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Puebla
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lunes 4 de septiembre de 2006 |
LA ESCOFINALa falta de respetoAurelio Fernández F.Una nueva oleada en el escándalo postelectoral se desató porque la coalición PRD-PT ocupó la tribuna del Congreso de la Unión el 1 de septiembre, para que no hablaran ni el representante del PAN ni el presidente Fox ni el legislador encargado de “responder” al informe. En lo más íntimo de su estado de ánimo, al presidente en fuga, en lo personal, insisto, no debe haberle molestado tanto el hecho. Seguramente le aumentaron la dosis de antidepresivos para soportar el huracán que le esperaba. Así, una vez defenestrado en las puertas del recinto, despachado como elegante repartidor de pizzas (Jaime Avilés dixit) mejor se fue a la Soberanía que él prefiere: el estudio de grabación. Allí debe haber leído una y otra vez el teleprompter hasta lograr no equivocarse, con un discurso que era impronunciable para el recinto de San Lázaro, y concluyó su tarea cuando los productores-psicoanalistas quedaran a gusto y pudieron editar las profesiones del mandatario con el objeto de que las cadenas televisivas, a cambio de cuantiosas sumas, transmitieran en horario estelar la ficción de informe que nos recetaron. Habrá dormido mejor que si hubiera tenido que enfrentar cara a cara en la Cámara la furia de los agraviados. ¿Falta de respeto del PRD y el PT? El haber impedido a Fox leer su último mensaje a la nación en el atril del recinto legislativo marcó un episodio inédito. Pero también lo fue el hecho de haber cercado la Cámara de Diputados con acciones, equipamiento y personal propios de un estado de excepción; todo ello sin respaldo legal. La oposición de izquierda llevó a cabo un hecho de inteligencia y valentía, mucho menos ofensivo y, sobre todo, mucho menos negativo para la democracia y la convivencia social que la conducta del guanajuatense al aventar el aparato de gobierno y su propia investidura encima del proceso electoral para beneficiar a su candidato, Felipe Calderón, y, especialmente, detener a toda costa a López Obrador. Así que el bofetón que representó para Fox, como mandatario y como político, el que los diputados de izquierda le hayan impedido leer la retahíla de mentiras y medias mentiras que llevaba escritas, es apenas un acto de resistencia plenamente explicable y aun justificable. La otra campañaMientras el lopezobradorismo está en las calles y las plazas, los partidarios de la continuidad que representaría un gobierno de Calderón Hinojosa trabajan en lo oscurito. En los corrillos, los cafés, las escuelas confesionales, los institutos de la derecha, se habla de los temas que atañen a la vida nacional con un sentido bien definido. Son los canales que usa esta fuerza para seguir promoviendo el odio contra lo que el tabasqueño representa. Lo hacen con los peores recursos, con los menos exhibibles pero los más eficaces. Acusan a los partidarios de la izquierda de atrasados culturalmente, de pránganas, de nacos, de indios. De inmejorable fuente sé que en el Anglo (The Anglo Mexican Foundation) se propicia que en sus clases se trate el tema, y en ocasiones se haga en inglés, for practice. Pero los profesores tienen una línea bien definida: atacar a Andrés Manuel López Obrador por el lado que sea y defender el supuesto triunfo del Partido Acción Nacional. Resulta insultante que operen con este comportamiento, sin duda partidista, aprovechando ventajosamente el estrado del docente, pero se agradecería que abrieran el debate a otros puntos de vista sin tratar de sepultar a quienes no están de acuerdo con los suyos. Hay que recordarles a los señores del Anglo que sus nuevas instalaciones se ubican en terrenos que fueron arrebatados a campesinos pobres, loosers, y se hizo para enriquecer a gente como los dueños de su institución a costa del perjuicio y el sufrimiento de los propietarios históricos del ejido de San Andrés Cholula. Y aunque parezca paradójico, también es trabajar en lo oscurito la manera en que se manejan los medios de comunicación masiva. Hay que contar bien las proporciones en que envían los mensajes de cada contendiente, las omisiones y manipulaciones, las levantadas de ceja en un caso y los aplausos tácitos o explícitos en otros. No son los tiempos de lo burdo; hoy hay un refinamiento porque saben que, al final, la gente percibe, huele al comunicador vendido al poder. Ya lo hemos visto y vivido. Ellos también lo saben. El odio crece y crece en ambos bandos. Pero no hay que olvidar que fueron los estrategas de Calderón-Fox y sus socios de negocios quienes lo impusieron en la contienda y hoy lo siguen estimulando. Habrá que hacerle caso a Jaime Avilés y crear una “clínica del odio”. Al menos para evitar que nos alcance el ciclo centenario de las revoluciones en México, con todo el sufrimiento que ello representa. O, ¿ya nos alcanzó? |