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Puebla > Cultura
jueves 7 de septiembre de 2006

PARIÁN Y BARATILLO

No more tequila

Moisés Andrade

Los arietes de la globalización nuevamente golpean en lo más sagrado al corazón mexicano, al pasar a manos extranjeras una de las empresas más emblemáticas de la industria tequilera: la empresa “Herradura”, de gran arraigo y tradición dentro de la cultura agavera, junto con “Sauza” (también de dueños extranjeros), “Cuervo” y “Cazadores”, esta última, otra de las pertenecientes a capitales foráneos.

No puede ser que en pleno mes patrio nos salgan con estas noticias, que afectan sobremanera el orgullo idiosincrásico de todo bien nacido en suelo “azteca”, sobre todo después de haberlo comenzado tan fenomenalmente con el fabuloso show de la toma del congreso a cargo del pelotón perredista y la consecuente huída del presidente con botas. Habría que ser más considerados y esperarse hasta navidad para soltar esta clase de bombas, tomando en cuenta la indiferencia a todo lo que no sea, parezca o huela a regalos, fiestas y consumismo desenfrenado. Así, no se sentiría tan feo ver que una de las cosas que más identifican a lo mexicano se vea atrapada por los conquistadores de siempre.

Ahora, cada vez que degustemos un tequilita, no podrá evitarse la sensación de encontrarse en una de las grandes capitales del primer mundo, en uno de tantos de sus sofisticados bares, donde la música y los tragos suaves, más la atmósfera cool, nomás no se corresponden con el tono bravío propio del fruto del destilado proveniente de la agave azul y el sentimiento melancólico del macho nacional. Aunque, después de todo, las propias empresas tequileras ya se habían encargado de romper con esa correspondencia, al enfilar sus baterías mercadotécnicas hacia el amplio sector consumidor conformado por las mujeres y los jóvenes, buscando además cubrir el amplio mercado internacional, donde los gustos están más diferenciados con respecto a los del país. Resultado de esa acción fue la aparición y posterior desarrollo de marcas tipo “El Jimador”, que propendían a crear un mercado de destilados más suaves, acordes con los dictados de las nuevas tendencias posmodernas, definidas por romper con lo tradicional –no light– para pasar a lo insustancial o light. De aquellos brindis donde se tomaba a pelo pasamos a bobadas donde lo cool es tomar una especie de sal de uvas llamados “Snoopies”; de las películas de los Pedros, Infante y Armendáriz, razón de ser del cine mexicano, caímos en soporíferos films estilo “La primera noche” y sus sucedáneos, ejemplos de lo peor que puede generar la industria cinematográfica de cualquier país, y en las cuales aparecían personajes supuestamente adictos a los cócteles más estrambóticos.

En fin, estamos en vísperas de ver cosas peores si la mano que meció la cuna en las pasadas elecciones sigue haciendo de las suyas, sin que haya nadie capaz de enmendarle la plana, como lo hicieron los cuates que se colaron al programa del amigo de Pedrito, el intelectual Ramones, y le echaron a perder su brillante “monólogo”. Nada más por ver la cara de idiota (¿más?) que habrá puesto el susodicho, habría valido la pena estar frente al aparato televisor. Que no se preocupe el tal Adalberto, a lo mejor en alguna de nuestras cuatrocientas mil universidades encuentra el espacio idóneo donde le sea permitido desplegar su enorme talento delante de un público fervoroso y fiel.

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