brincará de la “concordia” al amenazante “respeto de la ley”; nos traerá a la memoria físicamente a Mimoso Ratón haciéndola de “rudo vaquero”, pero con las intenciones de Hitler disfrazado de la madre Teresa de Calcuta.

Sin lugar a dudas, junto con la nueva “estrella”, un gran coro de “intelectuales patriotas” y “prestigiadisimos e imparciales” conductores de medios de comunicación empezarán a rasgarse las vestiduras por la defensa de nuestras “sacrosantas instituciones” y del “inmaculado Estado de Derecho” en el que una bola de “renegados malagradecidos” vivimos sin darnos cuenta. Sobrarán los llamados amenazantes a respetar a las instituciones y a acatar sus fallos con sumisión.

Pero, ¿qué acaso no fueron ellos los que no respetaron la voluntad de la mayoría de los mexicanos?, ¿no fueron ellos los que despreciaron las demandas de transparencia y legalidad en la elección?, ¿serían ellos los que sembraron el odio entre los mexicanos que hoy cosechan?, ¿ habrán sido los que hoy hablan de respeto a las instituciones los que mocharon el escudo nacional y lo convirtieron en el logotipo oficial del presidente?, ¿Que no fue el presidente el principal responsable de denigrar investiduras e instituciones durante seis años?. Entonces, ¿ no son ellos los que en los hechos mandaron realmente al diablo a las instituciones?

¿Con qué cara hoy le pueden venir a pedir a los mexicanos que los respeten y que respeten a “sus” instituciones? ¿Por qué para esto sí somos importantes?, ¿será que no somos sólo unos cuantos en el zócalo del DF?, ¿será que tienen miedo de que si nos organizamos en verdad podamos trasformar de fondo a nuestro país?, ¿será que saben que millones hemos tomado conciencia de que nuestra libertad comienza por asumirnos libres?, ¿estarán concientes de que de poco les sirve tener a un presidente “legal” cuando el pueblo tiene a uno legítimo?

Ante tal cantidad de preguntas, los ciudadanos que anhelamos una verdadera democracia en México podríamos empezar por darles a ellos una sola respuesta. Mejor vayan a rogarles a los poderosos que los impusieron su malentendido respeto y siéntanse satisfechos con que la “legalidad de sus vigorosas instituciones” les otorgue por decreto un certificado de aunque sea un 9.07 por ciento de la “legitimidad” que el pueblo digno de México nunca les dará.

Mientras todo esto sucede, nosotros tenemos por delante una gran tarea: organizarnos y promover que seamos miles de poblanos en el acto histórico al que ha convocado el verdadero presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. En donde junto con muchos mexicanos vamos a escribir una página más del libro –no censurado por las “buenas conciencias”– de la historia de esta gran nación.

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