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Puebla > Economía
miércoles 16 de agosto de 2006

ECONOMÍA A RETAZOS

Jóvenes, capital desperdiciado

José Luis Victoria Toscano

El rumbo de la política económica tiene que cambiar porque se siguen acumulando los rezagos, y los índices de pobreza no parece que estén disminuyendo.

Dentro de las mayores prioridades, sin duda se encuentra la atención a los jóvenes, que todavía constituyen el núcleo mayoritario de la población.

Son ya varias las décadas en que las políticas juveniles se han desdibujado. Es cierto, existe un Instituto de la Juventud, pero su impacto es mínimo; no obstante que la ley que le dio origen prometía más.

Los jóvenes son un sector muy heterogéneo que, por lo mismo, existen entre ellos necesidades diferentes. En todo caso, hay rubros fundamentales, básicos, hacia los cuales deben ser dirigidas las políticas públicas: empleo, educación, vivienda y salud. Éstos son algunos de los derechos que los jóvenes tienen y que merecen ser atendidos, y que, por otro lado, significaría una inversión que más temprano que tarde el país recuperaría.

Por lo que se puede observar, estamos muy lejos de que estas necesidades estén siendo atendidas. Los índices de desempleo entre los jóvenes se encuentra por arriba de la media nacional. Existen miles de jóvenes que no están estudiando ni trabajando. Millones de ellos no tienen ningún servicio de salud, y es muy clara la tendencia a permanecer en la casa paterna, aun habiendo alcanzado la mayoría de edad.

La población juvenil es un grupo de alta vulnerabilidad, pues a los problemas anteriores hay que sumar el hecho de que entre ella se registran los más altos porcentajes de contagios de sida, además de que los índices de adicción a las drogas siguen creciendo, lo mismo que la delincuencia juvenil.

Se perdieron muchos años para sacar provecho del llamado bono demográfico, y hoy tenemos un oscuro panorama entre los jóvenes que nacieron en la crisis, viven en ella y tienen un futuro incierto. El asunto es aun más grave si consideramos que en algunos años la población de la tercera edad crecerá rápidamente, y quizá entonces se aquilatará la magnitud del daño causado por no haber invertido hoy en los jóvenes.

 

Primero los coches

Miguel Ángel Burgos Gómez

La semana pasada vi anunciada una buena película, de esas que se cuelan en la cartelera y que a los pocos días desaparecen sin dejar rastro. Sólo estaba disponible en una sala, en horario nocturno y en Angelópolis. Hacia allá enfilé mi automóvil, única forma de llegar más o menos a salvo, si no, tienes que torear a los que circulan a 120 por hora o atravesar puentes peatonales, hechos para alpinistas, que te hacen resoplar como fuelle. Al llegar cerca del balneario Agua Azul me di cuenta de que había un embotellamiento colosal. “Seguro que son los bloqueos poselectorales”, pensé, pero no; se trataba de la ampliación de otro bloqueo, que todo el año han sufrido quienes tienen que pasar por ahí, por la construcción de un puente vial en la 25 Sur y Juan Pablo II. Por si fuera poco, mero enfrente de mí, una dama solita, adentro de su camioneta de 12 metros cúbicos de volumen, con el celular en el oído, trataba de pasarse del otro lado del camellón para regresar. Con eso logró atorarse y estorbar los dos carriles a la vez. Se oían puras mentadas con el claxon, pero eso no es nada: en el gobierno de Luis Paredes –que prometió la construcción del metro en Puebla– el bloqueo en la avenida Juárez y bulevar Atlixco duró tres años y concluyó con un costosísimo paso a desnivel, la misteriosa sustitución, con técnica David Copperfield, de un enorme monumento de piedra por uno de plástico y la quiebra de un sinnúmero de negocios aledaños. Todo por los coches. En la capital se criticó a López Obrador por la construcción de segundos pisos en el periférico, pues eso benefició únicamente a los de auto. De haber sabido que muchos de esos beneficiados, a su vez, iban a hablar tan mal por el plantón en Paseo de la Reforma, podía mejor haberles construido una línea del metro debajo de esa avenida. Entonces sí se hubieran enojado. Además de que el boleto de ese medio de transporte sólo cuesta dos pesos y puedes vivir arriba todo el día, los vagones se llenan de vendedores de cosas como bibliotecas de mil libros en un compacto, plumas de a peso y playeras de a 10. Y está comprobado científicamente que donde las cosas son baratas aparecen luego luego los pobres. Eso sería fatal para los restaurantes caros, las embajadas del primer mundo, las sedes bancarias y la bolsa de valores. Tendrían que soportar a la chusma, no en un plantón, pasajero al fin, sino de por vida, afeando así la ruta que conduce al castillo de Chapultepec, símbolo de la aristocracia criolla. A pesar de todo, comparados con los poblanos, a los capitalinos les va bien. Hasta las marchas de protesta son más divertidas. No digamos en obras públicas; por ejemplo, considerando que el túnel Paredes no mide ni un kilómetro y le llevó tres años, con ese ritmo febril los puros túneles del metro del DF le hubieran llevado un tiempo igual al que duró la ocupación árabe en España; es decir, 800 años. Así, cuando lo terminen, sabremos los años que se hubieran llevado los segundos pisos de la capital al ritmo de construcción del susodicho puente vial poblano que promete llevarnos de volada, coche mediante, a un mundo “totalmente palacio”.

 

Retacitos con hueso

Fue en el sexenio de Carlos Salinas cuando se construyó la “autopista del sol”, entre Cuernavaca y Acapulco, y fue uno de los ejemplos de la inversión privada en infraestructura. Posteriormente, en el sexenio de Ernesto Zedillo es cuando el gobierno tuvo que entrar al rescate de esta importante carretera y hacerle un mantenimiento mayor. Para continuar con la historia, a unos meses de que termine el sexenio de Vicente Fox, se anunció que esta autopista estuvo muy mal construida con problemas de “taludes y subsuelos inestables que por mucho que se nivelen se vuelven a hacer columpios”, así que para corregir estas deficiencias el gobierno federal anunció que invertirá mil 200 millones de pesos para reparar algunos tramos.

El presidente Vicente Fox sigue promoviendo la construcción de una refinería en Guatemala o Panamá que requeriría una inversión superior a los 6 mil millones de dólares, en este proyecto Pemex aportaría 230 mil barriles de petróleo a precio preferencial para la elaboración de gasolina que sería exportada principalmente a los Estados Unidos, en un país como el nuestro que es importador neto de gasolina se debería prever la construcción de refinerías que aprovechen la tecnología y mano de obra mexicana; es más, el hombre más rico del país, Carlos Slim, declaró que Pemex debe seguir siendo propiedad del estado mexicano e invertir más en infraestructura para maximizar la riqueza nacional.

El INEGI dio a conocer que la actividad industrial en el país durante el primer semestre del año aumento 5.4 por ciento, cifra que sorprende a analistas económicos nacionales y extranjeros, ante los pobres resultados obtenidos en materia de crecimiento en el presente sexenio federal, durante el mismo periodo del año pasado el crecimiento fue de 1.5 por ciento.

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