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Puebla
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jueves 7 de septiembre de 2006 |
TENDAJÓN MIXTOA ritmo de sambaJaime Ornelas DelgadoLlegar a Brasil desde México es cada vez más complicado, comenzando porque se requiere visa para ingresar –absurdo que entre las naciones de Latinoamérica nos exijamos permiso de entrada sólo porque así lo quieren Bush y su “guerra preventiva contra el terrorismo”, pero así es–, lo que obliga a quienes la requieren a acudir tres veces a la embajada brasileña, ubicada en la ciudad de México, en la “exclusiva” zona de las Lomas de Chapultepec, es decir, donde el transporte público es punto menos que inexistente. La primera vez hay que apersonarse para recoger una solicitud –que, por cierto, se puede “bajar” de internet– y para que una recepcionista con aires de dictadora fije la fecha en que se debe devolver la solicitud “debidamente requisitada”. Este trámite no lleva más de 10 minutos; la segunda visita a la recepcionista “cara de sargento mal pagado”, ocho días después, es para entregar la solicitud una foto y el pasaporte, y ahí te dicen “regrese en cinco días hábiles”. El tramite tardó sólo cinco minutos; finalmente, a la semana siguiente hay que ir a recoger la visa, lo que se cumple en cinco minutos. En total son 20 minutos de trámites en la embajada, pero de Puebla a la sede diplomática se hacen, por lo menos, tres horas, con o sin plantón, mismo tiempo utilizado para regresar a “bachelandia de los Ángeles”. Digamos seis horas de “placentero viaje”, es decir, 18 horas como mínimo en los tres viajes, a lo que se suma el pasaje, los taxis y la alimentación de tres días –ni modo que se le niegue al cuerpo lo que pide–, más los 30 dólares que cuesta la visa. Un capitalito gastado, más de 20 horas invertidas y todavía no sale uno de Foxilandia. Sé de algunos que claudicaron. Y esto no es todo. Tenía previsto hacer una escala de varias horas en Panamá y ni en la embajada (que tenía una copia de mi boleto) ni en la agencia de viajes me advirtieron que debía tener la vacuna contra la fiebre amarilla que el gobierno de Lula exige a quienes visitan Panamá, Venezuela o Perú. Así es que al llegar al aeropuerto de la ciudad de México (¿se seguirá llamando Benito Juárez?) me dicen que es imposible esa escala en y me obligan –protestas de por medio ante una recepcionista totalmente sorda– a hacer el viaje directo, en un horario idiota, y a pagar otros 50 dólares. Por fin llego a San Pablo a las 4 de la mañana –dígame si no es un horario idiota–, y por supuesto no puedo salir del aeropuerto, ya que no hay transporte, y además para qué, si seguramente los antros, sobre todo los que de “ambiente familiar”, ya están cerrados, y como hasta las 7 de la mañana sale el autobús a Campinas, mi destino final; me pongo a pensar, pues Martha duerme tranquilamente en una incomodísima silla del aeropuerto. Entonces recuerdo a los amigos que perdieron, otra vez, la oportunidad de venir a Brasil y culparán a no sé quien de su desventura y no podremos brindar con las caispirinas que nos esperan. La ventaja es que ahora todas serán para mí. Recuerdo también que estoy en Brasil, “el país de las mujeres vastas”, según definición de Miguel Ángel Burgos y tiene razón, afirmación con la que creo estaría de acuerdo Miguel Hernández (me refiero al ínclito abogado poblano y no al formidable poeta del pueblo, que sin embargo también estaría de acuerdo y lo diría en verso y en prosa.) Ya en Campinas, el sábado 2 y el domingo 3 de “los corrientes”, reviso la prensa y no hay una sola nota sobre México; es desesperante no saber qué pasó el día 1. En la prensa me entero de que Chávez ha propuesto a los venezolanos reelección indefinida y socialismo (cómo se habrán asustado los defensores de las sacrosantas, infalibles e inamovibles instituciones); que en Perú se inició el acoso contra Ollanta Humalla, a quien se le abrió juicio por “violación de los derechos humanos” (qué sincera preocupación del nuevo gobierno peruano por los derechos humanos) cometida hace varios años cuando Ollanta era comandante de una zona militar de la selva peruana. Cierto o no, suena a represión contra quien se atrevió a desafiar al poder; pero de México nada, y vuelve a ser La Jornada la forma más eficiente de informarse. Entro a internet (60 pesos la hora sin posibilidades de alquilar menos) y entonces ya sé lo que pasó. Fox no pudo informar y yo estoy reconfortado. Pero el martes fue devastador, la democracia muere cuando se pretende que el fraude dé legalidad a una elección. Ahora hay que preparse para resistir. |